Lina (Goya Toledo), Sandra (Candela Peña) y Eva (Mar Flores) poseen distintas procedencias pero las tres son mujeres atractivas que trabajan en el cine clasificado "S" que se produjo en España durante la transición.
Lina adoptará una conducta autodestructiva que le arrastrará al consumo de drogas. Eva se casará con un productor de películas "s" y a Sandra, con más dotes para la interpretación, sus deseos de superarse le arrastrarán a la soledad.
En las películas del destape los guionistas inventaban cualquier excusa para desnudar a las actrices (Nadiuska o Blanca Estrada saltaron al estrellato). Pero el cine clasificado "S" iba más allá en sus escenas, sin llegar a ser pornográficas, el sexo era más explicito.

Audio: Español. Sin subtítulos.
Extras:
-Cómo se hizo.
Distribuidora: Universal Pictures.
Fecha de lanzamiento: 30 de abril 2009.
Precio: 19,99€.
| Candela Peña | Sandra |
| Goya Toledo | Lina |
| Mar Flores | Eva |
| Antonio de la Torre | Marcos |
| Jorge Calvo | Tino |
| Dirección y guión | Dunia Ayuso y Félix Sabroso |
| Producción Ejecutiva | Koldo Zuazua y Pepe Torrescusa |
| Fotografía | David Azcano |
| Dirección Artística | Javier Fernández |
| Montaje | Ascen Archena |
| Sonido | Jorge Ruiz |

Rubén García López
En buena parte del rechazo a la pornografía se encuentra el mismo prejuicio: el rostro es entendido como el lugar del ser humano, y el cuerpo como el del animal, la cosa, el objeto. El cuerpo es lo que no es humano, luego insistir en él más que en el rostro comporta una objetualización de la persona. Éste es el silogismo oculto detrás de la gran mayoría de opiniones sobre pornografía. Enfocar el culo, y no la cara, es deshumanizar.

Los años desnudos lo presenta con prístina claridad en la primera secuencia: un casting. El personaje de Candela Peña, sola en medio de una habitación inhóspita y un plano fijo general, presenta su currículum, pero una voz cuya procedencia nunca veremos le pide que se desnude. Omnipotente mandato masculino. Ella lo hace: un cuerpo solo e íntegramente desnudo en un desolado encuadre. Entonces pide recitar un monólogo de Doña Rosita la soltera. El texto alude hiriente a las miradas que no se despegan de su cuerpo, e inmediatamente aparece el primer plano de la actriz que recita triste. Un texto alusivo y una focalización en el rostro como denuncia de la vejatoria desnudez.
Esta película será entonces una denuncia del maltrato de unos cuerpos, hecha básicamente a través de unos rostros. Los sexualmente ávidos de los hombres, que pueden en ocasiones manipular y utilizar esos cuerpos que miran, y sobre todo los de las mujeres observadas, que si bien se dejan hacer más o menos, saben en sus ojos (sus almas, siempre vidriosas), las vejaciones que sufren, lo miserable de su situación. Pero esta herramienta es un prejuicio infundado.
"Los años desnudos es en realidad una película de tesis, pero no la defiende bien porque, entre otras cosas, no presenta contra-argumentos. Condena sin apenas analizar"

A Los años desnudos le pierde la facilidad (simplificación, reducción) de su retórica conservadora: la fiesta, en realidad venenosa, de los setenta, la engañosa libertad seguida de la catástrofe ochentera. Tan solo hay burla de la relación entre libertad y desnudez, más pequeña ciertamente de lo proclamado (sobre todo porque sólo se desnudaban las mujeres y sólo consumían los hombres), pero existente en cierto grado en un plano estético y también político. Esta película no está lejos de la doble moral de Ozores o el landismo (aunque está por debajo pues se carece del cinismo de aquellas): defensa de la libertad pero sin pasarse, que el libertinaje solo lleva al desastre.
No hay nostalgia alguna en Los años desnudos: el S triunfó por barato, por taquillero, y la apertura sexual en las pantallas no fue acompañada por una similar en las costumbres sino alentada por los mismos machistas reprimidos de siempre. De ahí la mejor frase del film: "los hombres para mujeres como vosotras todavía no existen".

Esta visión es bastante justa, pero no está bien (de)mostrada: el film es parcial, y moralista en el peor sentido. Su auténtica afirmación es propia de debates televisivos y colegios religiosos: se empieza con los porros y se acaba con la heroína. Empiezas desnudándote por dinero en una película y acabas muerta, o mal casada, o sola. Esto habrá sido así en ciertos casos, pero la verdad no es una parte de la realidad, sino la interrelación de sus diversos aspectos. Los años desnudos es en realidad una película de tesis, pero no la defiende bien porque entre otras cosas no presenta contra-argumentos. Condena sin apenas analizar.
En realidad, Los años desnudos vive de identificar desnudez con prostitución, de equiparar ambas actividades como vejaciones donde las mujeres entran forzadas, más o menos voluntariamente pero siempre porque no les queda más remedio. Sea esta tesis acertada o no (que no), lo importante es cómo se defiende. Y solo hay tres vías en este film, del todo insuficientes: personajes puntuales que plantean, siempre verbalmente, la crítica a la "fiesta" vivida por los protagonistas (el caso de la entrevistadora del inicio, insultantemente obvia amén de superficial), el devenir de estos y, desde luego, los rostros. Ojos perpetuamente vidriosos en cada momento de mínima tensión; presencia constante del alma, para denunciar la manipulación de los cuerpos (y tenía corazón...). Será que aquí no se trata del solaz sexual, sino del regodeo en la pena que nos dan esos cuerpos desnudados. Ya no nos basta la elocuencia del cuerpo desnudo en la habitación fría: hay que verlas llorar.
24/10/2008
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