Alemania hoy. Durante la semana de proyectos, al profesor de instituto Rainer Wenger se le ocurre la idea de un experimento que explique a sus alumnos cuál es el funcionamiento de los gobiernos totalitarios. Comienza así una prueba que acabará con resultados trágicos.
En apenas unos días, lo que comienza con una serie de ideas inocuas como la disciplina y el sentimiento de comunidad se va convirtiendo en un movimiento real: La Ola. Al tercer día los alumnos comienzan a aislarse y a amenzarse entre sí.
Cuando el conflicto finalmente rompe en violencia durante un partido de waterpolo, el profesor decide no seguir con el experimento, pero para entonces es demasiado tarde: la Ola se ha descontrolado.

Audio: Alemán (V.O), castellano y catalán.
Subtítulos: Castellano, alemán y catalán.
Extras Disco 1: Making Of.
Extras Disco 2:
-Tráiler / Video-diario con el director Dennis Gansel / Escenas eliminadas / Tomas falsas / Final alternativo / Escenas extendidas / Entrevistas / Vídeo musical / Storyboards.
Distribuidora: Aurum.
Fecha de lanzamiento: 6 de mayo 2009.
Precio: 20,00€.
| Jürgen Vogel | Rainer Wenger |
| Christiane Paul | Anke Wenger |
| Frederick Lau | Tim |
| Max Riemelt | Marco |
| Jennifer Ulrich | Karo |
| Jacob Matschenz | Dennis |
| Cristina Do Rego | Lisa |
| Elyas M´Barek | Sinan |
| Maximilian Vollmar | Bomber |
| Maximilian Mauff | Kevin |
| Ferdinand Schmidt-Modrow | Ferdi |
| Tim Oliver Schultz | Jens |
| Dirección | Dennis Gansel |
| Guión (basado en el relato de William Ron Jones y en el telefilme "The Wave" de Johnny Dawkins y Ron Birnbach) | Dennis Gansel, Peter Thorwarth |
| Producción | Christian Becker |
| Fotografía | Torsten Breuer |
| Montaje | Ueli Christen |
| Música | Heiko Maile |

Alberto Figueroa
Presentada en el último Festival de Cine de Sundance y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, nominada a mejor película en los Premios del Cine Europeo, La ola llega a nuestras pantallas con el firme deseo de convertirse en el sleeper de la temporada. Parece destinada a ser la película que, estrenada con pocas copias, después del fenómeno boca-oreja todo el mundo quiera ver. Para ser sinceros, posee todos los ingredientes para que así suceda.

En los años 60 en el Instituto Cubberley de Palo Alto (California) se llevó a cabo un experimento por parte de uno de sus profesores, Ron Jones. En una de sus clases de historia, un alumno preguntó al instructor cómo era posible que, en la posguerra, los ciudadanos alemanes de a pie argumentaran que ignoraban los cruentos hechos del exterminio judío por parte de los nazis. El profesor se quedó sin respuesta en ese instante. Para solventar la cuestión, empezó a aplicar los conceptos que en la época de la Alemania nazi se instauraron: disciplina, control, sentido de comunidad, acción y orgullo. Lo que empezó siendo un ejercicio práctico y didáctico acabó tomando una fuerza inusitada.
Ésta es, en resumen, la historia que adapta La ola. Su director y guionista Dennis Gansel da un paso más a su necesidad de plantearse cuestiones. Si en su anterior filme Napola (2004) se preguntaba cómo fueron los nazis capaces de engañar a la gente, en su nueva película la acción se traslada a nuestros días para plantear una vuelta más de la misma pregunta: ¿sería posible en la actual Alemania la llegada de una dictadura, de un nuevo y temido Reich como el que instauró Hitler?
"En estos tiempos en los que el peligro de una sociedad que duerme en su individualidad pueda ser despertada por antiguas bestias, surge este largometraje para avisar de que nada es imposible"

El primer acierto a resaltar por parte del realizador y guionista es el de trasladar la acción del libro y de la historia original de la lejana y soleada California de los años 60 a la desarrollada Alemania de primeros del siglo XXI, inserta en la Comunidad Europea, con una clase estudiantil despreocupada de grandes problemas y un tanto harta de que en todas las clases de casi todas las asignaturas se repita la misma cantinela de la Alemania Nazi. Situada en la Alemania de hoy, La ola gana en verosimilitud y cercanía y, por tanto, produce más desasosiego.
En estos tiempos en los que el peligro de una sociedad que duerme en su individualidad pueda ser despertada por antiguas bestias, surge este largometraje para avisar de que nada es imposible. La película concilia un tono comercial con el reivindicativo pero ahí reside otra de sus grandes virtudes: la discreción de su discurso. Porque pese a lo terrible que cuenta, lo lleva a cabo de una manera honesta. Tan sólo pone el acento acerca de los peligros de la falta de pensamiento crítico y de la sumisión al conjunto que despersonaliza a los individuos.

Como digo, si en algo destaca especialmente La ola es en el despliegue analítico de cómo una sociedad democrática se puede transformar sin demasiado esfuerzo en una autocracia. El film, en este sentido, convence. Y mucho. Tanto que en muchos momentos da hasta miedo. Dennis Gansel extiende una serie de recursos muy sutiles a la hora de explicarnos la evolución de ese grupo de estudiantes desmotivados pero capitaneados por un líder, el profesor Wenger.
La ola está contada con un lenguaje actual, saturado, en el que la música es capaz de cargar. Gansel logra transmitir la paradoja de que sea un grupo de jóvenes los que potencialmente puedan ser capaces de transformar un sistema político pero, a su vez, es posible comunicar lo vulnerables que pueden ser la nuevas generaciones y la necesidad de una educación responsable.

Digna de ser señalada también es la recreación de su actor protagonista. La progresión del trabajo de Jürgen Vogel resulta descomunal. Su construcción del profesor Rainer Wenger da pavor en muchas ocasiones. El supuesto anarquista igual no es lo que parece. Las apariencias nunca deben ser tomadas en cuenta. En La ola menos, porque el infinito sentimiento de poder que puede dar el control de unos individuos menores de edad se ve superado ampliamente por el sentido común.
Quizás uno de los pocos aspectos donde La ola cojea sea en algunas de las relaciones de los adolescentes entre sí. La relación de Karo (Jennifer Ulrich) con el protagonista Marco (Max Riemelt) viene demasiado marcada por el tópico. Aunque le resta redondez al conjunto, no le quita fuerza. Los puntos más flojos del argumento vienen íntimamente unidos a esta relación interpersonal entre los dos adolescentes protagonistas. Juega la película, en ese momento, la baza del enfrentamiento sentimental y, en cierta manera, pierde ese punto de sutileza que se planteaba al inicio. No resulta eficaz por cuanto convierte toda esa subtrama en algo bastante esperable.
Ninguna sociedad está libre del peligro de muchos tipos de fascismos. Por eso, La ola se convierte en una película necesaria, decidida e inteligente. Muy recomendable.
26/11/2008
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