Marion (Julie Delpy), una fotógrafa francesa, y Jack (Adam Goldberg), un decorador estadounidense, forman una pareja afincada en Nueva York y que, tras un viaje romántico a Venecia echado a perder por una gastroenteritis de Jack, pasarán dos días en París para recoger el gato de Marion.
En París, Jack, que no habla nada de francés, sufrirá un choque cultural, conocerá a sus extravagantes (y antiamericanos) suegros y verá como la ciudad está llena de ex-amantes de Marion que no quieren perder la oportunidad de ligar con ella. Una situación que pondrá en peligro la unión de la pareja.

Audio: Francés (V.O), inglés. Subtítulos: Castellano.
Extras:
-Entrevista a Julie Delpy.
-Tráiler.
-Ficha técnica y artística.
-Biofilmografías destacadas.
Distribuidora: Cameo.
Fecha lanzamiento: 30 de enero 2008.
Precio: 18,00€.
| Adam Goldberg | Jack |
| Julie Delpy | Marion |
| Daniel Brühl | Lukas |
| Marie Pillet | Anna |
| Albert Delpy | Jeannot |
| Alexia Landeau | Rose |
| Adan Jodorowsky | Mathieu |
| Alex Nahon | Manu |
| Dirección y guión | Julie Delpy |
| Producción | Christophe Mazodier, Julie Delpy, Thierry Potok |
| Coproducción | Werner Wirsing, Ulf Israel |
| Producción ejecutiva | Nikolaus Lohmann, Tilo Seiffert |
| Fotografía | Lubomir Bakchev |
| Montaje | Julie Delpy |
| Música | Julie Delpy |

Marcos Méndez
Julie Delpy (París, 1969) ha trabajado delante de las cámaras a las órdenes de Kieslowski, Jarmusch o Schlöndorff. Descubierta para la pantalla por Godard, empezó su carrera con papeles extremos en La Pasión de Beatrice (Bertrand Tavernier, 1987) y Europa, Europa (Agnieszka Holland, 1990) antes de encarnar a Dominique en la trilogía trzy kolory protagonizando la segunda parte, Blanco (1994). Ahora bien, una vez sentada en la silla del director, esta trayectoria repleta de nombres ilustres y clásicos contemporáneos puede devenir en una rémora agobiante antes que en un sabroso cóctel de influencias.

En el caso de Julie Delpy y sus 2 Días en París (2007) hablaremos de una identificación ideológica casi total con el cineasta que le ha dado el mayor empujón a su índice de popularidad, Richard Linklater, a la postre director del díptico formado por Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer (2004) y no tanto de una (por lo demás confesa) guía kieslowskiana tan autoinducida y consciente como invisible para el que suscribe.
A Marion (Julie Delpy) y Jack (Adam Goldberg) les quedan sólo dos días para terminar su particular tour vacacional por Europa antes de regresar a Nueva York. París, ciudad natal de Marion, quizá no sea el escenario idóneo para resolver las rencillas que flotan en el viciado aire de una pareja que nos parece malavenida desde el principio del filme (incluso antes, en una estancia veneciana oscurecida por un incidente escatológico), pues aquí se encuentra todo el material inflamable (suegros y ex novios principalmente) presto a explosionar al más mínimo roce. Que él se comporte como un americano bobo (no quiere ir en metro por temor al terrorismo) y ella como una francesa izquierdosa a la que le falta algo de temple (enseña a sus padres, sin el menor rubor, una fotografía en la que unos globos cuelgan del pene de Jack) no cambia las cosas sino para peor.

Me gusta hablar de política, mezclándola con el sexo y tal vez con la comida-, comentaba Delpy hace unas semanas en una entrevista a El País, la misma en la que reconocía ofender a mucha gente con esta película. Sin embargo, el radio de acción de sus malas intenciones no cogerá desprevenido salvo a algún santurrón despistado. Una y otra vez la película eleva un discurso liberal que se dedica a dar lecciones de patio de colegio mientras los asistentes (se supone) nos reímos con las consecuencias de la mamada de Clinton o nos identificamos con la ironía del eslogan de la camiseta del protagonista: "Visit Guantanamo Bay". Por si fuera poco, las más de las veces los chistes dialógicos parecen actuar de forma autónoma a la relación afectiva que mantienen unos protagonistas que se distancian por momentos del espectador tanto como éste lo hace de la propia película (cf. la anécdota con el pedófilo hacia el final del metraje, otra enseña de la banalización en un filme lleno de ellas).
"Las escenas que mejor funcionan en un filme tan malogrado como el que nos ocupa son las más íntimas, las más alejadas del vacío ruidoso de los diálogos interlenguas"
No ayudan las interpretaciones naturalistas, la asepsia de una puesta en escena que se contenta con acoger a los personajes dentro del encuadre ni el look publicitario de las transiciones, aderezadas con fotos fijas y barridos que pretenden hacer de París Manhattan (Woody Allen, 1979). Quizá por eso las escenas que mejor funcionan en un filme tan malogrado como el que nos ocupa son las más íntimas, las más alejadas del vacío ruidoso de los diálogos interlenguas, como la proyección metonímica de Jack en la pantalla de su ordenador a partir de la espalda culpable de Peter Lorre en M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931).

Cuando Truffaut hablaba en su famoso artículo Una cierta tendencia del cine francés de un "cine antiburgués hecho por burgueses y para burgueses" tenía en mente un modelo literario y conservador que dista mucho de los intereses y las intenciones de una mujer que ha trabajado directamente con algunos de los realizadores más vanguardistas de las últimas décadas en lo que a indagación en los usos y formas del lenguaje cinematográfico se refiere. No obstante, la cita a los cahiers no es baladí en tanto nos ciñamos a 2 Días en París, matizando siempre lo que la obra tiene de primeriza y de trámite, habida cuenta de las preferencias genéricas de su realizadora, a saber, la ciencia-ficción y el cine bélico.
08/08/2007
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