Un hombre escribe, vive y ama en la oscuridad. 14 años antes sufrió un brutal accidente de coche en la isla de Lanzarote. En el accidente no sólo perdió la vista, también perdió a Lena, la mujer de su vida.
Este hombre usa dos nombres, Harry Caine, lúdico seudónimo bajo el que firma sus trabajos literarios, relatos y guiones, y Mateo Blanco, su nombre de pila real, con el que vive y firma las películas que dirige. Después del accidente, Mateo Blanco se reduce a su seudónimo, Harry Caine. Si no puede dirigir películas se impone sobrevivir con la idea de que Mateo Blanco murió en Lanzarote junto a su amada Lena.
En la actualidad, Harry Caine vive gracias a los guiones que escribe y a la ayuda de su antigua y fiel directora de producción, Judit García, y de Diego, el hijo de ésta, secretario, mecanógrafo y lazarillo.

Audio: Castellano. Subtítulos: Castellano para sordos y audiodescripción.
Extras:
-Pedro dirige a Penélope Cruz.
-Escenas inéditas.
-Cortometraje La concejala antropófaga.
-Tráiler y teaser.
-Galería de fotos.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento: 25 de noviembre 2009. Precio: 15,95€.
| Penélope Cruz | Lena |
| Lluís Homar | Mateo Blanco / Harry Caine |
| Blanca Portillo | Judit García |
| Ángela Molina | Madre de Lena |
| Carmen Machi | Chon |
| Rubén Ochandiano | Ernesto |
| Lola Dueñas | Lectora de labios |
| Dirección y Guión | Pedro Almodóvar |
| Producción | Agustín Almodóvar |
| Fotografía | Rodrigo Prieto |
| Música | Alberto Iglesias |
| Diseño de Arte | Víctor Molero |
| Diseño de Producción | Antxón Gómez |

Alberto Figueroa
El pasado viernes 13 de marzo todos los medios coincidieron en señalar como titular una frase que Pedro Almodóvar destacó en la rueda de prensa de presentación de su último filme. "Los abrazos rotos es mi declaración de amor al cine". Efectivamente, así es. Pocas frases podrán definir mejor el espíritu de la última película del director ciudadrealeño.

Los abrazos rotos está inspirada por el cine desde el principio -un arranque hermosísimo y egocéntrico a partes iguales- hasta la última secuencia. Es evidente que el cineasta manchego utiliza, una vez más, en su cine momentos irrepetibles de otras producciones para cargar de significado e intensidad algún momento de su filmografía. Este recurso resulta efectivo en algunos momentos, en otros, sin embargo, no tanto.
Si bien, el instante en el que Lluís Homar y Penélope Cruz ven Te querré siempre (Roberto Rossellini, 1954) es escalofriante, otros momentos como la mención de todos los títulos de la colección de DVD de Lluís Homar rematado con Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1957) es totalmente innecesario. La tendencia de Pedro Almodóvar a lo referencial de todas las películas, libros, músicas y demás elementos artísticos que inspiran al autor se lleva hasta el extremo. Necesario en algunos casos, en otros resulta redundante tanta mención a tanta película y a tanto libro de esa forma tan ampulosa.

Los abrazos rotos es una película compleja, dura, de muchos y desiguales niveles pero, sobre todo, arriesgada. Se plantea como la aproximación de Almodóvar a cierto sentido de cine negro, a una visión fatalista de sus personajes y, a su vez como ya digo, a un canto de amor hacia el Séptimo Arte. Por fortuna, la aproximación al cine noir -no como en La mala educación (2003) o Carne Trémula (1997)- está mezclada con otros tonos y otros géneros. En este sentido tiene más que ver con Kika (1993) aunque desde una mayor madurez que con las anteriores mencionadas.
La comedia vuelve a ocupar el lugar que tenía en el cine del manchego. Aunque no sea en un sitio eminente, las secuencias más chistosas son las que mejor funcionan en el conjunto de Los abrazos rotos. El personaje de Lola Dueñas está destinado a entrar directamente en el imaginario colectivo almodovariano. De la misma forma, todas las secuencias adaptadas de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) sirven para dar la vuelta a un material y tomar nuevos significados pero también se convierten en elemento cómico y central a tener en cuenta. Nostalgia por revivir esas clásicas secuencias de Mujeres... frente a la negrura del resto.
"Los abrazos rotos es una película compleja, dura, de muchos y desiguales niveles pero, sobre todo, arriesgada"

La película empieza lentamente y alza sus alas cuando explota en condiciones el trío amoroso formado por Penélope Cruz, Lluís Homar y José Luis Gómez. Así, la secuencia más poderosa del largometraje es la del doblaje de Penélope a su propia imagen filmada, auténtico cenit de Los abrazos rotos. De una riqueza infinita, evocadora, ambigua y simbólica, la mujer real se sitúa frente a la mujer retratada, la mujer ideal frente a la real, la misma dualidad del personaje de Penélope Cruz, brillantísima en su interpretación. No obstante, pierde fuelle al resolver este conflicto. La tan publicitada visita del cineasta a la isla de Lanzarote sólo sirve para mostrar unas imágenes bellísimas del entorno canario pero el interés de la relación y su sentido de amour fou -pese a lo intenso de la secuencia de Te querré siempre de Rossellini- se desvanece desde el momento en el que no vuelve a aparecer José Luis Gómez.
Otro elemento que apoya lo arriesgado de la última propuesta de Almodóvar es su estructura narrativa. De la misma forma que a La mala educación (2003) le sobraban vueltas de tuerca, era demasiado retorcida como para ser entendible, a Los abrazos rotos le falta un revés más rotundo para que los conflictos que plantea sean únicos y atractivos. Si no, solamente queda como una bonita y bien planificada envoltura que no consigue emocionar. Le falta ese punto de sentimiento al conjunto que queda demasiado frío.
El riesgo principal antes mencionado es que en Los abrazos rotos los personajes hablan, se explican y, sobre todo, se confiesan cuando ya todo ha pasado. Es una bella idea, un atractivo planteamiento que en su desarrollo pierde fuerza y, sobre todo, interés. El monólogo en Chicote de Blanca Portillo, por ejemplo, posee menos magnitud cuando hace ya tiempo que el espectador ha adivinado la trama y, en cierta manera, decepciona cuando espera algo más que lo que dice. Todo lo que se resuelve en el presente se soluciona hablando, no hay ningún acontecimiento que determine esos momentos. Quizás los relativos a la trama del personaje de Ochandiano pero está tan torpe y abruptamente resuelto -con la rápida y confusa llamada de Lluís Homar a Blanca Portillo- que tampoco aporta nada.

En definitiva, el decimoséptimo largometraje de Almodóvar se convierte en la tercera aproximación contundente al cine negro y en la más acertada de las tres.
Sin embargo, permanece una sensación de frialdad en todo el conjunto -evitadas, por fortuna, por las secuencias cómicas- que convierte al filme en un ejercicio de bellísima envoltura pero de muy irregular desarrollo.
17/03/2009
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas