Leones por corderos (Lions for Lambs) - crítica y tráiler | Cine Kane 3

Leones por corderos

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Sinopsis

En una oficina del congreso, el senador Jasper Irving, aspirante a la presidencia, está a punto de soltar una bomba en forma de noticia acerca de una nueva estrategia bélica a una perspicaz periodista de televisión, mientras que ambos participan en un feroz juego del gato y el ratón, en el que intervienen el ingenio, el encanto y la evasión.

En una universidad de la costa occidental el doctor Malley se enfrenta a un alumno privilegiado.
Al otro lado del planeta, en el ardor del combate en Afganistán, dos de los antiguos alumnos del doctor Malley ponen al descubierto los argumentos de sus mentores y sus políticos en una cruda lucha por la mera supervivencia, cuyas consecuencias se harán sentir a lo largo de toda su vida.

  • País:EE.UU.
  • Año:2007
  • Estreno:9 de noviembre 2007
  • Duración:1h.36min.
  • Titulo original:Lions for Lambs
  • Distribuidora:Fox

Características del DVD

Audio: Inglés, castellano, italiano y polaco.

Subtítulos: Castellano, inglés, castellano y polaco.

EXTRAS:

-Comentarios del director Robert Redford.

-Cómo se hizo.

-Del guión a la pantalla.

-El legado de United Artists y tráilers.

Distribuidora: Twentieth Century Fox.

Fecha de lanzamiento: 19 de mayo 2008. Precio: 19,95€.

Intérpretes

Robert Redford Profesor Stephen Malley
Meryl Streep Janine Roth
Tom Cruise Senador Jasper Irving
Michael Peña Ernerst Rodriguez
Andrew Garfield Todd Hayes
Derek Luke Arian

Ficha Técnica

Dirección Robert Redford
Guión Mathew Michael Carnahan
Producción Mathew Michael Carnahan, Tracy Falco, Andrew hauptman, Robert Redford
Producción ejecutiva Tom Cruise, Daniel Lupi, Paula Wagner
Fotografía Philippe Rousselot
Montaje Joe Hutshing
Música Mark Isham

Crítica

Ciudadano Redford

© Twentieth Century Fox
© Twentieth Century Fox

Mientras nuestro ex-presidente Aznar comienza la campaña de promoción para su nuevo libro, titulado Cartas a un joven español, el cineasta estadounidense Robert Redford pone en marcha la difusión mundial de su séptima película; el paralelismo no es en absoluto banal, puesto que mientras el primero emplea su literatura para ratificarse en extremas posiciones ideológicas que no rectifican ni un ápice sus abultados errores políticos del pasado, entre los que se encuentra su ciega adhesión al concepto de relaciones internacionales de George W. Bush, el segundo compone su propia película para un joven estadounidense en la que, sin desmenuzar una crítica directa, da por hecho el enorme distanciamiento entre el pueblo de EE.UU. y su actual presidente.

El último filme de Redford es, sin duda, una obra fundamentalmente de discurso. De hecho, él es un director que nos ha ofrecido tan sólo siete películas en los 27 años que lleva tras las cámaras, lo que resulta esclarecedor de que sólo filma cuando tiene algo que decir. La gran diferencia es que en este caso su poética se ha puesto, más que nunca, al servicio del mensaje y, más concretamente, de un mensaje contundentemente político. Y no resulta secundario que esta idea provenga de una persona convertida en personaje (mítico actor, influyente productor, prestigioso director), un personaje nacido en el corazón mismo del sueño americano.

© Twentieth Century Fox
© Twentieth Century Fox

Un viejo profesor de Ciencias Políticas (Stephen Malley/Robert Redford) trata de motivar a un brillante alumno (Todd Hayes/Andrew Garfield) para que ponga su capacidad al servicio del compromiso con la realidad, mientras que un senador republicano que se perfila como el futuro líder del partido (Jasper Irving/Tom Cruise) trata de involucrar a una prestigiosa periodista (Janine Roth/Meryl Streep) en la promoción de la nueva estrategia del Gobierno en Afganistán; entre tanto, y como resultado de esa operación militar, dos soldados que fueron alumnos de Stephen luchan por sobrevivir a una emboscada entre las montañas del país asiático.

El filme comienza y termina con el joven Andrew ante la televisión, pero entre ambas imágenes ha mantenido una conversación con su profesor que, aparentemente, no le ha dejado indiferente: ése es el centro, no sólo narrativo sino también conceptual, de toda la película. Redford trata de colocarnos ante el espejo de un joven ciudadano estadounidense desconcertado, en cuyas manos se encuentra la enorme responsabilidad de ofrecer su criterio y su trabajo al servicio de una sociedad mejor. Leones por corderos es, sí, una obra sobre el concepto de ciudadanía. En la narración estructurada por el guionista Matthew Michael Carnahan todos los personajes realizan afirmaciones que podemos compartir, pero ninguno de ellos carece de responsabilidad ante la delicada situación internacional de EE.UU. El ciudadano no puede esperar la solución de supuestos políticos brillantes, o periodistas que parecen íntegros o bienintencionados soldados patrióticos: nadie tiene en su mano la solución y, ante ello, hay que posicionarse necesariamente.

"La mayor crítica que se le puede hacer al filme: no es necesario sacrificar el esqueleto expresivo de una obra en aras de un mensaje potente"

© Twentieth Century Fox
© Twentieth Century Fox

Esta breve, algo frágil pero seria lección de ética que nos ofrece Redford, no deberíamos dejarla pasar inadvertida por su escasa atracción estética, y ni siquiera estamos en disposición de mirar para otro lado, como si se tratara de un discurso destinado al consumo interno en su país: debe concernirnos, y no sólo por la clara implicación de nuestro país en la guerra de Irak o el conflicto de Afganistán sino, sobre todo, porque la mayoría de sus interrogantes poseen una trascendencia universal.

El filme presenta un excelente balance en lo que respecta a su base discursiva: la construcción del armazón ideológico, los diálogos y el trabajo de los actores. Redford demuestra que puede llevarse a cabo una película sólida con la vieja estructura narrativa del plano/contraplano, que es posible ofrecer un discurso complejo en menos de hora y media, y que se puede trabajar con actores estrella sin que se superpongan al contenido. Es cierto que hay que reprocharle un didactismo es ocasiones excesivo (aunque con la buena coartada de la dialéctica profesor/alumno), algún exceso de sentimentalismo (la muerte de los soldados) y que las interpretaciones, aún siendo notables, no forman parte de lo mejor de las respectivas carreras (Cruise algo plano, Streep envarada en exceso y el propio Redford poco esforzado). No cabe duda de que es la mayor crítica que se le puede hacer al filme: no es necesario sacrificar el esqueleto expresivo de una obra en aras de un mensaje potente.

© Twentieth Century Fox
© Twentieth Century Fox

La principal debilidad de la película es que cae en esa tentación. Si Redford hubiera sintetizado más el contenido y la forma estuviese trabajada con más rigor, la película redoblaría su eficacia política y expresiva. De hecho, las imágenes de los soldados estadounidenses atrapados entre la nieve afgana, su presencia en los monitores del satélite como si se tratara de dos manchas insignificantes, y los primeros planos de los rostros de la periodista (emocionada y desencantada) y del estudiante (desconcertado y abrumado), constituyen lo mejor del filme, porque es lo que conecta de un modo más directo con la emoción propia de la bella poesía repleta de sentido.

Por Enrique Pérez Romero

Tráiler


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