Un misterioso acontecimiento se repite de forma recurrente cada 24 años en un pequeño pueblo rural, Cloverdale, provocando a su paso una oleada de locura salvaje, pánico y mutilación. Es el único ciclo de una maldición, una fuerza maligna entra dentro del cuerpo de un padre de familia que acabará matando a su mujer y casi a su hijo.
24 años después, Kevin, el hijo convertido en el sheriff local, tiene que plantar cara a esa fuerza que parece haber renacido y transformado el poblado en un lugar de pesadilla.
Episodio I dirigido por Tobe Hooper de la colección Master of Horror, Temporada Segunda. Este Volumen I incluye además dos episodios más: V de vampiro (Ernest R. Dickerson) y Family (John Landis).

Master of Horror. Temporada 2. Volumen 1.
Audio: Inglés (V.O), castellano. Subtítulos: Castellano.
EXTRAS:
-Disco 1: Ficha artística y técnica. Filmografías selectas.
-Disco 2. La cosa maldita: Creando el monstruo de aceite, tráiler. Family: Carne y huesos: El making of, Música aterradora: Componiendo la banda sonora de Family, tráiler. V de vampiro: Tráiler.
Distribuidora: Manga Films.
Fecha de lanzamiento: 26 de febrero 2008. Precio: 21,99€.
| Sean Patrick Flanery | Sheriff Kevin Reddle |
| Marisa Coughlan | Dina |
| Brendan Fletcher | Deputy Strauss |
| Alex Ferris | Mikey Reddle |
| Georgia Craig | Jodi Reddle |
| Brent Stait | John Reddle |
| Ryan Drescher | Kevin joven |
| Dirección | Tobe Hooper |
| Guión basado en un relato de Ambrose Bierce | Richard Christian Matheson |
| Producción | Lisa Richardson, Tom Rowe y Ken Abraham |
| Fotografía | Jon Joffin |
| Montaje | Andrew Cohen |
| Música | Nicholas Pike |

La trama de La cosa maldita, aportación de Tobe Hooper a la segunda temporada de la serie Masters of Horror, es clásica: un hombre marcado y obsesionado por algo sucedido en su infancia, que en la madurez tiene finalmente que enfrentar la realidad de aquello que ocurrió, la verdadera causa. Una herencia maldita, que pasa los pecados o errores del padre al hijo. En el recorrido, ese hombre devorado por su pasado ve a éste resurgir implacable mediante ciertas señales: inclemencias temporales acompañadas por la locura homicida de los habitantes de la pequeña ciudad de la que es sheriff. La progresión de este personaje hacia su trágica conclusión es acaso lo mejor de la obra, gracias a un buen actor y un guionista (hijo del mismísimo Richard Matheson, y que adapta aquí un relato del gran Ambrose Bierce) que sabe cómo dosificar la información y escribir textos concisos para la voz en off muy clarificadores respecto a cómo vive su relación con el pasado.

Ciertas decisiones de Hooper en principio inexplicables parecen deberse a una curiosa intención premonitoria: la cena familiar del principio del film se rueda con una cámara que rodea la mesa sin parar, una y otra vez, de forma inexplicable, anulando la placidez de lo que tiene lugar. Posiblemente, un aviso de que eso no durará, que no nos lo creamos, que acabará pronto. Más tarde, una chica entra en una cafetería y Hooper filma sus piernas al sentarse. Nadie la mira y no tiene importancia argumental ninguna. ¿Por qué ese plano, entonces? Se explicaría más adelante, cuando, en un accidente, esa misma chica pierde esas dos mismas bonitas piernas.
Si bien este caso es interesante por lo que introduce de extrañeza en la secuencia en que se inserta, el primero es grosero en su intento de llamar a gritos sobre su presencia, e innecesario pues la interrupción de la placidez se dará en apenas dos minutos. Esto, sí se debe a lo que yo digo. Las otras posibles razones a mi juicio carecerían de toda justificación. Son las que se presentan inmediatamente después.
"La progresión de este personaje hacia su trágica conclusión es acaso lo mejor de la obra, gracias a un buen actor y un guionista (hijo del mismísimo Richard Matheson, y que adapta aquí un relato del gran Ambrose Bierce)"

Ya El baile de los muertos (2005), aportación de Hooper a la primera temporada de la misma serie, daba fe de una asimilación por su parte de los modos dominantes actuales de realización del terror: velocidad, trucos visuales (veloces sobreimpresiones, saturaciones lumínicas y flashes de centésimas de segundo de duración), música... pero todo estaba al servicio de cierta atmósfera confusa, malsana y ambigua en la que el efectismo no desentonaba del todo, especialmente en ciertas secuencias como la del alucinado viaje en coche.
Aquí esos efectos son lógicamente menos habituales, pero su aparición es siempre injustificada y contraproducente: frente al breve plano que desde más allá del marco de la puerta de la cocina encuadra de lejos la espalda del padre con la escopeta en la mano frente a la esposa que acaba de asesinar derribada contra la pared, Hooper salta a rápidas sobreimpresiones en movimiento del rostro del padre mirando a cámara con cara de malo, o lo mismo con el hijo aterrorizado que sale de la casa corriendo.

Hooper prepara bien el momento: el petróleo que cae en la mano del niño, el rostro del padre tan diferente de pronto al que habíamos conocido, sus enigmáticas palabras, la escopeta que asoma oscura de detrás de la pierna... pero ¿por qué querer decir que lo terrible es terrible, si ya se ha mostrado como tal con el texto y la planificación? ¿Qué aportan estos efectos aquí?, ¿por qué las imágenes sobreimpresionadas que generan en el niño un cuerpo confuso y desvaído, cuando no es en ese momento sino uno firme y concreto que su padre quiere destruir? ¿Qué ha sido de esa materia de la que Machen dijo era más misteriosa que el espíritu, y que en el terror olvida cada día más?
De forma distinta a la del protagonista de esta historia, en el Hooper actual el horror es algo que está en el pasado. El problema es que ahí se queda. De no ser responsable de las convenciones generadas a partir de su obra, ha pasado a ser seguidor de las de los demás. De líder a imitador. Triste momento para alguien convocado aquí en calidad de "maestro del horror".
Rubén García
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