Ocho desconocidos, con ocho puntos de vista diferentes, intentan descubrir la verdad tras un intento de asesinato al presidente de los Estados Unidos. Thomas Barnes (Dennis Quaid) y Kent Taylor (Matthew Fox) son dos agentes del Servicio Secreto encargados de proteger al presidente Ashton (William Hurt) en una cumbre sobre la guerra internacional contra el terrorismo.
Cuando el presidente recibe un disparo poco después de llegar a España (Salamanca), surge el caos y las vidas de distintas personas coinciden en la caza del asesino. Entre la multitud se encuentra Howard Lewis (Forest Whitaker), un turista americano que cree que ha filmado al francotirador. También allí, está la productora de noticias para la televisión americana Rex Brooks (Sigourney Weaver).

Audio: Inglés (V.O), castellano, catalán.
Subtítulos: Castellano, inglés, portugués.
EXTRAS:
-Comentarios del director Pete Travis.
Distribuidora: Sony Pictures Home.
Fecha de lanzamiento: 29 de julio 2008.
Precio: 17,99€.
| Dennis Quaid | Barnes |
| Matthew Fox | Taylor |
| Forest Whitaker | Howard Lewis |
| Sigourney Weaver | Rex Brooks |
| William Hurt | Presidente Ashton |
| Ayelet Zurer | Veronica |
| Edgar Ramirez | Javier |
| Eduardo Noriega | Enrique |
| Saïd Taghmaoui | Suarez |
| Dirección | Pete Travis |
| Guión | Barry Levy |
| Producción | Neal H. Moritz |
| Producción ejecutiva | Andrea Giannetti, Callum Greene, Tania Landau, Adam Milano |
| Fotografía | Amir M. Mokri |
| Montaje | Stuart Baird, Sigvaldi J. Kárason, Valdís Óskardóttir |
| Música | Atli Örvarsson |

En el punto de mira es la prueba de que ya han pasado los años suficientes de los atentados del 11S como para que la Industria de Hollywood haya echado a rodar imparablemente y haya atrapado esta historia terrorista como base "natural" de creación de historias. Se nota que han pasado los años porque la aproximación al conflicto se puede realizar bajo el prisma de un thriller petardo y excesivo como éste y nadie pondrá el grito en el cielo porque semejante tema se trate con tal vacuidad.

El largometraje está por firmado por Pete Travis, director de Omagh (2004), una aproximación al terrorismo del IRA desde una perspectiva mucho más franca y sincera que en esta su primera incursión en Hollywood. La historia de En el punto de mira es sencilla, lo que la vuelve compleja e innecesaria es su discurso. En una cumbre global sobre la lucha internacional sobre terrorismo celebrada en Salamanca se produce un atentado contra el Presidente de los Estados Unidos. Lo que supuestamente hace diferente al filme de otras producciones de similar argumento es la opción formal de estar contada desde ocho perspectivas diferentes que viven toda esta situación, ocho personajes que tienen relevancia directa o indirecta en el ataque al Presidente.
Como digo, esta estructura es lo que diferencia a En el punto de mira de otras y es a la vez su tumba. Se opta por contar ocho perspectivas del atentado, sí, pero también se opta por repetir innecesariamente demasiados momentos que ya se han contado minutos anteriores. Se aporta una nueva perspectiva, sí, pero el matiz que aporta el nuevo dato es tan escaso que todo el ritmo del filme decae y se vuelve pesado hasta la extenuación. Por lo demás, el mecanismo interno de todo espectador de convertir lo inverosímil en verosímil propio del visionado de un thriller se ve superado en el filme por la desmedida capacidad de la película de fabular y fabular, repetir y repetir hasta convertirse en algo retorcido e increíble.

En el punto de mira puede pasar a la historia - espero que así sea - por tener los efectos especiales más amortizados de la Historia del Séptimo Arte. Hasta ocho veces - si no más, igual me equivoqué al contar - explota la Plaza Mayor de Salamanca. Una vez más y otra más el mismo plano general de toda la fachada saltando por los aires.
Por otro lado, asistimos a una producción norteamericana en toda regla. Con todas las letras. ¿Para que rodar en Salamanca cuando México está más cerca de Los Ángeles y la producción resultará más efectiva? Qué gran acierto ver esa Salamanca poblada de gente con acento mexicano. Algún académico de esos que defienden que el castellano más puro se habla en Castilla y León se llevará las manos a la cabeza cuando oigan tanto acento "extraño" en una supuesta Salamanca. Igual todo esto son minucias de tiquismiquis pero cuando te sacan de la película e incluso provoca la risa involuntaria es algo a tener en cuenta.
"El mecanismo interno de todo espectador de convertir lo inverosímil en verosímil propio del visionado de un thriller se ve superado en el filme por la desmedida capacidad de la película de fabular y fabular, repetir y repetir hasta convertirse en algo retorcido e increíble"
Otro rasgo más de superproducción lo aporta la presencia de numerosas estrellas del star system. Es más, en todas las historias hay detrás una estrella, igual con la excepción de los personajes de los terroristas - quedaría demasiado feo ver a una estrella hollywoodiense interpretar a un terrorista islamista, ¿no? - y la pequeña cuota española que se resume en Eduardo Noriega del que poco se puede decir, quizás que no está ni mejor ni peor que el resto. Los grandes nombres no hacen más que eso: ser ganchos para atraer al espectador pero no realizar una interpretación digna de star, aunque con este guión resultaría un ejercicio más que complicado.

¿Algún aspecto positivo? Sí, los hay. La cámara se mueve nerviosa y consigue poner en tensión al espectador en bastantes ocasiones. La acción pese a las repeticiones ya mencionadas está muy bien contada. Posee también una secuencia de persecución en coche entre Dennis Quaid y Matthew Fox digna del mejor Frankenheimer, lástima que el guión que sostiene toda la trama no esté a la altura de la intensidad de esas secuencias. Es una pena que a fuerza de repetir la estructura la fuerza que tiene esa gramática cinematográfica se diluya y todo se vuelva un intento fallido.
En resumen, reparto de estrellas, star system a tope, director de encargo para producto de encargo, una película más. Eso sí, consigue lo imposible: que un thriller sea empalagoso, igual hasta tiene algo de mérito. No sé.
Alberto Figueroa
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