Sólo Trudi (Hannelore Elsner) sabe que Rudi (Elmar Wepper), su marido, sufre una enfermedad terminal. En sus manos está decírselo o no. El médico sugiere que hagan algo juntos, algo que deseaban hacer hace mucho tiempo... Trudi decide no contarle a su marido la gravedad de su enfermedad y seguir los consejos del médico. Convence a Rudi para que vayan a visitar a sus hijos y nietos a Berlín...
Pero cuando llegan allí, sus hijos no tienen tiempo para ellos. Y de repente, Trudi muere. Rudi está desesperado y no sabe lo que hacer. A través de una amiga de su hija se entera de que el amor que sentía Trudi por él le había apartado de la vida que ella hubiese querido llevar. Empieza a verla con una mirada nueva y promete compensarla por haber desperdiciado su vida. Así que se embarca en un último viaje que le llevará a Tokio, que celebra el festival de los cerezos en flor, un canto a la belleza, la transitoriedad y a los nuevos comienzos...

Audio: Alemán, inglés, japonés (V.O) y castellano. Subtítulos: Castellano.
Extras:
-Entrevistas.
-Tráiler.
-Escenas inéditas.
-Danza Butoh con Tadashi Endo.
-Ficha técnica y artística.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento: 26 de agosto 2009.
No recomendada menores de 7 años. Precio: 15,95€.
| Elmar Wepper | Rudi Angermeier |
| Hannelore Elsner | Trudi Angermeier |
| Aya Irizuki | Yu |
| Maximilian Brückner | Karl Angermeier |
| Nadja Uhl | Franzi |
| Birgit Minichmayr | Karolin Angermeier |
| Felix Eitner | Klaus Angermeier |
| Dirección y guión | Doris Dörrie |
| Producción | Molly von Fürstenberg y Harald Kügler |
| Fotografía | Hanno Lentz |
| Montaje | Inez Regnier y Frank Müller |
| Música | Claus Bantzer |

Alberto Figueroa
La fascinación de los occidentales hacia la cultura japonesa no es nueva ni ha sido descubierta por Sofia Coppola. Es tan extensa la influencia japonesa en entornos musicales, cinematográficos y culturales, en general, que detenerse un solo momento significaría meterse en un laberinto casi infinito de tendencias y formas vitales de sentir tan diferentes a lo que en el mundo europeo se experimenta. Obnubilada por esta admiración desde hace décadas, la realizadora alemana Doris Dörrie se embarca en su última producción en un viaje de redención hacia el amor, hacia la melancolía y el luto por el ser perdido pero, sobre todo, hacia la fragilidad y la transitoriedad del ser humano.

Para conseguir este propósito, la cineasta muestra el retrato de un matrimonio sólido que ha construido con el paso de los años una relación especial, en el que la comunicación se lleva a cabo más allá de las palabras y en el que, sin embargo, el marido y la esposa tienen formas de ser muy extremas. La mirada de Dörrie a la pareja se realiza desde la compresión y la empatía. Pese a lo cuadriculado del protagonista masculino, el espectador siente ternura hacia él. El tratamiento de este personaje deja relucir precisamente sus carencias y su humanidad. Desde los detalles, la pareja es mostrada quebradiza por el anuncio de la enfermedad de él pero también resistente por el estado de comunión conseguido después de tantos años.
"La realización de la directora alemana está dotada de un extraño efectismo. Rueda deteniéndose en lo pequeño, en los elementos más sencillos"
Cerezos en flor posee esa característica tan usada en el campo del marketing publicitario, no por manida menos cierta en este caso, de la frescura. El film despliega, en este sentido, una fuerza que remueve por dentro. La identificación en mayor o menor medida con alguno de los dos personajes unida a un más que bien conseguido tono de cotidianidad realiza el resto del trabajo.

La realización de la directora alemana está dotada de un extraño efectismo. Rueda deteniéndose en lo pequeño, en los elementos más sencillos. De esta forma, aunque transcurran momentos dramáticos tremendos prevalece en la narración el detenimiento y la sugerencia reflexiva. Rudi, el protagonista masculino, se para a entender, Rudi ata un pañuelo junto a la acera como guía para no perderse.
El largometraje alemán combina los elementos trágicos con la alegría de vivir, transmite tristeza pero a su vez esperanza y, sobre todo, es un canto a la compresión.
A través de su recorrido por Japón y su sentido vital, es como si Dörrie acercara la ficción a la realidad y la intentara diluir. De esta forma, el personaje interpretado por Elmar Wepper para entender a su esposa se intenta introducir en el extraño ambiente y la cultura que su pareja tanto admiraba. Un homenaje a ella pero también un hermoso acto de gratitud hacia su amor.

En su trayectoria de luto, Rudi roza el ridículo pero el tratamiento hacia el personaje es tan clemente que sólo sentimos ternura hacia él. En su camino hacia la compresión, Rudi entablará un diálogo fluido con su esposa, aprenderá que al fin ella sigue viviendo dentro de él y que esa comunicación tendrá la eternidad de su vida.
Cerezos en flor mira directamente, sin complejos, hacia Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu (1953) para construirse como película. La construcción de la familia desempeña un papel fundamental en su narración. En este sentido, precisamente, uno de las pocos puntos negativos achacables a la propuesta es el retrato que se realiza de los hijos. Frente a los matices que se desarrollan a la hora de definir a la pareja protagonista, la estampa con que se detalla a los otros miembros de la familia queda demasiado marcada por el arquetipo de "personajes que no tienen tiempo para dedicar a sus progenitores porque tienen su propia vida hecha". Demasiado simple para el complejo entramado de sugerencias que encierra el film.
En definitiva, Cerezos en flor habla con un acertado tono lírico y delicado de la fugacidad de unas flores que se contemplan en un momento muy puntual y breve del año, metáfora vital del personaje protagonista y, por extensión, del ser humano. Recomendable de todas todas.
25/02/2009
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas