El director Ventura Pons adapta la obra teatral de Lluïsa Cunillé, Barcelona, mapa de sombras:
Seis personajes, arquetipos contemporáneos de la soledad urbana, se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella y tres realquilados: una mujer rubia, que da clases de francés, un joven vigilante de seguridad, ex futbolista, y una muchacha sudamericana, embarazada.
El anciano, antiguo portero de la ópera a quien le gusta travestirse, les reúne a todos para pedirles que se marchen, ya que va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida.
En el anodino piso barcelonés, el incesto, la homosexualidad y el adulterio se entrecruzan en la vida de los personajes... mientras asistimos al paso del tiempo en la ciudad mediterránea.

Audio: Castellano, catalán. Subtítulos: castellano, inglés.
EXTRAS:
-Tráiler.
-Entrevistas.
-Imágenes de rodaje y Making of.
-Rueda de prensa y premiere en Barcelona.
Distribuidora: Filmax.
Fecha de lanzamiento: 11 de junio 2008.
Precio: 15,99€.
| Núria Espert | Rosa |
| Josep Maria Pou | Ramon |
| Rosa Maria Sardà | Lola |
| Pablo Derqui | David |
| María Botto | Violeta |
| Jordi Bosch | Santi |
| Dirección | Ventura Pons |
| Guión (basado en "Barcelona, mapa de sombras", de Lluïsa Cunillé | Ventura Pons |
| Producción | Ventura Pons |
| Fotografía | Mario Montero |
| Montaje | Pere Abadal |
| Música | Carles Cases |

Nuria Dufour
Como el Cine, Ventura Pons sabe nutrirse del teatro, lo entiende, y convierte en imágenes textos a los que impregna de un estilo muy singular. Lo hizo en Actrius (1996), Caricies (1997), Amic/Amat (1998) y Morir o no (1999) y lo hace, por quinta vez en su carrera, en Barcelona [un mapa], sobre el texto Barcelona, mapa d’ombres, de Lluïsa Cunillé (Febrer, Silvia Quer, 2004), una de las dramaturgas catalanas más aplaudidas y estrenadas, y a la que el cineasta venía leyendo y siguiendo desde hace mucho tiempo. Pero es su personal manera de entrelazar personajes e historias, que casi siempre localiza en la ciudad condal, lo que se prolonga en su filmografía: dieciocho películas (y dos documentales) desde que en 1978, tras dirigir una veintena de montajes teatrales, saltara al cine con Ocaña, retrat intermitent. E insiste, para bien o para mal, con resultados desiguales, en una realización directa al servicio de personajes, individuos de carne y hueso, a los que acerca con la cámara y desnuda con su lente.
En Barcelona [un mapa] conviven seis protagonistas de la vida, seis solitarios que se relacionan pero que no se ven. Gente desesperanzada con mucho que contar (todos tienen un secreto) pero con muy poco que decir. El guión se ciñe tanto al texto original que la obra pesa demasiado sobre la película. La ensombrece. Es lo que suele ocurrir con las adaptaciones cinematográficas de obras teatrales. Casi siempre gana la versión dramática.

La película parte de unas imágenes en blanco y negro con el General Juan Bautista Sánchez dirigiéndose al pueblo catalán el 26 de Enero de 1939 tras la caída de la ciudad en manos de los nacionales y termina del mismo modo. Entre el prólogo y el epílogo trascurren varias horas de una noche cualquiera. El lugar es un piso del Ensanche barcelonés de aspecto antiguo y destartalado. Cinco habitaciones retienen la acción de los cinco actos en que se divide la trama, en la que se reseñan algunos datos de las vidas desesperanzadas de seis supervivientes.
Los dueños, una pareja setentona, piden a sus tres inquilinos (una profesora de francés, un vigilante de seguridad y una joven cocinera inmigrante de origen argentino) que dejen los dormitorios que tienen arrendados. El marido, enfermo, afirma querer morir con la única compañía de su esposa, una mujer atormentada que llama a su hermano para librarse de un secreto y pedirle que guarde otro. Estos personajes son a su vez inquilinos de una sociedad que el argumento retrata tan claramente terminal como la enfermedad que sufre el protagonista.
"El guión se ciñe tanto al texto original que la obra pesa demasiado sobre la película. La ensombrece"

La trama flota entre lo real y lo onírico a través de instantes borrosos, especie de alucinaciones, a veces flashbacks, a veces flashforwards, que saltan del pensamiento de los personajes y se intercalan con la acción. El primer contacto con el sujeto es visual. No hay diálogo. El guión lo presenta a modo de videoclip introductorio en su hábitat natural (una librería, un centro comercial, un restaurante) para después encerrarlo entre las cuatro paredes de su dormitorio, donde ellas (la profesora de francés y la cocinera) conversan con Ramón, el casero, y ellos (el vigilante de seguridad y el hermano) con Rosa, la casera, y la historia termina, o empieza, con una secuencia donde el matrimonio sobre el que gira la historia (re)vive su propia vida.
A los rostros de Rosa Mª Sardá, Josep María Pou (habituales en la filmografía de Pons), Núria Espert y Jordi Bosch, con interpretaciones impecables, se suman los de María Botto (la inmigrante cocinera) y Pablo Derqui (el vigilante de seguridad) con trabajos a la altura del texto y del contexto, pero menos lucidos.

Los temas de la homosexualidad, la disciplina, el travestismo, el adulterio, la amargura o el individualismo están tratados con exquisita irrealidad. La sensación de soledad permanente no solo anega a los personajes, también a las imágenes, iluminadas con una intensidad muy débil, a veces difusa, y al mobiliario, oscuro y carcomido. La música de La Bohème en la radio y la partitura de Carles Cases, compositor que colabora con el director desde 1992, acompañan un relato de sombras inconexas.
10/10/2007
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