El film de Jacques Rivette -basado en la obra de Honoré de Balzac- es la historia del joven general Armand de Montriveau que busca a través de los mares a Antoniette, Duquesa de Langeais (Jeanne Balibar), de la que se enamoró locamente cinco años atrás. Finalmente, la encuentra. La Duquesa, vive retirada en un convento mallorquín...
El general, se enamoró de ella cuando ya casada frecuentaba los bailes más extravagantes de la Restauración monárquica. Halagada por su atención, la fascinante Antoniette inicia un juego de seducción calculado, negándose siempre a Montriveau.
A pesar de las más sinceras declaraciones del joven la pasión sigue sin cumplirse, hasta que humillado, decide buscar su venganza y el amor de repente despierta en Antoniette.

Audio: Francés (V.O), castellano y catalán.
Subtítulos: Castellano y catalán.
EXTRAS:
-Ficha técnica, artística y de doblaje.
-Filmografías.
-Tráiler.
Distribuidora: Savor ediciones.
Fecha de lanzamiento: 4 de febrero 2009.
Precio: 15,00€.
| Jeanne Balibar | Antoinette de Langeais |
| Guillaume Depardieu | Armand de Montriveau |
| Michel Piccoli | Vidame de Pamiers |
| Bulle Ogier | Princesse de Blamont-Chauvry |
| Anne Cantineau | Clara de Sérizy |
| Marc Barbé | Marquis de Ronquerolles |
| Dirección | Jacques Rivette |
| Guión basado en la novela de Honoré de Balzac | Jacques Rivette, Pascal Bonitzer y Christine Laurent |
| Producción | Roberto Cicutto, Martine Marignac, Luigi Musini, Ermanno Olmi y Maurice Tinchant |
| Fotografía | William Lubtchansky |
| Música | Pierre Allio |
| Montaje | Nicole Lubtchansky |

Francisco Algarín Navarro
El General Montriveau se encuentra acampando en Mallorca. En un convento de la zona, tras una celda, está la hermana Teresa. Para poder contemplar esta celda, es preciso que se descorra un telón. La mujer se comunica con el hombre a través de una reja de considerable altura. El contacto físico apenas es posible, ya que ambos están vigilados por una tercera persona. La palabra, en cambio, es tomada con total libertad bajo el auspicio de la lengua. La monja que les vigila solo conoce el castellano y el hombre y la mujer hablan en francés, hasta que la conversación se interrumpe con una confesión para la otra mujer: "hermana, este hombre es mi amante".

El grito es expulsado con todo dolor, un profundo desconsuelo que invade a la mujer al volver a ver al hombre que ama. Sabe que es el destino quien la tiene atrapada en esa cárcel insular. La imagen nos remite a otra rodada por Jacques Rivette casi 40 años antes. En aquella ocasión, observábamos el cuerpo aprisionado de otra mujer, Suzanne (Anna Karina), que hará lo imposible por escapar del lugar. De La religiosa (La religuese, 1966), basada en un texto de Diderot, a esta La duquesa de Langeais (Ne touchez pas la hache, 2007), basada en un texto de Balzac, Jacques Rivette ha perfilado los rasgos esenciales de su cine, si bien es cierto que en su primera película, París nos pertenece (Paris nous appartient, 1960) ya encontrábamos la idea del teatro (La banda de las cuatro, El amor por tierra, Vete a saber) y el complot (Confidencial, Alto, bajo frágil), variantes esenciales de su filmografía.
El grito, una vez abierto el telón, antecede a un corte abrupto que nos lleva al cuerpo de otra mujer. Sin embargo, esa mujer, Antoinette de Langeais, es la misma. Aquí, es donde empieza la representación. El telón sugiere la escena, actúa como prólogo, pero en realidad los intertítulos nos retrotraen en el tiempo. Los espacios ahora son precisos: privados y públicos. Nos situamos en el primer encuentro entre la Duquesa y el General. Rápidamente se trazan los rasgos de la época, el contexto toma presencia subliminalmente. La Restauración en femenino, el bonapartismo en masculino.

Aunque el teatro no quede puesto en abismo como en otras ocasiones de forma física, sabemos que éste es el espacio en el que nos movemos. El texto de Balzac está mucho más presente esta vez que en otra adaptación que Rivette hizo del autor para La bella mentirosa (La belle noiseuse, 1991) -la primera fue con la descomunal película de 12 horas Out 1, noli me tangere, en 1971-. Es tal el rigor en el respeto al texto que los intertítulos son extraídos literalmente de la novela, marcando además el paso del tiempo pero también siendo usados para evocar ciertas imágenes que para Rivette no deben ser representadas. El título original de la película es además el título original de la novela de Balzac.
"La fiesta de Rivette es la mejor película de 2007, una obra descomunal en estado de gracia"
Los espacios se doblegan a la vez que los personajes: en los márgenes se mueve la Historia, el general aparece y desaparece de los encuadres, los invitados están al fondo, como un fresco, una música o una danza. Públicamente, son la Duquesa y el General, en lo privado, Antoinette y Armand. Un problema para los actores: ¿cómo dar expresión a dos personajes con un solo cuerpo? El trabajo está delimitado en el espacio, en las habitaciones, en las puertas que se abren. También en las pequeñas acciones, los gestos o las miradas furtivas. Lo que importa es el movimiento de los cuerpos en esos lugares. Como siempre en Rivette, la distancia entre un cuerpo y otro. La dificultad para tocarse. Los límites de la intimidad, pero también los de lo preestablecido.

Este tour de force es descarnado, desmesurado, profundamente doliente: toda la película se sustenta en las palabras y las invasiones del terreno simbólico. Lo que parece importar es quién tiene la fuerza, cuando en realidad esto es lo que les separa. En esta lucha late la sociedad de toda la época. Pero sobre todo es el intento desesperado y vacuo de dos individuos por amarse. Rechazos, secuestros, violencia, organizaciones secretas fantasmales -su filmografía está llena de fantasmas- en zonas sombrías donde se concentra el poder. Una marca amenazante en la cara de una mujer sonámbula y desquiciada por amor que intentará mantener una relación epistolar infructuosa.
El cálculo de Rivette es absolutamente genial: cuando la acción prosigue en Mallorca, en el epílogo, esa mujer ya no es la misma. Sólo lo será cuando yazca en los brazos de Armand, un hombre completamente abatido. Entonces, ya no es ni la hermana Teresa, ni la duquesa, sino tan sólo Antoinette. Un contacto físico que llega demasiado tarde. La historia de un fracaso.

La duquesa de Langeais es la encarnación de un misterio. El misterio, puede residir en un solo plano sostenido en el que se encuadra la puerta que cierra un salón vacío. Sin corte alguno, en una elipsis invisible, la sala está llena. La fiesta ha comenzado. La fiesta es la película: dos guionistas (Pascal Bonitzer y Christine Laurent), un director de fotografía (William Lubtchansky), una montadora (Nicole Lubtchansky) y una productora guerrillera y resistente (Martine Marignac, productora también de los Straub), los actores Jeanne Balibar (desde aquí, su maduración total como actriz), Guillaume Depardieu (una fisicidad espectacular al servicio del personaje), Michel Piccoli y Bulle Ogier, todos ellos invitados de esta gran celebración. La fiesta de Rivette es la mejor película de 2007, una obra descomunal en estado de gracia.
15/04/2008
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