Una mujer desorientada y frágil es asediada por los problemas de la vida diaria. Embargan sus bienes, cierran su tienda de cosméticos y el futuro de sus dos hijos es incierto. La vitalidad de los niños contrasta con la apatía de su madre, quien lentamente se sumerge en una profunda depresión.
Viendo que ella carece de la madurez y la fortaleza necesaria para enfrentarse a todos esos problemas, los niños tendrán que salir adelante. La vida transcurre y las cosas cambian.
A veces los cambios son lentos e imperceptibles, otras bruscos y palpables, pero inevitablemente todo se transforma.

Audio: Castellano.
EXTRAS:
-Tráiler.
-Ficha artística.
-Ficha técnica.
-Biofilmografía del director.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento: 18 de junio 2008.
Precio: 15,95€.
| Paloma Morales | Señora Rivero |
| Romeo Manzanedo | Romeo |
| Jimena Jiménez | Jimena |
| Mariel San José | Dependienta |
| Álvaro Moltó | Cliente |
| Ramón Moreira | Abogado |
| Dirección y guión | Pedro Aguilera |
| Producción | Jaime Romandía, Pedro Aguilera, José María Lara y Carlos Reygadas |
| Montaje | Pedro Aguilera y Javier García de León |
| Fotografía | Arnau Valls Colomer |
| Música | Thomas Tallis |

La ópera prima del ayudante de dirección de Intacto (Juan Carlos Fresnadillo, 2001), Sangre (Amat Escalante, 2005) y Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2006) ha supuesto una grata sorpresa. Junto a La soledad (Jaime Rosales, 2007) y Yo (Rafa Cortés, 2007), conforman tres firmes apuestas morales y formales que describen una búsqueda de identidad, "una reivindicación del hombre como ser social, y una legitimación de los símbolos y la lucha como medios para alcanzar un lugar en la sociedad", en certeras palabras de Alfonso Santos Gargallo en su crítica para Cine para leer 2007, de la película de Rafa Cortés.

Las películas citadas pueden aparecer como islotes en un océano de cine español primorosamente narrativo y ajado en su acercamiento formal a la sociedad, en donde la idea de "contar historias" sigue superando demasiado a la noción de "hacer sentir la realidad".
En 1991, como eclosión, junto a Todo por la pasta (Enrique Urbizu, 1991), de lo que sería una nueva generación de directores españoles, Juanma Bajo Ulloa triunfaba en San Sebastián con otra ópera prima, Alas de mariposa, rigurosamente austera, dolorosamente vertebrada, a la que seguiría otra película, La madre muerta (1993), que llevaba al extremo algunas de las propuestas de su primer largometraje, y que sirve de preámbulo nodular para algunas de las propuestas de las actuales.
¿Qué ha sucedido en estos más de tres lustros para que, tratando temas similares, sean Alas de mariposa y La influencia películas abismalmente diferentes? Creo que, mientras en la película de Bajo Ulloa la unidad familiar persistía arraigada, los vínculos básicos sociales existían, se nos permitía intuir la desolación de sus protagonistas, que sabían que lo estaban pasando mal, que sufrían y padecían, pero que entre todas las calamidades acaecidas se podía (o no) vislumbrar luz al final del túnel, en La influencia se ha roto esa unidad lo que hace que sea una película invertebrada, diseñada con una laxa narración basada en escenas casi autónomas, que remarcan la dificultad de sentirse parte de algo, de alguien, de respirar y poder vislumbrar alguna salida. En la película de Pedro Aguilera no hay nada al otro lado del espejo y eso, asusta.
"El distanciamiento al que somete a sus personajes Pedro Aguilera implica que declamen sus diálogos, en un ejercicio difícil de abstracción, logrando, eso sí, su cometido, prohibirle al espectador una plena identificación con ninguno de los personajes, sometidos a un estrés y a la ausencia de relaciones que les impiden salir a flote"

La influencia se divide en dos partes, no explicitadas pero si observables desde el momento en que, mediada la película, Jimena se marcha con una amiga (es la primera escena en que salimos del mundo opresivo de la madre, la señora Rivero) y declama con convicción: "Mi madre es un desastre. Está loca. No hace más que tonterías. No la entiendo. Y se cree que no me doy cuenta... Yo creo que ya no trabaja". Desde ese momento, La influencia abandona progresivamente a la entonces protagonista, descrita escuetamente desde sus primeras imágenes como una mujer a punto de caer al abismo.
Primero la vemos de espaldas, luego vemos sus manos manoseando un bote de antidepresivos, a continuación en su siempre vacía tienda, en sus silencios, en su triste cotidianidad, en sus gestos repetidos día tras día, para ir adentrándose en el mundo de los hijos. La influencia se centrará entonces en Jimena y Romeo, en su fisicidad, en su caótica vitalidad, hasta "abandonar" a la madre, en una huida ralentizada, en donde suena por segunda vez Spem in alium de Thomas Tallis (1505-1585). La primera vez sonaba en el prólogo antes del título, en donde un grupo de personas pasaban ralentizados delante de la tienda, sin siquiera pararse en su mostrador. En los dos momentos la señora Rivero es abandonada, no es signo de atención.

La influencia no es una película perfecta. Quizá en eso radique parte de su magia. El distanciamiento al que somete a sus personajes Pedro Aguilera implica que los personajes declamen sus diálogos, en un ejercicio difícil de abstracción, logrando, eso sí, su cometido, prohibirle al espectador una plena identificación con ninguno de los personajes, sometidos a un estrés y a la ausencia de relaciones que les impiden salir a flote.
Rafael Arias Carrión
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