Forasteros (Forasters) - crítica y tráiler | Cine Kane 3

Forasteros

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Sinopsis

Una misma familia vive dos hechos traumáticos con 40 años de diferencia: la pérdida de uno de sus miembros y cómo ésta afecta a todos. Además, la llegada de unos nuevos vecinos forasteros, también en estos dos momentos del tiempo, trastoca la supuesta armonía familiar y social.

La fragilidad de las relaciones familiares, el paso del tiempo, el sentido de la existencia, y, por encima de todo, el miedo y la desconfianza de aquello que no conocemos (el extraño, el extranjero, el foráneo)... sacude la mentalidad bienpensante de estos seres tradicionales.
¿Descubriremos que los auténticos forasteros no son los vecinos llegados de otras culturas sino nosotros mismos, que nos resistimos a integrarlos en nuestras familias, nuestra realidad, nuestra consciencia y nuestro afecto?

  • País:España
  • Año:2008
  • Estreno:28 de noviembre 2008
  • Duración:1h.49min.
  • Titulo original:Forasters
  • Distribuidora:Baditri

Características del DVD

Audio: Catalán (V.O) y castellano. Subtítulos: Castellano.

Extras:

-Ficha técnica, artística y de doblaje.

-Filmografías.

-Tráiler y Cómo se hizo.

-Imágenes de rodaje y notas del director.

Distribuidora: Savor.

Fecha de lanzamiento: 3 de junio 2009.

Precio: 15,00€.

Intérpretes

Anna Lizaran Emma
Joan Pera Francesc
Joan Borràs Joan
Dafnis Balduz Josep

Ficha Técnica

Dirección y guión (basado en la obra de teatro de Sergi Belbel) Ventura Pons
Producción Ventura Pons
Fotografía Joan Minguell
Montaje Pere Abascal
Música Carles Cases

Crítica

Las fronteras de cada casa

Alberto Figueroa

Siglo XX. Emma se muere de cáncer. Toda su familia permanece alrededor de ella. Ella siente que los últimos días están cerca y quiere arreglar todo lo que le rodea: su recuerdo, su casa, la vida de sus hijos y la de su marido. Simultáneamente una nueva familia se muda al piso de arriba. Lo "extraño" choca con la vida organizada y cerrada de esta familia. Siglo XXI. Anna, la hija de Emma, regresa a la antigua casa que abandonó tras la muerte de su madre. Décadas después la historia se repite porque Anna vuelve a la casa para morir en las mismas circunstancias que su madre. Paralelamente en el piso de arriba lo "extraño" viene encarnado por un grupo de inmigrantes marroquíes.

En su nueva película, tercera adaptación de un texto de Sergi Belbel después de Caricias (1997) y Morir (o no) (1999), Ventura Pons vuelve a acercarse al tema familiar y a conseguir un crudísimo retrato de diferentes familias que se entrecruzan, tal como ya hiciera en su anterior largometraje Barcelona (un mapa). Si bien en esta última tenían mayor prioridad el retrato de los individuos que conformaban el discurso y la tristeza que los rodeaba. Forasteros habla de culpa, de miseria, de amores y de odio pero también de soledad y, sobre todo, de miedo. Miedo a lo extraño pero también a lo que te rodea y a lo que sientes.

Estamos frente a un melodrama descarnado donde diferentes generaciones chocan entre sí, se echan en cara la actitud tomada frente a la vida para, años después, actuar de la misma forma que antes se recriminaba. El film va de familias que se odian pero que, a la vez, se necesitan, va de hijos frustrados y madres dominantes, va de lo que queda encerrados entre las cuatro paredes de una casa. A este tormento se le une el miedo a lo desconocido encarnado en esta ocasión por una familia inmigrante. El film añade un punto más en las historias usuales del cineasta catalán y se orienta para mostrar las nuevas fronteras que nos rodean en las grandes ciudades, concretamente, en Barcelona. Fronteras que son muros que se crean ante "amenazas desconocidas". Así, si en los 60 eran los andaluces, actualmente serían los marroquíes.

"La estructura del film respeta el original teatral pero Forasteros no es teatro filmado. Una vez más, Ventura Pons consigue ir más allá y darle cuerpo fílmico a la historia"


Por desgracia, precisamente lo peor de la cinta es precisamente esto. El film falla en algo importante, muy importante: esa amenaza presente representada por el inmigrante de cualquier época está retratada de forma tan arquetípica que resta mucha fuerza al conjunto, en especial, los momentos en los que se desarrolla la subtrama de los marroquíes. La familia catalana tiene un empuje tremendo porque se respira verdad en cada palabra, en la cotidianidad sucia de cada movimiento de los personajes, en cada esquina y cada mueble de esa vieja casa. Sin embargo, la familia andaluza queda marcada demasiado por el acento impostado y por cierto folclorismo y los africanos que aparecen, con pocas palabras, no son nada creíbles.

La estructura del film respeta el original teatral pero Forasteros no es teatro filmado. Una vez más, Ventura Pons consigue ir más allá y darle cuerpo fílmico a la historia. Logra encerrar a los personajes, sí como en un escenario teatral, pero consigue despertar la emoción porque los personajes no están encerrados por el carácter teatral de la obra. Los personajes principales de Forasteros están confinados en su propia casa porque representa su propio miedo. Así, sentimos la claustrofobia de un dormitorio habitado por una enferma (Anna Lizaran) que padece cáncer y que intenta remediar como puede los últimos meses o semanas de vida que le quedan.

Tal como comentamos antes, el largometraje está contado a dos bandas: presente y pasado, siglo XX y siglo XXI. Dos momentos diferentes que corren en paralelo y que, en el fondo, no lo son tanto. Convence la estructura de la película. Eleva el vuelo cuando se contrastan las dos épocas. El realizador controla los tiempos de la película con muy buen tino, dilatando el dolor y el insulto, el dolor y la muerte. Por otro lado, la suciedad sepia de la fotografía de los momentos de los años 60 satura al espectador, lo devuelve de cabeza al pasado y el efectismo del melodrama traspasa la emoción. Contada con una honestidad brutal, la cinta permite que todos podamos recordar historias similares si realizamos un ejercicio de memoria.

Y, por último, y sobre todas las cosas que se puedan decir sobre este film de Ventura Pons destaca la inmensa labor de interpretación de Anna Lizaran. Doliente, cruel y sufrida. Cada vez que pronuncia un taco o un insulto, al espectador le duele. Tal es la fuerza de la recreación. Demoledora, si hubiera justicia, Anna Lizaran debiera terminar la temporada con algún que otro premio bajo el brazo. Crucemos los dedos para los próximos meses.

28/11/2008

Tráiler


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