Tres jóvenes excursionistas, Kristy, Ben y Liz, se adentran en el Parque Nacional de Wolf Creek en Australia para ver un misterioso cráter formado por la caída de un meteorito. Los problemas empiezan cuando su coche no arranca. Mientras buscan ayuda, se cruzan con Mick Taylor, un agradable habitante de la zona que les promete reparar su coche. A la mañana siguiente, los jóvenes empiezan a darse cuenta de que Mick no parece que quiera arreglarles el coche... ni tampoco dejarles salir de allí nunca más.
Wolf Creek es la ópera prima del australiano Greg McLean, autor también de su guión (basado en hechos reales) que presentará en la próxima edición del Festival de Sigtes su última película: Rogue.
Esta semana hablamos de esto y mucho más con Greg McLean en una entrevista.
| John Jarratt | Mick Taylor |
| Cassandra Magrath | Liz Hunter |
| Kestie Morassi | Kristy Earl |
| Nathan Phillips | Ben Mitchell |
| Gordon Poole | Viejo |
| Guy O´Donnell | Vendedor de coches |
| Phil Stevenson | Mecánico |
| Geoff Revell | Empleado de gasolinera |
| Andy McPhee | Bazza |
| Dirección y guión | Greg Mclean |
| Producción | David Lightfoot, Greg Mclean |
| Producción ejecutiva | George Adams, Martin Fabinyi, Michael Gudinski, Gary Hamilton, Matt Hearn, Simon Hewitt |
| Fotografía | Will Gibson |
| Montaje | Jason Ballantine |
| Música | Frank Tetaz |

Dos años después de su realización se estrena este filme de origen australiano, aprovechando la repercusión de cintas de corte similar como Hostel (Eli Roth, 2005) o La casa de cera (Jaume Collet- Serra, 2005) . Aquí, un grupo de turistas emprenden un viaje para visitar Wolf Creek, el segundo cráter realizado por un meteorito más grande del mundo, situado en un gigantesco parque nacional al oeste de Australia. Cuando los chicos pretenden regresar se dan cuenta de que se ha producido una extraña actividad electromagnética dejándoles sin batería en el coche por lo que tendrán que hacer noche en el lugar. Más tarde aparecerá un vehículo en su auxilio conducido por un amable nativo que les remolcará hasta su casa, aunque pronto sabrán que aquel hombre no es lo que aparenta ser.

Greg McLean debuta en el largometraje con esta cinta que también produce y escribe basándose en un par de sucesos macabros acontecidos en las desérticas y kilométricas carreteras de Australia donde desaparecen cada año un gran número de personas, de hecho durante el metraje se llega a decir que puede llevar más de seis días atravesar una de las kilométricas fincas e incluso sus propios dueños han llegado a perderse en ellas. Éste es sin duda uno de los aciertos de la cinta con el que McLean logra estremecernos: advertirnos gráficamente al inicio y al término sobre la veracidad de los hechos, algo que ya sucedía en la enigmática Picnic en Hanging Rock (Peter Weir, 1975) que narraba la misteriosa desaparición de un grupo de alumnas de un internado de Woodend (Australia) durante una excursión en el día de San Valentín del año 1900 o en La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), filme del que McLean ha reconocido tener como referente (sólo hay que ver la casa del asesino) y que estaba lejanamente inspirado en la vida del asesino en serie Ed Gein que fabricaba su ropa o incluso el mobiliario de su casa con la piel de sus víctimas, o ya de manera más engañosa en The blair witch project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) u Holocausto caníbal (Ruggero Deodato, 1980) en lo que resultó ser un mero producto de marketing.
"McLean huye de tópicos y clichés del cine de género sin darle en un principio protagonismo a ningún personaje, realiza toda serie de malabarismos con ellos"
En este caso el guión se ha basado principalmente en dos sucesos acaecidos entre 1989 y 2001: Ivan Milat un individuo que recogía amablemente a autostopistas para luego realizarles toda serie de actos sádicos (de hecho, algunos se ven reflejados en la cinta, como el llamado head on a stick) y Bradley Murdock un mecánico que después de socorrer a dos turistas ingleses intentó matarlos, la historia fue contada más tarde por la superviviente Joanne Lees en el libro No turning back. My journey.

Al inicio de Wolf Creek, somos testigos del recorrido que realizan tres personas de vacaciones por el continente oceánico: fiestas, el viaje a través de la inmensidad de sus parajes, la fauna autóctona, las relaciones que surgen entre ellos. La cinta avanza de manera tan rutinaria que desconcierta, para terminar dando paso a una frenética explosión de violencia que hará que el espectador termine retorciéndose en su butaca, desencadenando en un final tan estremecedor y cortante como el filo de un machete. McLean huye de tópicos y clichés del cine de género sin darle en un principio protagonismo a ningún personaje, realiza toda serie de malabarismos con ellos, lo que resulta de gran acierto para impedir adelantarnos a los hechos. Destaca, eso sí, el carisma del antagonista interpretado por John Jarrat (e inspirado en las dos figuras anteriormente citadas), al que terminaremos detestando pero que sin duda y si la cinta marcha comercialmente bien, podrá ser carne de secuelas.
La película ya ha sido reivindicada en varios festivales y próximamente se estrenará el nuevo proyecto de su autor: Rogue, un nuevo thriller rodado en Australia con la oriunda Radha Mitchell al frente del reparto, que repite en el cine fantástico después del éxito que supuso Silent Hill (Christophe Gans, 2006) y con la que esperemos confirme el talento de McLean como realizador de filmes de género tan desgarradores como el que ahora se estrena.
Por Jesús Palop
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