Larry Gopnik es un hombre bueno. Es un marido fiel y afectuoso, un padre entregado y un profesor serio, siempre justo y correcto, a pesar de las tentaciones diarias que le acechan. Pero un buen día, todo empieza a ir mal. Su mujer le deja sin explicarle realmente por qué y su insoportable amante convence a Larry de que debe dejar el domicilio conyugal por el bien de los niños y mudarse a un motel.
De pronto, la carrera de Larry se ve amenazada por una serie de anónimos en los que le acusan de traiciones sin concretar nada. Y para colmo, el amigo de su mujer muere en un accidente de coche y ella insiste en que Larry pague el entierro. Larry, que tampoco anda muy bien de dinero, debe hacerse cargo del entierro de un hombre al que odiaba, abonar la fianza de su hermano jugador, además de intentar proteger su buen nombre y su carrera. A pesar de tantas desgracias, es imposible no reírse de la mala suerte de Larry en un mundo que quizá nos sea demasiado familiar...
| Michael Stuhlbarg | Larry Gopnik |
| Richard Kind | Tío Arthur |
| Fred Melamed | Sy Ableman |
| Sari Lennick | Judith Gopnik |
| Aaron Wolff | Danny Gopnik |
| Jessica McManus | Sarah Gopnik |
| Adam Arkin | El abogado |
| Dirección, Guión y Producción | Ethan Coen y Joel Coen |
| Producción Ejecutiva | Tim Bevan, Eric Fellner y Robert Graf |
| Fotografía | Roger Deakins ASC, BSC |
| Montaje | Roderick Jaynes |
| Música | Carter Burwell |
| Diseño de Producción | Jess Gonchor |
| Dirección de Arte | Deb Jensen |

Nuria Dufour
De golpe, la vida conspira contra Larry Gopnik, un tipo corriente, cabeza de una familia corriente, en un barrio corriente del Medio Oeste norteamericano. La otra cara, el complemento chillón, al descorazonador retrato que de la clase media made in USA reflejara Sam Mendes en Revolutionary Road (2008). Un área residencial similar con casas perfectamente alineadas, jardines impolutamente segados y familias tan débilmente estructuradas como los cimientos de las viviendas que los protegen, testigos mudos de unas biografías llenas de disfraces.

Profesor universitario, Larry se encuentra de la noche a la mañana atrapado en una maraña de infortunios y necedades que no sabe manejar; es el único protagonista de una pesadilla que le engulle. Su mujer le planta por un amigo, su hija solo vive para lavarse el pelo, a su hijo adolescente lo único que le importa es que la antena funcione para no perderse su serie de televisión favorita y su hermano, un hombre perdido entre números, proclive a la ludopatía, parece haberse instalado definitivamente en el sofá de los Gopnik. Además, el nuevo Larry debe hacer frente al soborno de un alumno coreano al que ha suspendido, al consejo de tres rabinos y a las facturas del abogado. Incluso ha de soportar a un vecino empeñado en robarle unos metros de parcela.
Ante tanto obstáculo y a pocas semanas de celebrarse la ceremonia del bar mitzvah de su hijo, el resignado profesor pierde el rumbo de una cotidianidad hasta hace nada tranquila y se atormenta buscando los motivos celestiales que le hayan provocado semejante castigo. Los sueños eróticos que sobresaltan sus noches de insomnio con una enigmática vecina acentúan el profundo sentimiento de culpabilidad que le está desdibujando. Larry se tambalea, está a punto de resbalar, mientras su alrededor (la familia y el trabajo) continúa, como si nada, el día a día.
"Diálogos ingeniosos y situaciones comunes llevadas al límite, sin perder en ese delirio que tan depuradamente tejen a cuatro manos, un ápice de coherencia narrativa"

La película empieza con una cita ciertamente incisiva, "recibe con simplicidad todo lo que te pasa", a la que antecede un curioso prólogo, una secuencia que recrea lo que podría ser un cuento yiddish, localizada en una aldea judía de Polonia, que sorprende y redondea la historia de Un tipo serio, aunque nada tenga que ver con ella. Una historia que los hermanos directores sitúan en el año 1967, en recuerdo a su niñez, vivida en el seno de una comunidad judía en el estado de Minnesota. De hecho, aunque los personajes son inventados "de pies a cabeza", están basados en "personas que conocimos de pequeños".
Joel y Ethan Coen regresan con Un tipo serio al humor desaforado y surrealista de títulos como Arizona baby, Barton Fink o Fargo. Diálogos ingeniosos y situaciones comunes llevadas al límite, sin perder en ese delirio que tan depuradamente tejen a cuatro manos, un ápice de coherencia narrativa. El drama familiar de los Gopnik, judíos practicantes, no tropieza con diatribas argumentales ni ridiculiza las costumbres de la comunidad que retrata. Rastrea desde la comicidad, con una agudeza verbal convincente, simple y sobria, cuestiones tan difíciles de abordar como la de las creencias religiosas. La excentricidad desplegada en todos y cada uno de los personajes (el dentista que ve símbolos religiosos en los dientes de un paciente, el vecino antisemita, el compañero traficante del hijo adolescente, el padre del alumno suspendido, el cobrador telefónico de una tienda de discos), sigue en los títulos de crédito finales, donde puede leerse "ningún judío fue maltratado durante el rodaje de esta película".

Varias tramas mínimas, algunas solo esbozadas y otras que avanzan sin necesidad de ser desenlazadas, revolotean junto a la central, cuyo desarrollo, el pesimismo creciente del protagonista, aun presentándose muy compactado, fluye de manera increíblemente sencilla. En los diálogos, en el ritmo, en la planificación y realización de las secuencias, pero sobre todo en la interpretación de Michael Stuhlbarg, un actor apenas conocido en los circuitos cinematográficos, con una extensa trayectoria en las tablas neoyorquinas. Y junto a él, actores profesionales y amateurs, una mezcla habitual en la filmografía de los Coen, completan un reparto que delinea con acierto, aun bordeando lo caricaturesco, su producción más íntima y personal.
08/01/2010
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