Como ya se narraba en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) un hombre sufre una obsesión por una mujer mujer muerta, y cree reconocer en otra el vivo retrato de la difunta...
Después de la escritura del guión de Fascinación, Brian de Palma (New Jersey, 1940) y Paul Schrader (Michigan, 1946) comenzaron una relación de enemistad que no se molestaron en ocultar, de hecho De Palma no aparece en los títulos de crédito como guionista.
En este homenaje al maestro del suspense Alfred Hitchcock acompañan a Brian de Palma la actriz Geneviève Bujold (Québec, 1942) y el actor Cliff Robertson (California, 1925). La partitura pertenece a un habitual en las películas de Hitchcock, Bernard Herrmann (Nueva York, 1911), nominado al Oscar en 1977 por Taxi Driver y Fascinación.

Audio: Inglés (V.O.), castellano. Subtítulos: catellano.
Extras:
-Documental: Fascinación Revisitada / Tráiler / Ficha artística / Ficha técnica / Filmografías selectas. Precio: 11,99€.La edición especial incluye además un libro de Jordi Batlle Caminal: El deslumbrante manipulador y un estuche metálico.
Precio: 14,99€.Distribuidora: Manga Films.
Fecha de lanzamiento: 24 de octubre del 2007 (Venta).
| Cliff Robertson | Michael Courtland |
| Geneviève Bujold | Elizabeth Courtland - Sandra Portinari |
| John Lithgow | Robert Lasalle |
| Wanda Blackman | Amy Courtland |
| Nick Kreiger | Farber |
| Stocker Fontelieu | Dr. Ellman |
| Dirección | Brian De Palma |
| Argumento | Paul Schrader y Brian De Palma |
| Guión | Paul Schrader |
| Producción | Harry N. Blum, George Litto |
| Productor ejecutivo | Robert S. Bremson |
| Música | Bernard Herrmann |
| Fotografía | |
| Montaje | Paul Hirsch |

Hacia la mitad de Fascinación (Obsession, 1976), en una iglesia florentina, una chica está restaurando el fresco de una Madonna dañado tras unas inundaciones. Ella, le explica al protagonista de la película, que al destrozar la humedad el fresco, éste dejó ver una segunda capa de pintura inferior. Los investigadores debían decidir si continuar la restauración o destrozar la pintura para ver lo que había debajo. Esta bella idea es en sí misma el rizoma de toda la filmografía de Brian De Palma, un cine de estratos y capas, donde las imágenes, los personajes y las acciones, serán siempre cuestionados para despojarlos de su carácter aparente.

El segundo rizoma lo encontramos en el concepto de las (re)visitaciones. Psicosis (Psycho, 1960) de Hitchcock en Vestida para matar (Dressed to kill, 1980); Blow up (1966) de Michelangelo Antonioni y La ventana indiscreta (Rear window, 1954) de Hitchcock en Impacto (Blow out, 1981); de nuevo La ventana indiscreta y Vértigo (1958) para Doble cuerpo (Body double, 1984) o Scarface (1932) de Hawks en El precio del poder (Scarface, 1983).
Cuando no se trata de una película, De Palma busca en los libros, como ya hizo con King, Farris, Leroux... Sin embargo, antes de Doble cuerpo ya había realizado su primera visita a Vértigo en Fascinación. Aquí es preciso retomar la imagen de la Madonna en descomposición para asociar estos dos conceptos fundamentales, el del cuestionamiento de las imágenes y el de las revisitaciones. Los títulos de crédito iniciales comienzan con una especie de embalsamaje fantasmagórico de los dos protagonistas, Michael y Elisabeth, fotografiados en un viaje a Florencia, mezcladas con una imagen actual de la fachada de la iglesia San Miniato al Monte, todo ello acompañado de la música sacra de Bernard Herrmann.

