Death Proof

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Sinopsis

Tras Planet Terror, de Robert Rodríguez, Death Proof es la segunda entrega del Proyecto Grindhouse, un slasher (película de crímenes sangrientos) de la mano de Quentin Tarantino.

Para la dj del momento en Austin, Jungle Julia, la noche supone la oportunidad de salir de marcha con dos de sus mejores amigas, Shanna y Arlene. A su paso provocan que los ojos de todo el mundo se fijen en ellas.

Pero no toda la atención que reciben es inocente: Siguiendo furtivamente sus pasos está Stuntman Mike, un rebelde veterano y curtido que mira con desprecio desde detrás del volante de su vehículo. Mientras las chicas beben ronda tras ronda, el arma de Mike, su arrollador coche, revoluciona el motor a tan solo unos pasos...

  • País:EE.UU.
  • Año:2007
  • Estreno:31 agosto 2007
  • Duración:1h.53min.
  • Distribuidora:Aurum
  • Web oficial: www.deathproof.es

Características del DVD

Audio: Inglés (V.O.) y castellano. Subtítulos: Castellano e inglés.

Extras (Edición dos discos): Especialistas sobre ruedas: Los legendarios conductores de Death Proof / Kurt Russell como El especialista Mike / Buscando a las "Chicas Tarantino" / La versión completa de Baby, it´s you, cantada por Mary Elizabeth Winstead / Los chicos de Death Proof / Presentando a Zoë Bell / La mejor ayudante de Tarantino: La montadora Sally Menke / Tráiler de Double Dare / Preparando los coches para persecuciones frenéticas.

Distribuidora: Aurum.

Fecha de lanzamiento: 12 de diciembre 2007.

Precio: 23,95€ (caja metálica) / 20,95€.

Intérpretes

Kurt Russell Stuntman Mike
Sydney Tamiia Poitier Jungle Julia
Vanessa Ferlito Arlene
Jordan Ladd Shanna
Tracie Thoms Kim
Rosario Dawson Abernathy
Mary Elizabeth Winstead Lee
Rose McGowan Pam
Eli Roth Dov
Omar Doom Nate

Ficha Técnica

Dirección, guión y fotografía Quentin Tarantino
Producción Elizabeth Avellán, Robert Rodriguez, Erica Steinberg y Quentin Tarantino
Producción Ejecutiva Shannon McIntosh, Bob Weinstein y Harvey Weinstein
Montaje Sally Menke
Diseño de Producción Steve Joyner
Dirección de Arte Caylah Eddleblute

Crítica

Cuestión de ritmo

Marcos Méndez

Habida cuenta de la deplorable estrategia de distribución escogida por The Weinstein Company para vender el double feature de Grindhouse en el Viejo Continente y tomando como punto de partida la desigual acogida que se le ha dispensado por un lado a Planet Terror (Robert Rodríguez, 2007), etiquetada despectivamente por la mayor parte de la crítica seria como una película de zombies para mayor embeleso de goremaníacos, y por otro a Death Proof (Quentin Tarantino, 2007), en la que muchos ven diálogos brillantes y una organización narrativa novísima, parece una idea sugestiva intelectualizar las razones que han llevado a unos hacia la condescendencia y a otros hacia la idolatría en aras de arbitrar una reflexión que se me antoja urgente e ineludible.

Con todo, muchos han simplificado el asunto en una escisión pragmática más o menos consciente, adscribiendo el filme de Rodríguez al cine de género y el de Tarantino al cine de autor, y a partir de esa filiación desmedida hacia la politique des auteurs más de uno ha visto gigantes donde no había más que destartalados molinos. Tarantino, además, sabiéndose mimado por una legión de freaks dispuesta a apoyar cualquier ocurrencia, acentúa cada vez más los rasgos de estilo que le han consagrado desde la fenomenal Reservoir Dogs (1992), aún hoy su película más eficaz.

En Death Proof ya no existe un objeto narrativo que soporte la longitud de los diálogos ad nauseam (al fin y al cabo los protagonistas de su ópera prima bromeaban con Like a Virgin porque su jefe les había prohibido confraternizar en la esfera personal) y todo lo que sale de boca de las víctimas de Stuntman Mike (Kurt Russell) sólo sirve para dilatar un metraje ya de por sí alargado (la versión europea dura 25 minutos más que la original integrada en el programa doble). Esas mini-historias que tan bien se engarzaban en Pulp Fiction (1994) se han convertido en un espectáculo de autocomplacencia e incontinencia verbal (cf. la insoportable conversación de las cuatro chicas en torno a la caída de una de ellas por una zanja) que resucita no tanto el exploitation de los setenta (que también) como los peores vicios del Tarantino-autor que ya vimos en la versión (también alargada, ojo) de Kill Bill: vol. 2 (2004).

Que el propio Tarantino se reclame heredero de Tennesse Williams (¡!) nos habla a las claras de los límites del cineasta nacido en Knoxville a la hora de trabajar sus influencias en cuanto se salen de las novelas de Elmore Leonard y la cinematografía underground. Véase arrogancia, simplismo o grandilocuencia, pero en cualquier caso el dibujo de los personajes mediante el diálogo del que hace gala el autor de A Streetcar Named Desire (1947) tiene poco o nada que ver con el muestrario arquetípico del argot contracultural tarantiniano. Asimismo, en Death Proof no existe la vuelta de tuerca que cosechó tan buenos resultados en sus dos primeros filmes, cuando en mitad de una conversación el peso dramático se balanceaba entre uno y otro personaje de forma vertiginosa.

"Las mini-historias que tan bien se engarzaban en Pulp Fiction (1994) se han convertido en un espectáculo de incontinencia verbal que resucita no tanto la exploitation de los setenta como los peores vicios del Tarantino-autor"

Algunos pueden objetar a este razonamiento la preocupación de Tarantino por impresionar al respetable con las secuencias de acción, controlando la calma antes de la tormenta, pero se les olvida que un filme de dos horas no puede sostenerse con quince minutos de persecuciones, por mucho que la coreografía y el realismo de las mismas reviente la secreción hormonal de más de uno. Más que limitarnos a consideraciones autorales deberíamos revisar algunas teorías relativas al ritmo de las películas, aunque sé que a muchos les costará admitir lo que tiene de embuste la (post) modernidad abanderada por Tarantino.

Decía A. O. Scott en The New York Times a propósito de Robert Rodríguez que no sólo le gustaban las malas películas, sino que además tenía el hábito de hacerlas. Desde esta perspectiva poco exigente quizá podamos entender mejor el homenaje nostálgico y desenfadado de la notable Planet Terror hacia las películas de zombies y la sexploitation, así como también la mediocridad de la soporífera Death Proof, encasillada entre convulsiones de (supuesto) genio creativo y una arritmia de caballo.

31/08/2007

Tráiler


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