Basada en Cometas en el cielo del médico afgano Khaled Hosseini relata la historia de una amistad, una familia, terribles errores y el amor redentor. En un país dividido al borde de la guerra civil, dos niños, Amir y Hassan, están a punto de separarse para siempre. Numerosas cometas, que participan en un torneo infantil, se cruzan en el intenso azul del cielo de Kabul. Pero después de ganar el torneo, la traición de un niño atemorizado pondrá en marcha los mecanismos de una catástrofe.
Ahora, después de 20 años viviendo en Estados Unidos, Amir regresa a Afganistán, a pesar del peligro que supone el implacable gobierno de los talibanes, dispuesto a enfrentarse con los oscuros secretos que le persiguen y a reparar el daño que hizo.

Audio: Inglés (V.O), español. Subtítulos: Español, inglés.
Extras:
-Palabras de Cometas en el cielo.
-Imágenes de Cometas en el cielo.
-Anuncio del Servicio Público por Khaled Hosseini.
-Tráiler de cine.
Distribuidora: Paramount.
Fecha de lanzamiento: 27 de agosto 2008.
Precio: 17,95€.
| Khalid Abdalla | Amir |
| Atossa Leoni | Soraya |
| Shaun Toub | Rahim Kahn |
| Sayed Jafar Masihullah Gharibzada | Omar |
| Zekeria Ebrahimi | Amir joven |
| Ahmad Khan Mahmidzada | Hassan joven |
| Mir Mahmood Shah Hashimi | Hombre de negocios |
| Homayoun Ershadi | Baba |
| Nabi Tanha | Ali |
| Elham Ehsas | Assef joven |
| Dirección | Marc Forster |
| Guión (basado en la novela de Khaled Hosseini) | David Benioff |
| Producción | William Horberg, Walter F. Parkes, E. Bennett Walsh, Rebecca Yeldham |
| Producción ejecutiva | Laurie MacDonald, Sam Mendes, Mark Sourian |
| Fotografía | Roberto Schaefer |
| Montaje | Matt Chesse |
| Música | Alberto Iglesias |

Marc Forster se está ganando a pulso el título de gran director todoterreno (con permiso de Winterbottom, claro). Lanzado a la fama por una descarnada película sobre la soledad y las relaciones humanas (Monster’s Ball), a la que siguió una muy amable biografía sobre un determinado momento vital de J. M. Barrie (Descubriendo Nunca Jamás), y se consagró con una magnífica comedia metalingüística y existencial (Más extraño que la ficción). Incluso, se atrevió con el thriller (Tránsito); y su siguiente proyecto es, nada más y nada menos, el nuevo James Bond.

Con semejante currículum vítae no nos puede sorprender ver su nombre detrás de cualquier tipo de proyecto. En el caso que nos ocupa, este director europeo afincado en USA; se atreve con una película ambientada, la mayor parte del tiempo, en Afganistán. Basada en una novela de tintes autobiográficos, escrita por Khaled Hosseini, Forster ha optado por rodarla en dari, una de las principales lenguas afganas.
Pero el tema es de lo más universal. De hecho, Cometas en el cielo comparte no pocas similitudes con otra película actualmente en cartelera: Expiación (Joe Wright, 2007). A priori, dos películas muy diferentes, pero que comparten un punto común de gran importancia: un terrible acto de niñez que persigue la conciencia del autor a través de los años. En este caso, el autor es un niño afgano que traiciona de forma ruin y mezquina a su mejor amigo.
"La expiación, que tanto se le resistió a Briony Tallis en la película de Wright, aquí es un elemento que convierte este trabajo en algo blando y poco convincente"
La relación entre ellos se mueve en el resbaladizo terreno que hay entre la amistad y la subordinación. Hassan es el hijo del criado de Amir y su padre, y muestra una inquebrantable lealtad. Tanto, que Amir llega a sentirse incómodo. Más aún después de un hecho terrible, del que es espectador pasivo, sin prestar ninguna ayuda a su compañero de infancia. A partir de ahí, cada encuentro con Hassan le resulta insoportable, ya que le recuerda su propia miseria. Y cuanto más leal se muestra Hassan, más se odia Amir a sí mismo.

De fondo, el Kabul de los setenta, una ciudad llena de colorido (momento culmen es el concurso de cometas), en la que la libertad y el respeto campaban a sus anchas. Una ciudad radicalmente opuesta a lo que se ha convertido hoy, tras la invasión rusa, y la ascensión talibán al poder. De forma excesivamente idílica, esta deliciosa primera parte muestra toda la belleza de la ciudad afgana antes de la invasión. El máximo interés del filme se concentra en este período, combinando las complejas relaciones entre los dos amigos, y la felicidad afgana del momento.
La segunda parte nos muestra a un Amir ya adulto, convertido en novelista, y viviendo en Estados Unidos. Los elementos de transición que componen la descripción de su vida en occidente no dejan de ser convencionales y poco atractivos. Hasta que, debido a una inesperada llamada, el protagonista debe volver a su país natal. Ahí es donde tiene la posibilidad de enfrentarse a una doble realidad de la que ha escapado estos años. Por un lado, se enfrenta con su pasado y sus remordimientos, con un presente que le brinda la redención en bandeja de plata. Por otro lado, se enfrenta con un país que fue el suyo, pero que no tiene nada que ver con lo que él vivió en su niñez.
Es en este tramo final donde la película pierde todo el interés. No es sólo ese final empalagosamente feliz, es la inverosímil forma de llegar a él, y que no encaja en absoluto con el resto del metraje. La expiación, que tanto se le resistió a Briony Tallis en la película de Wright, aquí es un elemento que convierte este trabajo en algo blando y poco convincente.
Manuel Barrero
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