Kym (Anne Hathaway) regresa a la casa familiar de los Buchman para la boda de su hermana Rachel (Rosemarie Dewitt). Kym lleva consigo una larga historia de crisis personal, conflictos familiares y tragedia.
Una buena parte de los amigos y conocidos de los novios se han reunido para un alegre fin de semana de fiesta, música y amor, pero Kym -con su mordacidad, agudeza y su facilidad para el drama- actúa de catalizadora de las tensiones gestadas durante mucho tiempo en la familia.
Jonathan Demme y la guionista debutante Jenny Lumet dibujan en La boda de Rachel el drama de estas personas difíciles aunque atractivas con un cariño lleno de generosidad e ironía. Un retrato familiar sincero y perspicaz.

Audio: Inglés (V.O), castellano, italiano y catalán. Subtítulos: Español, inglés, italiano, danés, finlandés, hindú, holandés, noruego, portugués y sueco.
Extras:
-Comentarios con la actriz Rosemarie DeWitt, el productor Neda Armian, el guionista Jenny Lumet y el editor Tim Squyres.
-Escenas eliminadas.
-Documentales y tráiler.
Distribuidora: Sony Pictures.
Fecha de lanzamiento: 28 de abril 2009. Precio: 17,99€.
| Anne Hathaway | Kym |
| Rosemarie DeWitt | Rachel |
| Bill Irwin | Paul |
| Tunde Adebimpe | Sidney |
| Anna Deavere Smith | Carol |
| Anisa George | Emma |
| Debra Winger | Abby |
| Dirección | Jonathan Demme |
| Guión | Jenny Lumet |
| Producción | Jonathan Demme, Neda Armian y Marc Platt |
| Producción Ejecutiva | Ilona Herzberg y Carol Cuddy |
| Fotografía | Declan Quinn ASC |
| Montaje | Tim Squyres ACE |
| Música | Zafer Tawil |

Manuel Barrero
La música y el documental son los dos pilares fundamentales en los que se sustenta el giro radical que Jonathan Demme ha dado a su carrera en los últimos años. Cansado ya de la convencional ficción academicista y de rutinarios remakes, casi le ha dado la espalda a la ficción. The Agronomist (2003) abrió el camino que han seguido los documentales sobre Neil Young o Jimmy Carter Man from Plains (2007). Sin embargo, el director de El silencio de los corderos también ha conseguido reinventarse en la ficción con su último trabajo.

No estamos ante un musical, pero la música es ingrediente esencial en el film. Presente durante todo el fin de semana en el que transcurre la acción, el director juega con su carácter diegético, disfrazándola (en numerosas ocasiones) de incidental. Aunque muchas veces no vemos a los miembros de la banda ensayando, sabemos que las notas que escuchamos están provocadas por ellos. Y cuando se nos olvida, el director nos lo termina recordando, haciéndolos visibles. Cada vez que la música subraya las emociones de los protagonistas, Demme acaba mostrando el truco. Muy significativo es ese momento intenso (uno de tantos) en el que el personaje de Hathaway pide a los músicos (que no están en esa habitación) que dejen de tocar.
Tampoco estamos ante un documental, pero Demme jamás suelta a la cámara de la mano. Desde John Cassavetes al Dogma´95, pasando por el cine independiente más actual; La boda de Rachel se presenta como una sólida combinación de elementos tomados de aquí y de allá. La cámara, siempre pendiente de su trágica protagonista, no deja de controlarla, como si de un miembro más de la familia se tratara. Siempre presente esa sensación de inmediatez y espontaneidad. Siempre latentes los traumas y problemas familiares. Como en la reciente Margot y la boda (Noah Baumbach, 2007) la celebración festiva del matrimonio propicia una honda disección de la familia.
"Es tan clarividente el análisis de Demme que no queda más remedio que rendirse ante su portentoso trabajo, así como ante el de unos intérpretes en estado de gracia"

Desgarrada y desgarradora, desde el principio se intuyen las heridas sin cicatrizar que aun duelen en el alma de los protagonistas. Con gran sutileza, se nos va desvelando el complicado entramado familiar; en cuyo epicentro se encuentra una pretérita tragedia. Imposible de curar por el empeño en ocultarla, continuamente pone en peligro el delicadísimo equilibrio del hogar. Demme se mueve de maravilla en el terreno de las emociones, sabiendo encontrar el punto exacto entre la vorágine de sentimientos (tanto positivos como negativos) que se desatan durante apenas dos días.
El elemento discordante lo pone Kym, en pleno proceso de rehabilitación, y a la que todos (incluida ella misma) ya le han asignado el rol desestabilizador. Resulta conmovedor ver cómo busca la redención, sin saber cómo hacerlo; mientras su familia tampoco es capaz de afrontar con naturalidad su relación con ella. Una madre que, en apariencia, le tiende una mano amistosa para luego retirarla (literalmente), en uno de los momentos más sutilmente crueles de la película. Un padre condescendiente, sobreprotector y que aún la trata como si fuera una niña pequeña; y una hermana con la que se disparan los sentimientos. Tan pronto se hieren de muerte recíprocamente, como tan pronto se regalan las más sinceras demostraciones de cariño.

La constante tensión entre la búsqueda de amor y los rencores mal solucionados, tienen su contrapunto pacífico en las respectivas parejas de los protagonistas. Tanto el futuro marido de Rachel, como las parejas de los padres separados, incluso el esporádico ligue de la protagonista; ponen el punto de cordura (quizás excesiva) ante tanto derroche emocional. A veces espectadores mudos, agentes conciliadores en otras ocasiones, su presencia alivia tanta carga.
Es tan clarividente el análisis de Demme que no queda más remedio que rendirse ante su portentoso trabajo, así como ante el de unos intérpretes en estado de gracia. Encabezados por una deslumbrante Anne Hathaway, secundada por la magnífica Rosemarie DeWitt (impresionante química entre las dos), todo el reparto desprende fuerza y verdad. Un cine hecho desde las entrañas, cine muy humano; al que se le perdonan pequeños defectos, como la excesiva recreación en determinados momentos.
31/10/2008
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