El best seller Diario de una ninfómana, basado en las propias experiencias de su autora, Valèrie Tasso, es llevado a la pantalla grande por Christian Molina (Rojo Sangre, 2004).
Val (Belén Fabra) tiene 28 años, es atractiva, tiene estudios universitarios y una cómoda posición económica. Es además una mujer muy liberada que busca constantemente nuevas experiencias para saciar su curiosidad sexual.
Se acuesta con quien quiere y cuando quiere. Tras diversas experiencias, acabará convirtiendo el sexo en su forma de vida, lo que la llevará a encontrar el amor y ejercer la prostitución, teniendo en ambos casos experiencias extremas.

Audio: Castellano, inglés, catalán y euskera.
Subtítulos: Castellano, inglés y catalán.
Extras:
-Escenas eliminadas.
-Making Of.
-Tráiler y spots.
Distribuidora: Filmax.
Fecha de lanzamiento: 3 de junio 2009.
Precio: 15,95€.
| Belén Fabra | Val |
| Leonardo Sbaraglia | Jaime |
| Llum Barrera | Sonia |
| Ángela Molina | Cristina |
| Geraldine Chaplin | Abuela de Val |
| Dirección y guión (basado en la novela de Valèrie Tasso) | Christian Molina |
| Producción | Julio Fernández, Mariví de Villanueva |
| Producción ejecutiva | Julio Fernández, Carlos Fernández, Mariví de Villanueva |
| Fotografía | Javier Salmones |
| Montaje | Luis de la Madrid |
| Música | Roque Baños |

Manuel Barrero
Vivimos momentos claves (al menos, en nuestra occidental cultura) para la causa feminista. La enorme diferencia recortada en los últimos años, puede crear la ilusoria sensación de una supuesta igualdad. Incluso, hay quien defiende esta falacia, temiendo (quizás) perder su supremacía. La lucha de sexos se presenta, por momentos, encarnizada. Pero las cadenas impuestas por la masculinidad cultural no sólo provienen de los propios hombres (los hay que reclaman la igualdad). Dentro de la población femenina aún existe un amplio porcentaje que sigue dinamitando, desde dentro, las posibilidades de igualdad efectiva.

Esa doble tensión, externa/interna, es la que sufre el personaje principal de esta película. Por un lado, debe luchar contra deleznables actitudes de hombres acomplejados, miedosos o violentos. Por otra parte, mantiene un conflicto consigo misma, por aceptarse y no dejarse arrastrar por la corriente desfavorable. La liberación del yugo impuesto (a veces, autoimpuesto) es un proceso largo y doloroso. La doble pelea puede resultar agotadora.
La cuestión sexual es uno de los principales frentes abiertos por las féminas. Y de ello se habla en Diario de una ninfómana, basada en la novela homónima de Valérie Tasso. Durante algunos años, la francesa se ha erigido en abanderada mediática de la liberación sexual femenina. Aunque no parece que la televisión circense sea el medio más adecuado para ello, sus formas desinhibidas y contundentes llegan al gran público; que también ha recibido con los brazos abiertos su faceta de escritora.
"Belén Fabra no destaca en su esforzado tour de force (sin entrar a valorar la poca credibilidad de su orígen francés), mientras la sobreactuación más desaforada es la nota dominante en el resto del reparto. Los descontrolados casos de Leonardo Sbaragila y Ángela Molina son paradigmáticos, aunque no los únicos"

Ella, como otras antes, utiliza el arte para rebelarse contra la (i)lógica machista imperante. Y la prostitución siempre de fondo. Símbolo de la asquerosa hipocresía de una sociedad que reclama a las prostitutas, para luego despreciarlas (por no hablar de la humillación, explotación...). Esta doble moral fue cuestionada por Isabel Pisano en su novela Yo, puta; que se convirtió en (lamentable) película de la mano de Luna. Años antes, Coraline Trinh Tih y Virginia Despentes desataron toda su rabia con la demencial Fóllame, especie de versión hardcore de Thelma y Louise. Y es que, muchas veces, la igualación de roles se produce en a través de los aspectos más negativos.
La novela de Tasso, que desentraña buena parte de su vida, se preocupa mucho por la autoafirmación. Desde el adolescente descubrimiento del sexo, pasando por la búsqueda del amor, hasta su paso por el mundo de la prostitución de lujo. Otra vez la prostitución, tema que la escritora/tertuliana explotó en sus primeras apariciones televisivas. En la adaptación cinematográfica, extraña la elección de un hombre en la dirección (el casi desconocido Christian Molina), algo que se compensa con la lógica de Cuca Canals en el guión. Ella es una mujer; y, además, está familiarizada con la sexualidad desbordada que emanan de sus colaboraciones con el erotómano Bigas Luna.

Pero tal como se intuye la posible reflexión sobre el conflicto de roles, se diluye. Las posibilidades se reducen a una torpe sucesión de acontecimientos contados con nula gracia. Muy pocos son los directores que elevan el recurso tan funcional como la voz en off hasta lo sublime. Pero es complicado utilizarlo de forma tan facilona y molesta como lo hace Molina, al que también podemos achacar unas secuencias sexuales con muy poca garra y unas interpretaciones muy pobres.
La casi debutante Belén Fabra no destaca en su esforzado tour de force (sin entrar a valorar la poca credibilidad de su orígen francés), mientras la sobreactuación más desaforada es la nota dominante en el resto del reparto. Los descontrolados casos de Leonardo Sbaragila y Ángela Molina son paradigmáticos, aunque no los únicos. Ni ritmo, ni adecuada dirección de actores, y ni narración con fuerza.

Por el contrario, tenemos un rutinario film que sigue los esquemas básicos del biopic. Un biopic de media vida, pero con todos los ingredientes del subgénero. El éxito, la caída, el resurgir... aunque en este caso, sin faceta artística. Los golpes se producen por no aceptar la propia visión vital. La protagonista no se ve sobrepasada por su fama o su éxito, si no por su apasionada forma de vivir el sexo. Aunque pasión, entre otras cosas, es lo que le falta a este film.
15/10/2008
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