Un intertítulo sitúa la acción en el año 1959 (un año después del estreno de Vértigo). Sin embargo, todas estas revisitaciones en De Palma no poseen solamente naturaleza de homenaje, sino que son una forma de hacer pensar a las imágenes, intentar que de su naturaleza artificial y manipulable, salga una verdad. De Palma hace estallar la representación siendo esta su verdadero tema. En Ojos de serpiente (Snake eyes, 1998) cuestionaba la posibilidad del plano-secuencia como forma de registro total de la realidad, mostrando en la segunda mitad de la película todo aquello que quedaba inevitablemente fuera de su alcance. Algo muy parecido sucede en Fascinación con la suave nebulosa que envuelve casi la totalidad de la película. Al final somos conscientes de lo intencionado de la atmósfera -al igual que en Coeurs, de Alain Resnais, otro cineasta de la representación cinematográfica-, porque el personaje vivirá tras la muerte de su mujer en un estado de incertidumbre onírica del que no sabrá distinguir si la mujer a la que quiere nuevamente recuperar se llama Sandra o Elisabeth.
"¿Qué habría hecho usted con la pintura, restaurar el original o destrozarla para ver el esbozo?, responde Michael: Restaurarla. De Palma consigue hacer las dos cosas, restaura las imágenes cinematográficas contenidas en nuestra retina para hacer salir la verdad que hay debajo".

A un nivel más profundo, Fascinación encuentra en Vértigo los espacios decisivos: en ambos casos es crucial el monumento (mortuorio): el convento español en Vértigo y San Miniato al Monte en Fascinación, iglesia donde Michael conoció a Elisabeth, quedando siempre asociada a su muerte gracias a la tumba de la fachada en miniatura que hace construir para ella. Precisamente mediante un plano circular vemos a Michael observando la tumba entre las excavadoras que ultiman las obras, para volver de la tumba a él de nuevo, aparentemente en el mismo plano, pero como indica un título no lo es, ahora retomamos la misma acción de contemplación del monumento mortuorio dieciséis años después: Michael ha envejecido y el color del camposanto e incluso la tonalidad de las imágenes ha cambiado. Los círculos y las espirales tanto en los movimientos de cámara como a un nivel más complejo de los tiempos recuerdan también a Hitchcock.
Pero De Palma es también un cineasta de la mirada muy en el sentido hitchcockiano -véase la brillante composición entre los ojos de la madre en el cuadro y los de la hija, ambas interpretadas por la misma actriz, Geneviève Bujold-. Toda Fascinación trata de un hombre que ve un cuerpo para él fantasmal, al igual que sucedía en Vértigo. Así, la bella secuencia en la que Michael camina tras Sandra en el atardecer florentino, recuerda a los seguimientos en San Francisco de Vértigo -allí, el Museo de Bellas Artes, aquí toda la ciudad como escenario artístico y su pasado histórico, las visitas a la iglesia, y las representaciones de ésta en la tarta de bodas y en la tumba-. Sin embargo, esas imágenes fantasmales en el Ponte Vecchio abren también vasos comunicantes con el París de Jacques Rivette y con Unas fotos en la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerin, -película muy emparentada con Vértigo-, que cierra un feliz círculo con De Palma al compartir con Fascinación la ciudad de Florencia y la bella historia de Dante y Beatrice que ambas incorporan a la película.

Todo son dualidades. Florencia se convierte en una ciudad mortuoria y fantasmal frente a su condición artística; las imágenes evidencian su naturaleza onírica (como en el largo sueño de Femme fatale, 2002), y los personajes no son quienes parecen ser desde el comienzo: el camarero que esconde un arma en la cintura y en realidad es una suerte de gángster que secuestra a Elisabeth y su hija, los traidores que rodean a Michael-como en Carlito´s way o La dalia negra-; Sandra, la chica italiana restauradora que habla perfectamente inglés es en realidad americana, y su nombre es Amy, la hija que Michael dio por muerta -lo que abre una relación incestuosa y de traición-. A su vez la madre de esta, una mujer italiana en una cama de hospital salida directamente del más puro neorrealismo italiano, es adoptiva y no biológica. Tampoco las acciones son lo que parecían: el rescate de Amy y su viaje a Italia, la construcción de la identidad de Sandra, la apariencia de relación convertida en incesto... En definitiva lo que queda es un hombre que se considera culpable de haber asesinado a su mujer y a su hija: Cuando Sandra le pregunta en la iglesia. "¿Qué habría hecho usted con la pintura, restaurar el original o destrozarla para ver el esbozo?", responde Michael: "Restaurarla". De Palma consigue hacer las dos cosas, restaura las imágenes cinematográficas contenidas en nuestra retina para hacer salir la verdad que hay debajo.
Por Francisco Algarin Navarro
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