Julia (Martina Gusman) es acusada de la muerte de Nauel, un hombre con el que mantenía una relación, e ingresada en la unidad penitenciaria donde se alojan las reclusas madres y embarazadas.
Mientras espera a que nazca su hijo, dos mujeres se incorporan a su vida: Marta, una compañera de reclusión que ya ha criado dos hijos dentro de la cárcel y que se convierte en guía y consejera; la otra es Sofía, su propia madre, un personaje ambiguo con el que Julia se reencuentra después de muchos años y que tratará de reparar los errores del pasado.
En la causa policial por la muerte de Nahuel hay otro sospechoso: Ramiro, también amante de Julia y, junto a Nahuel, posible padre del niño.
Audio: Castellano (V.O.)
Extras:
-Tráiler.
-Ficha técnica.
-Ficha artística.
-Filmografías destacadas.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento: 25 de marzo 2009.
Precio: 15,95€. No recomendada menores de 13 años.
| Dirección | Pablo Trapero |
| Guión | Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre, Pablo Trapero |
| Producción | Pablo Trapero, Youngjoo Suh |
| Coproducción | Walter Salles |
| Producción ejecutiva | Martina Gusman |
| Fotografía | Guillermo Nieto |
| Montaje | Ezequiel Borovinsky, Pablo Trapero |
| Música | Intoxicados, Chango Spasiuk, Los Palmeras |

Nuria Dufour
Coloquialmente, "leonera" significa espacio revuelto y ahí, en un lugar lleno de despojos y vacíos, es donde van a sucederse cinco años en la vida de una de tantas presas, una joven a la que el destino conduce por un camino de difícil recorrido el día en que se ve involucrada en un suceso fatal por el que el guión pasa, intencionadamente, de puntillas porque lo que aquí importa es otra cosa. Pero también "leonera" se refiere al sitio donde los leones permanecen encerrados y, como una leona reacciona Julia Zárate (Martina Gusman), la protagonista, cuando desde el otro lado de la verja, el egoísmo de una madre, que nunca lo fue, regresa para limpiar sus escrúpulos, aunque con ello haga añicos a otra madre que lucha por serlo. Y de esto, de la crianza de los niños entre rejas, es de lo que trata Leonera.

Con esta película, quinta en su filmografía, el realizador argentino Pablo Trapero ha pretendido "una habitación para el debate y la reflexión" sobre las condiciones en que los hijos de las reclusas viven en las cárceles de cualquier lugar del mundo, unos niños cuyo desarrollo vital nace acotado, situación que se repite en prácticamente todos los sistemas penitenciarios y en la que no hay concierto en la edad tope que el menor debe permanecer junto a la madre (en Argentina hasta cumplir los cuatro años, en España el límite son los tres, en otros países europeos la estancia se prolonga mientras dure el periodo de lactancia).
Sin caer en sentimentalismos vacuos ni en especulaciones maniqueas, el guión construye una historia sólida, destemplada y lo suficientemente objetiva para contarnos, a través de la adaptación introspectiva de Julia, el hilo conductor, a su nuevo entorno, el día a día de un módulo de una penitenciaría argentina en el que conviven madres e hijos lo mejor que pueden.
"Leonera refleja sin enredos una realidad que conmueve. Su estética realista, expresa el devenir de unas vidas condenadas a no ser vistas. La interpretación de Martina Gusman encierra una sinceridad sobrecogedora, idéntica a la del resto del reparto formado, en su mayoría, por actores no profesionales"

En los últimos meses, el cine y la televisión han fijado su atención en ambientes carcelarios femeninos, plasmando sus complejas realidades en forma de ficciones más o menos sugestivas. A la liviana El patio de mi cárcel (Belén Macías), sobre el efecto terapéutico que el teatro ejerció en un grupo de presas allá por los ochenta, y a la explícita teleserie Capadocia, acerca de la conveniencia o no de privatizar los presidios en México por intereses puramente partidistas, se suma, tras su paso por varios festivales internacionales, el estreno de Leonera, una coproducción a tres bandas -Argentina, Brasil (Walter Salles, el director de Estación Central de Brasil) y Corea (los productores del director surcoreano Kim Ki-duk)-, que rebosa de emoción y no llega a desbordarse, a pesar de la crudeza de su relato, narrado a contraluz, sin restricciones.
La película empieza con un asesinato, el de Nahuel, el novio de Julia Zárate, del que ella es acusada como principal sospechosa junto a Ramiro (Rodrigo Santoro), amigo íntimo del finado. La joven entra en prisión embarazada y tarda en comprender lo que le está sucediendo, mostrándose retraída. Pero con la llegada del pequeño Tomás, Julia comienza a sentir la necesidad de sobrevivir y de construirse una vida. De la anterior, el guión apenas apunta datos, como tampoco lo hace del proceso judicial, salvo unas secuencias de los dos inculpados enfrentando testimonios. Otros personajes femeninos acompañan a Julia en su proceso de supervivencia. Uno positivo y protector, Marta, presa y madre de dos hijos que también está criando allí, como ella, y el otro, negativo y destructor, Sofia (Elli Medeiros), la madre que quiere purgar su conciencia dando al nieto lo que negó a la hija.

Acompañada de una música de acordes infantiles, Leonera refleja sin enredos una realidad que conmueve. Su estética realista, expresa el devenir de unas vidas condenadas a no ser vistas. La interpretación de Martina Gusman encierra una sinceridad sobrecogedora, idéntica a la del resto del reparto formado, en su mayoría, por actores no profesionales. Julia está presente en casi todas las secuencias, con una progresión dramática prudente, alejada de efectismos engañosos, que no deja indiferente, hasta que al final personaje y ficción se pierden en su huida hacia delante, en una resolución concreta y onírica en proporciones gemelas.
05/10/2008
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