Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) es un director de cine que ha perdido la inspiración cuando se encuentra preparando su siguiente película. Su esposa (Anouk Aimée), su amante (Sandra Milo), su productor (Guido Alberti) y su actriz principal (Claudia Cardinale) lo acosan y presionan de una u otra manera. Refugiándose en sus recuerdos y ensoñaciones podrá encontrar a la musa que se resiste a brindarle la inspiración.
Ganadora de dos oscar en 1964: Mejor Película de Habla no Inglesa y Mejor Diseño de vestuario.
En 1982 8 1/2 inspiró el musical Nine, con música y letra de Maury Yeston y libreto de Arthur Kopit. En el 2003 lo protagonizó Antonio Banderas dirigido por David Leveaux con gran éxito en Broadway.
Cameo ha editado una edición con funda de lujo limitada + el libro Mostrar y demostrar + diversos extras. También ha lanzado su edición básica.

Audio: Italiano, castellano.
Subtítulos: Castellano.
EXTRAS:
-Documental Fellini, soy un gran mentiroso / Entrevista Vittorio Storaro / Entrevista L. Wertmüller / Entrevista Sandra Milo / Introducción Terry Gilliam / Tráiler* / Ficha técnica* / Ficha artística* / Filmografías destacadas*.
*Disponibles en la edición básica.
Distribuidora: Cameo. Fecha de lanzamiento: 18 de marzo 2008.
Precio edición coleccionista: 23,50€; edición básica: 15,50€.
| Marcello Mastroianni | Guido Anselmi |
| Anouk Aimée | Luisa Anselmi |
| Claudia Cardinale | Claudia |
| Sandra Milo | Carla |
| Rossella Falk | Rossella |
| Barbara Steele | Gloria Morin |
| Caterina Boratto | Mujer misteriosa |
| Dirección | Federico Fellini |
| Guión | Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano y Brunello Rondi |
| Productor | Angelo Rizzoli |
| Fotografía | Gianni Di Venanzo |
| Música | Nino Rota |
| Montaje | Leo Cattozzo |

Francisco Algarín Navarro
Al comienzo de El mal de Montano, Enrique Vila-Matas cita unos versos de Pushkin para referirse a su hijo, recién convertido en un escritor ágrafo: "Vive errando / en la penumbra de los bosques / con la novela peligrosa". Más adelante, el narrador se confesará como genial mentiroso, revelando que quien en realidad no puede escribir es él. Poco a poco, las diferentes capas de ficción se irán superponiendo, siendo casi imposible distinguir entre los mundos que crea el narrador y los que pertenecen incluso al propio Vila-Matas. En definitiva, nos encontramos ante una reflexión sobre el proceso de creación y el concepto de puesta en abismo acuñado ya en los diarios de André Gide.

La idea de la crisis creativa y de la mentira -remitámonos al título del documental Fellini: soy un gran mentiroso (Fellini: je suis un grand menteur, 2002) de Damian Pettigrew- son los temas centrales de la gran 8 ½ (1963). Desde el propio título -de una inteligencia a la que solo se han acercado los de las películas de Suwa- se sugiere la idea de una película sin título, respondiendo a la suma de las anteriores, donde las colectivas en las que participó se cuentan como esa media película. Esta propia negación sugiere varios conceptos dentro de la película: un cuestionamiento de la idea de autor (y su puesta en conflicto), la idea misma del cine (y su puesta en abismo) y el propio Fellini/Guido Anselmi/Mastroianni, dentro de un film-bisagra o de ruptura dentro de su filmografía.
"En 8 ½ de alguna manera están buena parte de los rasgos principales del cine moderno, en una estructura laberíntica donde las escisiones del relato son ocultadas. El autor se ve a sí mismo en el espejo y reflexiona en presente con sinceridad"
Con la misma sutileza con que Vila-Matas estratifica la ficción, Fellini pasa en 8 ½ de la vigilia a lo que se ha denominado imagen-sueño sin necesidad de mostrar el proceso de duermevela como sucedía en Proust -donde la imagen-sueño es esencial y hay otro balneario-. Fellini mezcla una supuesta "realidad" con lo onírico en una puesta en abismo mediante tres grados de representación: el del teatro, el del circo y el del cine. Para ello, se sirve de los decorados de Piero Gherardi, la música de Nino Rota y la fotografía de Gianni di Venanzo, con el fin de empequeñecer a los personajes a través de las potentes arquitecturas, romper la ficción con la entrada de los acordes lúdicos y el canto hablado de los personajes o jugar con los claroscuros y las penumbras que recuerdan al bosque de Pushkin convertido en el balneario en el que vive también errando Fellini/Guido.

Si se observa la filmografía anterior y posterior de Fellini -en La dolce vita (1960) y el episodio de Boccacio´70 (1962), ya se atisbaba lo que estaba por venir- se podrá entender claramente el comienzo de 8 ½, donde Fellini/Guido se encuentra en un monumental atasco (creativo), mientras el resto de conductores miran expectantes si podrá salir de su coche (la próxima película). En la imagen que le sigue, vemos cómo vuela por los aires atado de un pie a la tierra, signo de sus inicios cinematográficos: el neorrealismo. La fama exige al cineasta volver a la tierra, donde está la crisis que le impide liberarse (pero también el "compromiso" con la realidad). En estas dos secuencias se contiene toda la tesis de la película: el fracaso como tema central y la imposibilidad de narrar una historia como antes, es decir, rasgos centrales del cine de la modernidad.
Ya en el cine contemporáneo, son muchos los cineastas que han desarrollado esta idea del fracaso introduciéndola en la ficción de la película: así sucede en Irma Vep (Olivier Assayas, 1996), Le pornographe (Bertrad Bonello, 2001), H Story (Nobuhiro Suwa, 2001), Tristam Shandy (A cock and bull story, Michael Winterbottom, 2005) o en Elle a passé tant d´heures sous les sunlights (1985) y Sauvage innocence (2001) de Philippe Garrel. Pero si hay un cineasta que ha llevado su propia crisis creativa a la pantalla, éste ha sido Takeshi Kitano en Takeshis´(2005) y Glory to the filmmaker! (Kantoku · Banzai, 2007), supuestas películas de ruptura de una segunda filmografía que aún está por venir.

En 8 ½ de alguna manera están buena parte de los rasgos principales del cine moderno, en una estructura laberíntica donde las escisiones del relato son ocultadas. El autor se ve a sí mismo en el espejo y reflexiona en presente con sinceridad. Sus vacíos personales son proyectados en dos mujeres, lo racional (Anouk Aimée) y lo pasional (Claudia Cardinale); los intelectuales a todos los niveles, del crítico al autor, con sus obsesiones en el terreno de lo sublime: fantasías lúdicas o sombrías pesadillas, placer y tortura.
También en 1963, Jean-Luc Godard realizaba otra película puesta en abismo, El desprecio (Le mépris), donde no se trataba de llevar a las imágenes el conflicto personal del autor, sino de replantearse el cine clásico a través del mito (Ulises- Lang). En cualquier caso, las dos hablan de la dificultad de concebir el cine como en el pasado y son películas clave de la modernidad. La de Fellini supone además una celebración de su propio cine -los ecos del final resuenan hoy en los últimos compases de INLAND EMPIRE (David Lynch, 2006)- que marca el punto de inicio hacia una nueva etapa donde la narración se dinamita en múltiples digresiones (Giulietta, Satyricon, Roma) Con 8 ½ Fellini renace de las cenizas de una crisis que es un quiebro crucial de la Historia del Cine.
06/03/2008
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