Sofía (Olivia Molina) nace prematuramente en una barbería, rodeada de hombres que necesitan un corte de pelo el mismo día de junio de 1968 en que Bob Kennedy es asesinado. Durante quince años, crece entre los fogones y las mesas de la casa de comidas de sus padres.
Mujer trabajadora, ambiciosa e imprevisible, muy pronto se enamora de dos hombres: con Toni (Paco León), el yerno que toda madre querría tener, se casa y tiene tres hijos; con Frank (Alfonso Bassave), el representante que todo artista querría tener, descubre el secreto de la alta cocina.
Con los dos llega a un acuerdo profesional y amoroso que revolucionará el mundo de la cocina.

Audio: Castellano y catalán. Audiocomentario del director y actores. Audiodescripción de la película.
Subtítulos: Inglés, alemán y castellano para sordos.
Extras:
Tráiler / Escenas eliminadas / Tomas falsas / Making of / Paco León en el Youtube / Las cocinas que espía Sofía / Otro final / Trucos para cocinar un guión / Banda Sonora de S. Niebla y "Kitflus" / Conoce al equipo técnico / Ficha técnica y artística / Filmografías destacadas.
Distribuidora: Cameo. Fecha de lanzamiento: 26 de agosto 2009.
No recomendada para menores de 7 años. Precio: 15,95€.
| Olivia Molina | Sofía |
| Paco León | Toni |
| Alfonso Bassave | Frank |
| Carmen Balagué | Loren |
| Roberto Álvarez | Ramón |
| Jesús Castejón | Pepe Ripoll |
| Dirección | Joaquín Oristrell |
| Guión | Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano |
| Producción | Marta Esteban, Gerardo Herrero |
| Fotografía | Albert Pascual |
| Montaje | Aixalá, Domi Parra |
| Música | Salvador Niebla, Kitflus |

Manuel Barrero
De entrada, a Joaquín Oristrell hay que reconocerle, al menos, un mérito. Con Trueba y Colomo en horas bajas, podríamos decir que él es el máximo (y casi único) exponente en España de algo parecido a comedia sofisticada. En un país tan racial, y donde el humor castizo ha reinado siempre, la alta comedia es un lujo difícil de encontrar. Eso que los franceses (siempre ellos) saben hacer tan bien, y que a nosotros parece que tanto nos cuesta.

Loable empresa la del guionista-director, en cuyo haber podemos encontrar trabajos tan solventes como Sin vergüenza o Los abajo firmantes. Por el contrario, también los hay claramente fallidos, es el caso de Inconscientes, o de esta Dieta Mediterránea. Errática, a pesar de anotarse un primer tanto con el excelente trabajo de ambientación.
Pero el primer elemento discordante llega con las televisivas apuestas de casting. Si la elección de Alfonso Bassave (más o menos acertada, ahí no entramos) responde a una cierta lógica, la de Paco León como campechano hombre de pueblo es bastante más discutible. La de Olivia Molina como cocinera de élite es, definitivamente, errónea. Y es que su credibilidad como número uno de la cocina mundial es, simplemente, nula.
Cine y comida. Una jugosa mezcla que ha deparado no pocas sabrosas obras. Salvo excepciones del tipo La gran comilona (Marco Ferreri, 1973), esta especie de subgénero se suele caracterizar por la festiva celebración de la buena comida como inigualable placer. Ahí están films tan sensitivos como Chocolat (Lasse Hallström, 2000), Un toque de canela (Tassos Boulmetis, 2003), Comer, beber, amar (Ang Lee, 1994), Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992) o Ratatouille (Brad Bird, 2007); por poner sólo algunos ejemplos.
"Un producto final que se digiere sin ningún esfuerzo, pero que está demasiado lejos de la exquisitez. Un plato que recuerda demasiado a otros ya conocidos, y cuyo resultado es mucho menos delicioso"

No ocurre así en la última película de Oristrell, más preocupado por el aspecto competitivo del arte culinario. No es el placer de la comida, si no el placer del éxito el que aquí se saborea. El director construye un ficticio (a la vez que convencional) biopic, en el que lo fundamental es lograr el éxito a toda costa. Así, el factor sensorial queda aniquilado.
Esa total falta de estimulación, la intentan compesar los autores integrando una relación amorosa a tres bandas. No es el colmo de la originalidad la introdcucción de un triángulo sentimental, especialmente si es del tipo hombre-mujer-hombre. Lo relativamente novedoso radica en la apuesta por una utópica continuidad, la idílica posibilidad de mantener una estructura familar anormal a lo largo de los años. De hecho, termina siendo la única posibilidad para ser feliz.
Alta cocina y relaciones sofisticadas. Oristrell se esfuerza por hacer que su comedia tenga clase, aunque sin perder de vista la pasión y fuerza latinas. Haciendo el fácil símil culinario, la mezcla le ha quedado bastante sosa. Un producto final que se digiere sin ningún esfuerzo, pero que está demasiado lejos de la exquisitez. Un plato que recuerda demasiado a otros ya conocidos, y cuyo resultado es mucho menos delicioso.
06/02/2009
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