Si tuvieras que elegir, ¿con qué recuerdo de tu vida te quedarías? A esta pregunta tienen que enfrentarse los 22 protagonistas de After Life, quienes, una vez muertos, tienen la posibilidad de escoger un solo recuerdo con el que quedarse para la eternidad, el resto de su memoria será desechada.
Los personajes tendrán un plazo de tres días como máximo para decidir qué recuerdo les interesa mantener, el elegido será filmado.
Este film forma parte del Pack Baff editado por Avalon que incluye, además, estas películas: Syndromes and a Century(Apichatpong Weerasethakul), Love will Tear us Apart (Nelson Yu Lik-wai), Goodbye, Dragon Inn (Tsai Ming-Liang), Shara (Naomi Kawase) y The Taste of Tea (Katsuhito Ishii).

Pack Baff: After Life (Hirokazu Koreeda), Love will Tear us Apart (Nelson Yu Lik-wai), Goodbye, Dragon Inn (Tsai Ming-Liang), Shara (Naomi Kawase), The Taste of Tea (Katsuhito Ishii) y Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul).
Audio: Japonés.
Subtítulos: Castellano.
EXTRAS: Tráiler.
Distribuidora: Avalon.
Fecha de lanzamiento: 25 de abril 2008.
Precio Pack BAFF: 45,00€.
| Arata | Takashi Mochizuki |
| Erika Oda | Shiori Satonaka |
| Susumu Terajima | Satoru Kawashima |
| Takashi Naitô | Takuro Sugie |
| Kyôko Kagawa | Kyoko Watanabe |
| Kei Tani | Kennosuke Nakamura |
| Toru Yuri | Gisuke Shoda |
| Dirección y guión | Hirokazu Kore-eda |
| Producción | Masayuki Akieda y Shiho Sato |
| Fotografía | Masayoshi Sukita y Yutaka Yamasaki |
| Montaje | Hirokazu Koreeda |
| Música | Yasuhiro Kasamatsu |

Francisco Algarín Navarro
Antes de la celebrada Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004) Hirozaku Kore-eda realizó una suerte de trilogía formada por las películas Maborosi (Maboroshi no hikari, 1995), After Life (Wandâfuru raifu, 1998) y Distance (2001). Entre estas películas, filmó también un documental titulado Without Memory (1996). Según ha manifestado el mismo cineasta, todas estas películas responden a la necesidad de hacer frente a un trauma infantil, el de la experiencia de ser testigo del alzheimer de su abuelo.

En la primera mitad de After Life, vemos cómo un grupo de personas van entrando poco a poco en un edificio. Dicen su nombre y les envían a esperar a una salita. Luego, pasan a una habitación donde son entrevistados. En la conversación se da a entender que en realidad todos ellos están muertos. Llegan a ese lugar para someterse a una experiencia que consiste en rescatar un solo recuerdo de sus vidas con el que convivirán para la eternidad, desechando el resto de su memoria.
Aquí es donde la película se vuelve formalmente más interesante: la cámara toma el punto de vista subjetivo de los entrevistadores, de tal forma que la posición de los entrevistados es completamente frontal. En toda esta primera parte el relato oral protagoniza la película, donde mediante el montaje se van mezclado los distintos pasajes de cada uno de ellos en función de las preguntas que les realizan. Tendrán desde entonces un plazo de tres días como máximo para decidir qué recuerdo les interesa más mantener. Después, y aquí está lo más sugerente, el recuerdo elegido será filmado.
"El cine es utilizando como elemento de registro de los recuerdos para que éstos puedan ser consultados a lo largo de la eternidad, una fuente para la memoria con la que combatir el olvido"

Al parecer, en la fase de preproducción de After Life, Kore-eda contaba con más de 500 testimonios. En la película se ha hecho una selección de tal forma que pueda quedar representada cualquier persona, sea cual sea su edad, lo cual le da un cierto carácter sociológico que no le sienta demasiado bien. Así, podemos escuchar los relatos de los ancianos -entre ellos una mujer que vive atrapada en los recuerdos de su infancia- con los más jóvenes, entre ellos un adolescente que se cree incapaz de elegir un solo recuerdo.
La belleza de las imágenes de After Life, se deben en parte a la ayuda de Yutaka Yamasaki, también director de fotografía de Shara, de Naomi Kawase. Kore-eda opta por alternar la mayoría de planos fijos con otros planos realizados cámara al hombro, donde se aprecia una cierta libertad compositiva en el momento de seguir a los personajes, si bien no llega a los niveles de Shara. En una secuencia, una de las jóvenes que acuden a los consejeros camina por la nieve encharcada, dejando el suelo marcado por sus profundas huellas e intentando apartar los restos de la nevisca con furia. Este plano evoca materialmente la fuerza con la que se lucha contra la desmemoria.

La película está dividida por letreros que marcan cada día de la semana, justamente el tiempo de la historia. Cuando acaba el plazo, es el momento de filmar los recuerdos de cada uno. Aquí es donde, aunque luego se inflara a 35mm, se hacen más evidentes los 16mm en los que se rodó el film. La intención de Kore-eda es la de acercar la mirada del espectador a todo el proceso de grabación de los recuerdos en el plató como un documento. Las acciones han comenzado siempre antes de que se inicie el plano, dotando a la película de una cierta fluidez.
El inconveniente principal de After Life, también de alguna forma de Nadie sabe, es la sensación de estar ante una de esas películas de ideas tan exuberantes que hacen pasar desapercibido el resto. Por otra parte, aunque muchos de los personajes no están interpretados por actores, la película debería prescindir un poco del guión y dejar algo más de libertad a la improvisación en los relatos orales, con lo que habría ganado en ligereza y no tendría que recurrir a un recurso de montaje ya demasiado viciado.

De todas formas, una de las ideas más bellas de After Life es la utilización que se hace de la puesta en abismo. El cine es utilizando como elemento de registro de los recuerdos para que éstos puedan ser consultados a lo largo de la eternidad, una fuente para la memoria con la que combatir el olvido. Así, el cine reconstruye pasajes concretos evocados por los relatos orales de estos fantasmas. Al fin y al cabo, esa suma de relatos es la propia materia del cine, que desde siempre se ha construido en torno a la experiencia de otras personas, aún cuando solo sea porque inevitablemente está proyectada en nosotros mismos. Y no sólo eso, sino que el cine siempre documenta tiempos o espacios, directa o tangencialmente, a los que es posible acudir una y otra vez, de tal forma que nunca caigan en el olvido.
24/04/2008
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