Sebastián (Hugo Silva), un delincuente de poca monta recién salido de prisión, decide buscar empleo en una pequeña empresa de Galicia, "Isolina, Productos del Mar". Algo le dice que el dueño de la empresa, Regueira (Carmelo Gómez), no se ha pagado el Jaguar con cangrejos. Mediante una astucia, se hace amigo de un encargado, Raúl (Celso Bugallo), y consigue que le contraten.
Regueira se lo cree sólo a medias, pero comprueba muy rápidamente que aquel joven de dientes mellados tiene agallas y decide convertirlo en su ayudante.
Poco a poco, Sebas cambia de aspecto, se gana ropa nueva, nuevos dientes y sobre todo la confianza de su jefe. Parecerá haber llegado a la cumbre... o casi. Pero, Sebastián, tan listo y tan despiadado, ignora que forma parte de un juego que le supera...

Audio: Castellano y gallego. Subtítulos: Castellano, francés e inglés.
Extras:
-Cómo se hizo.
-Ficha técnica y artística.
-Galería fotográfica.
-Videoclips musicales.
-Videoclip con karaoke.
Distribuidora: Sony Pictures Home Entertainment.
Fecha de lanzamiento: 12 de enero 2010. Precio: 17,95€.
| Carmelo Gómez | Regueira |
| Hugo Silva | Sebas |
| Celso Bugallo | Raúl |
| Mavel Rivera | Tía Elvira |
| Carlos Sante | Antonio |
| Xavier Estévez | Couto |
| Isabel Blanco | Chantal |
| Yoima Valdés | Rosa |
| Carlos Amoedo | Dirección de Producción |
| Dirección | Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez |
| Guión | Javier Félix Echániz y Juan Antonio Gil Bengoa |
| Producción | Pancho Casal y Antonio Saura |
| Producción Ejecutiva | Carmen de Miguel |
| Fotografía | Juan Carlos Gómez |
| Montaje | Guillermo Represa |
| Música | Xabi Font y Arturo Vaquero |

Nuria Dufour
Sacar adelante una película con el señuelo de los nuevos modelos televisivos de bíceps trabajados y rostros engañosamente impenetrables o de lolitas demodé, para reventar taquillas puede que funcione, a la corta. El cine español está muy necesitado de cifras con varios ceros. Ha ocurrido, y no hace tanto, con producciones descerebradas, cuyas extraordinarias recaudaciones continúan dando titulares, aunque a la hora de la verdad quizá apenas repercutan levemente en la cada vez más discreta cuota de mercado.

Dejar sin embargo que el grueso de una historia recaiga prácticamente sobre el físico de un actor tan poco expresivo como Hugo Silva, que merodea por las secuencias con el único propósito de lucir un palmito que sabe idolatrado (para qué molestarse en interpretar), es no tener ganas de hacer cine. Por mucho que sus directores, los debutantes Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez (realizadores de los programas de TVE Cartelera o Días de cine), califiquen el disparate argumental que firman Javier Félix Echániz (Carretera y manta) y Juan Antonio Gil Bengoa, de "cine de género", destacando las notas promocionales afirmaciones tan expuestas como que "manejan el suspense con una maestría que recuerda a Sospechosos Habituales o a Nueve Reinas". Pensemos que tal proclama se ha escrito por imperativos meramente publicitarios. Si no, estaríamos ante una broma de pésimo gusto.
La trama, desarrollada en un guión con momentos chapuceros y diálogos de espanto, empieza con Sebastián (el aludido Silva), delincuente drogata y desdentado que, antojos del destino, consigue nueva dentadura y trabajo en una empresa de productos congelados, tapadera de otros relacionados con el narcotráfico, y termina con Regueira (Carmelo Gómez), el dueño del negocio y capo de la zona. La forma en que Sebastián llega hasta Regueira y se instala en su entorno cuesta recordarla por absurda, y no porque una no quiera que la tachen de revienta películas.
"Una sucesión de fotogramas que no llega ni a la categoría de telefilm. La puesta en escena es plana, la dirección de actores no existe y el tema central de la banda sonora está interpretado, es un decir, por el protagonista"

Agallas se tambalea alrededor de un guión sin energía, construido por y para el lucimiento de otro icono mediático (Los hombres de Paco, Paco y Veva o Al salir de clase figuran entre sus créditos), y de secuencias improvisadas, a partir de situaciones incongruentes, que aceleran el metraje hacia un desenlace de tebeo, con cabriola narrativa sonrojante.
La localización de los hechos: la costa gallega. Entremedias, la nada. Nadie eclipsa a nadie. Incluso Celso Bugallo (Goya al mejor actor de reparto por Mar adentro), un actor capaz de defender casi cualquier personaje, aquí se hunde con el resto y sus parlamentos, sobre todo el monólogo supuestamente clave que suelta en mitad de la noche al abúlico protagonista, suenan huecos. La participación de Carmelo Gómez mejor ignorarla.

Agallas es una sucesión de fotogramas que no llega ni a la categoría de telefilm. La puesta en escena es plana, la dirección de actores no existe y el tema central de la banda sonora está interpretado, es un decir, por el protagonista. Cierto es que para gustos, el pantone, pero si ésta es una muestra del cine que se financia desde organismos públicos (lo que apoyen los privados es otra cuestión) habría que preguntarse en qué criterios basan sus apuestas. Luego no vale poner de excusa la eterna crisis por la que atraviesa una cinematografía en la que, por lo visto, cualquier chorrada puede ser subvencionada y Agallas (TVE, Televisión de Galicia, ICAA y Consellería de Cultura e Deporte de la Xunta) no es la única.
20/08/2009
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