Después de un trabajo complicado, dos asesinos a sueldo, Ray (Colin Farrell) y Ken (Brendan Gleeson) son enviados a Brujas por Harry, su jefe londinense (Ralph Fiennes), para que decansen durante dos semanas.
Los dos pasan el día como turistas, sintiéndose fuera de lugar. Ray, que no consigue olvidar las brutales imágenes de su último trabajo en Londres, odia la ciudad. Sin embargo, Ken observa con paternal mirada a su compañero y sus hazañas a menudo hilarantes, y descubrirá que la belleza y serenidad del lugar tiene un efecto positivo en su mente y alma.
Mientras esperan la llamada de Harry, su estancia se hace más surrealista a medida que empiezan a descubrir a la gente del lugar, los turistas, el arte medieval...

Audio: Inglés (V.O), castellano. Subtítulos: Inglés, castellano, holandés.
EXTRAS:
-Escenas inéditas y escenas cómicas.
-En Brujas.
-La Bruja extraña.
-Un paseo en barco por Brujas.
-P*** Brujas.
Distribuidora: Universal.
Fecha de lanzamiento: 10 de diciembre 2008.
Precio: 19,99€.
| Colin Farrell | Ray |
| Brendan Gleeson | Ken |
| Ralph Fiennes | Harry |
| Clémence Poésy | Chloë |
| Jérémie Rénier | Eirik |
| Thekla Reuten | Marie |
| Jordan Prentice | Jimmy |
| Dirección y guión | Martin McDonagh |
| Producción | Graham Broadbent, Pete Czernin |
| Producción ejecutiva | Tessa Ross, Jeff Abberley, Julia Blacman |
| Coproducción | Sarah Harvey |
| Fotografía | Eigil Bryld |
| Montaje | Jon Gregory |
| Música | Carter Burwell |

Marcos Méndez
Escondidos en Brujas, ópera prima del británico Martin McDonagh, es otra muestra de un cine que pretende abandonar los clichés genéricos a partir de situaciones deslavazadas, inverosímiles, con personajes poco definidos y escenarios variopintos. Entre lo peor de Matador (Richard Shepard, 2005) y lo más prescindible de Sydney (Paul Thomas Anderson, 1996), con un guión que gira como una peonza entre lo cómico y lo grotesco, pocos serán los que aguanten sus casi dos horas de duración sin echar una cabezadita.

Llama la atención entre el barullo un Colin Farrell desesperado, carcomido por la culpa (en su primera misión como asesino a sueldo le ha volado la cabeza a un niño por accidente), idéntico al Terry de El sueño de Cassandra (Woody Allen, 2007), otro filme a todas luces innecesario. Al otro lado, Brendan Gleeson aporta el perfil huraño del avejentado varón soltero que sólo es capaz de sentir algo por sus socios psicópatas pese a sus inquietudes humanísticas y en frente, un Ralph Fiennes que aparece cuando ya todo se está terminando para recordarnos quién es el que manda en la sombra y, de paso, espectacularizar el asunto con una sangría de plomo y órganos desparramados al pie de las construcciones medievales de la capital flamenca.
Pero claro, tratar de densificar una historia tan a la deriva como ésta (dos asesinos que se esconden en Brujas esperando las órdenes de su jefe van metiéndose en una espiral de escaramuzas violentas cada noche) desde las transiciones musicales por los canales es una compensación de postal demasiado ingenua como para frenar el aspaviento del director/guionista, incapaz de encajar unas secuencias detrás de las otras con un mínimo de rigor.
"Escondidos en Brujas casi parece una película vanidosa, en la que McDonagh ha decidido colocar un elemento al azar en un lugar no especificado y en un momento cualquiera, luego unirlo con otro, y así sucesivamente hasta llegar a 107 minutos de celuloide reciclable"

Las anécdotas del enano y el papel de Clémence Poésy, que podría pasar perfectamente por uno de esos chiflados de las primeras películas de Guy Ritchie, parecen jugar el rol de la sinrazón, del delirio: prostitución, tráfico de drogas y algo de cinefilia freak para (supuestamente) amenizar una velada imposible, descontrolada desde el desafortunado libreto.
De igual modo, las salidas turísticas de los protagonistas en busca de restos antiguos para desperezarse de las cargas morales cotidianas inherentes a su profesión aburren tanto por su contenido (los diálogos son espeluznantemente simples, sin un gramo de poesía) como por las maneras cinematográficas del neófito realizador: planos frontales, fijos, sin riesgo y, claro, desprovistos de emoción alguna.

En realidad la película parece traerse al terreno del thriller episodios de comedia, pero a estos personajes les cuesta demasiado ser graciosos. Ni pizca de la ironía y el lirismo de los Coen, ni de las historias paralelas de Ritchie, al que ya he mencionado; en todo caso Escondidos en Brujas parece más una película vanidosa, en la que McDonagh ha decidido colocar un elemento al azar en un lugar no especificado y en un momento cualquiera, luego unirlo con otro, y así sucesivamente hasta llegar a 107 minutos de celuloide completamente reciclable.
Quizá se pensaba que esto de hacer cine era como tirar de una ruleta, "a ver qué sale", como un cocktail sin receta. Pero claro, el resultado no es ni sabroso ni explosivo, sino más bien una mezcla insípida de rostros y cuerpos sin sazonar. Voluptuosidad y exhibicionismo sin tregua, drogas, puños y caras bonitas para un producto más publicitario que otra cosa.
18/07/2008
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