Basada en hechos reales (en parte ya relatados por Orson Welles en Fraude (1974), La gran estafa cuenta cómo Clifford Irving, un escritor con dificultades para publicar, decide crear de la nada el libro que todas las editoriales quisieran publicar: la biografía del millonario Howard Hughes.
Envolviéndose a sí mismo en un halo de misterio, Irving anuncia a una de las editoriales más importantes del mundo que Howard Hughes, a quien nadie ha visto en más de una década por tener fobia a aparecer en público, ha contactado con él para que escriba su biografía.
La editorial accede a pagarle un adelanto, e Irving se introduce en una espiral de mentiras de la que le será muy difícil salir.

Audio: Inglés, castellano.
Subtítulos: Castellano, inglés.
EXTRAS:
-Tráiler.
-Entrevistas.
-Escenas de rodaje.
Distribuidora: Aurum.
Fecha lanzamiento: 26 de marzo 2008.
Precio: 17,95€.
| Richard Gere | Clifford Irving |
| Alfred Molina | Dick Suskind |
| Marcia Gay Harden | Edith Irving |
| Hope Davis | Andrea Tate |
| Julie Delpy | Nina Van Pallandt |
| Stanley Tucci | Shelton Fisher |
| Dirección | Lasse Hallstrom |
| Guión (basado en el libro de Clifford Irving) | William Wheeler |
| Producción | Betsy Beers, Mark Gordon, Leslie Holleran, Joshua D. Maurer, Bob Yari |
| Producción ejecutiva | Anthony Katagas, Gary Levinsohn |
| Fotografía | Oliver Stapleton |
| Montaje | Andrew Mondshein |
| Música | Carter Burwell |

El cine, y no sólo el de ficción, es el arte de contar mentiras a 24 fotogramas por segundo. Indudablemente el mejor ensayo cinematográfico sobre el arte del engaño fue filmado por Orson Welles y se tituló precisamente Fraude (F for Fake, 1974). El propio Welles fue un maestro de la trampa fílmica capaz de conseguir que un par de muros desvencijados lucieran como la mismísima catedral de Westminster. En octubre de 1938 protagonizó una de las farsas más sonadas de la historia con aquella célebre emisión radiofónica de La Guerra de los mundos que produjo una desbandada masiva de sus radioyentes convencidos de encontrarse ante una auténtica invasión alienígena. Inicialmente, Fraude se presenta como un documental sobre el célebre falsificador Elmyr d'Hory, que logró colocar en los museos más famosos sus falsificaciones de obras de Picasso, Matisse, Modigliani o Cezanne, entre otros. Sin embargo, en manos de Welles la película no tarda en convertirse en una reflexión mucho más compleja sobre el arte de mentir que incluye, además de al propio d’Hory, a su biógrafo Clifford Irving, autor de la polémica autobiografía apócrifa del excéntrico y misterioso multimillonario Howard Hughes sobre cuya elaboración trata La gran estafa, y al mismo Welles, que se nos revela como el más excepcional de los farsantes con una cabriola metacinematográfica final donde el mago desvela el truco por el puro placer de hacernos participes de su maestría.
"Irving y Dick Suskind (Alfred Molina) son, en definitiva, unos cínicos Quijote y Sancho modernos que de manera voluntaria y con afán lucrativo deciden convertir sus molinos en gigantes para acabar dándose de bruces con la cruda realidad de un sistema mucho más embustero que ellos mismos"

Lo único que tienen en común La gran estafa y el testamento cinematográfico de Orson Welles es la presencia de Clifford Irving, aunque en la película de Lasse Hallstrom no sea el auténtico Irving sino Richard Gere con peluquín el que aparece en pantalla, y la temática en torno a su falsa autobiografía sobre Howard Hughes. También es cierto que los pocos minutos que dedica Welles a tratar este tema son infinitamente más reveladores que las casi dos horas que invierte Hallstrom en hacer exactamente lo mismo. Es la diferencia entre la ejemplar síntesis documental aplicada por Welles y la dilatación típica de las, siempre temibles, películas de ficción basadas en hechos reales producidas dentro del sistema hollywoodiense para rellenar metraje. Por esta razón, los peores defectos que se pueden atribuir a La gran estafa recaen en aquellos momentos donde el argumento deja de exponer las argucias utilizadas por la pareja protagonista durante el periplo de elaboración de su falsario proyecto para centrarse en el retrato introspectivo de los personajes y sus tribulaciones conyugales.
Irving es mostrado en la película como un mentiroso compulsivo con tendencias esquizoides e infiel por necesidad. Sin embargo, el film también parece desprender un cierto grado de admiración por el personaje y su talento innato para el engaño que dulcifica los defectos referidos anteriormente. Esta visión mainstream de Clifford Irving repercute en el espectador, llevándole a establecer una relación de empatía con el personaje durante casi todo el metraje. Irving y Dick Suskind (Alfred Molina) son, en definitiva, unos cínicos Quijote y Sancho modernos que de manera voluntaria y con afán lucrativo deciden convertir sus molinos en gigantes para acabar dándose de bruces con la cruda realidad de un sistema mucho más embustero que ellos mismos.

A priori La gran estafa tiene algunos de los ingredientes más indigestos que puede tener una película para el que esto escribe (un director extranjero domesticado por Hollywood, una superestrella tuneada para lucirse y una historia basada en hechos reales). No obstante, ya sea por lo implícitamente transgresor de la propuesta, desperdiciada eso sí por un tratamiento excesivamente convencional, o por la estupenda banda sonora, plagada de éxitos de la Creedence Clearwater Revival y variaciones del Here Comes the Sun de George Harrison, se ve con agrado y, además, es de lo mejor que ha interpretado Richard Gere en los últimos años, lo cual no es poner el listón muy alto.
José Ramón García Chillerón
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