Ambientada en un futuro próximo, Inglaterra se ha convertido en un estado totalitario y fascista. La joven Evey (Natalie Portman), es rescatada de una situación de vida o muerte por un misterioso enmascarado conocido como V (Hugo Weaving).
V dedica su vida a liberar a los ciudadanos de las garras de aquellos que les someten mediante el terror, pero también, en su soledad, está obsesionado por la venganza personal.
En su búsqueda por liberar al pueblo de Inglaterra de la corrupción y la crueldad con que su gobierno la ha envenenado, V condenará el carácter tiránico de sus dirigentes e invitará a los ciudadanos a unirse a él en las tinieblas del Parlamento el 5 de noviembre: el día de Guy Fawkes.
| Hugo Weaving | V |
| Natalie Portman | Evey |
| Stephen Rea | Inspector Finch |
| John Hurt | Adam Sutler |
| Stephen Fry | Deitrich |
| Rupert Graves | Dominic |
| Tim Pigott-Smith | Creedy |
| Dirección | James McTeigue |
| Guión basado en la novela gráfica de David Lloyd | Andy Wachowski y Larry Wachowski |
| Música | Dario Marianelli |
| Fotografía | Adrian Biddle |
| Montaje | Martin Walsh |
| Diseño de producción | Owen Paterson |

Roberto Cueto
El nombre de Alan Moore había dejado de ser un reclamo para ver adaptaciones de sus novelas gráficas. Las infaustas experiencias de From Hell y, sobre todo, La liga de los hombres extraordinarios nos habían creado la firme convicción de que una traslación decente de los cómics del autor británico era sencillamente imposible. V de Vendetta demuestra, por suerte, lo contrario y corrobora que los textos de Moore son un rico material para crear un producto bien sugestivo, que los códigos genéricos también pueden ser efectivas herramientas de análisis del mundo en que vivimos sin la coartada de una representación realista.

Cierto que Moore ha renegado de esta adaptación cinematográfica, pero el gesto parece obedecer más a la afirmación de su proverbial carácter huraño que a razones bien argumentadas (algunas de las aducidas son de lo más peregrinas: por ejemplo, ¡que los británicos no desayunan huevo con pan frito, como hacen los personajes de la película!). Pero lo cierto es que este filme amparado por los Hermanos Wachowski es tan fiel al espíritu como a la letra en su retrato de una Inglaterra futura dominada por un régimen totalitario-orwelliano. El hecho de que un cómic concebido durante el gobierno de Margaret Thatcher siga teniendo validez en la era Blair-Bush es más inquietante que curioso. ¿Y puede decirse que son exageradas algunas de las situaciones planteadas en el filme cuando ahí fuera unas caricaturas sacuden el mundo?
Aunque beba del thriller, el cine de héroes justicieros o el folletín, V de Vendetta nos habla en realidad de eso, de cómo los símbolos de una cultura han quedado reducidos a iconos, a superficies cuya aniquilación puede alterar el rumbo de la humanidad. "Destruye un edificio y cambiarás la historia", dice el lúcido y triste héroe. Moore concibió su obra más de 10 años antes del 11-S y si entonces había espacio para la figura de un terrorista capaz de distinguir entre una anarquía que es ausencia de líderes y otra que es ausencia de orden, hoy día tales sutilezas son impensables.
"Hugo Weaving que, oculto todo el metraje tras una socarrona máscara, le da mil vueltas a todos esos actores que se desgañitan por el Oscar imitando a un cantante o personaje de fama"

Las críticas que ha recibido el filme por su pretendida apología del terrorismo corroboran su propio discurso, es decir, la facilidad con que el icono cultural puede ser manipulado para servir a precisos intereses. No asistimos tanto a la lucha de un héroe enmascarado contra un sistema corrupto como a la de unas imágenes contra otras, a la de esos símbolos reducidos a apariencia contra otros aún más poderosos por el simple hecho de ser más espectaculares. De ahí que el clímax alcance esa gloriosa e inolvidable cumbre pirotécnica (en el sentido metafórico y literal) y que incluso se permita una brillante licencia respecto al original a la hora de mostrar la revolución de Inglaterra contra el régimen opresor: se trata del triunfo final del icono, de la constatación de que tras esas máscara se oculta la verdad de nuestra condición.
V de Vendetta no es un filme de autor ni un estudio político, sino un hijo de la cultura popular enmascarado como entretenimiento para lanzar verdades con cargas de profundidad. Quizá adolezca de un ritmo precipitado, de cierta ansiedad por no aburrir (no lo hace, de hecho) o de falta de sutileza en algunos pasajes (por ejemplo, un edulcorado flash-back), pero todo ello no enturbia sus muchas virtudes. Incluso la inevitable concesión a las escenas de acción marca Wachowsky tiene sentido como estallido catártico en la opresiva atmósfera del relato.

Y, aparte de cualquier lectura política, es también un hermoso filme de aventuras, con ese héroe medio fantasma de la ópera medio Conde de Montecristo y todos esos actorazos, desde Natalie Portman o Stephen Rea, hasta ese Stephen Fry en el papel de moderno Oscar Wilde. Y, por supuesto, ese soberbio Hugo Weaving que, oculto todo el metraje tras una socarrona máscara, le da mil vueltas a todos esos actores que se desgañitan por el Oscar imitando a un cantante o personaje de fama. Dumas y Leroux le hubieran dado, sin duda, su más sincera aprobación.
Crítica publicada en el número 7 de Kane 3 (abril 2006)
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