Un hombre descubre a través de sus prismáticos a una preciosa joven e intenta encontrarla en la profundidad del bosque. De repente, un individuo con el rostro cubierto de vendas de color de rosa y armado con unas tijeras le ataca por la espalda. Consigue huir y alcanza un complejo científico en mitad del bosque. Allí, una máquina le transporta al pasado poco más de una hora. A partir de ese momento el misterio se empieza a resolver... y todo se complica de veras.
Piezas de un imprevisible puzzle en el que el terror, el drama, el suspense le arrastrará hasta un crimen inimaginable. ¿Quién es el asesino?
Debut en el largometraje de Nacho Vigalondo (nominado al Oscar por el cortometraje Las 7:35 de la mañana). Entrevista.

Audio: Castellano, catalán.
Subtítulos: Inglés, castellano para sordos.
EXTRAS:
-Tráiler.
-Ficha técnica.
-Ficha artística.
-Filmografías destacadas.
Distribuidora: Cameo.
Fecha de lanzamiento [alquiler]: 19 de noviembre 2008.
| Karra Elejalde | Héctor |
| Nacho Vigalondo | Chico |
| Bárbara Goneaga | Chica |
| Candela Fernández | Clara |
| Dirección y guión | Nacho Vigalondo |
| Producción | Esteban Ibarretxe, Eduardo Carneros, Jabier Ibarretxe |
| Coproducción | Norbert LLarás, Jordi Rediu, Santi Camuñas, Jorge Gómez |
| Fotografía | Flavio Labiano |
| Montaje | Jose Luis Romeu |
| Música | Chucky Namanera |
| Dirección artística | José Luis Arrizabalaga y Arturo García (Biaffra) |

Xavi Fortino
El viaje en el tiempo es, al menos para quien esto escribe, uno de los temas más apasionantes que ofrece la ciencia-ficción, por tres motivos (si no le gustan tengo otros). Uno, el viaje en el tiempo puede servir como punto de partida de un número de historias prácticamente infinito. Dos, su universalidad: ¿quién no ha fantaseado con viajar en el tiempo, ya sea hacia atrás o hacia adelante? Y tres, el más estimulante de todos: las consecuencias no previstas del viaje en el tiempo. Las paradojas, benditas ellas, que tanto gustan a escritores, científicos y aficionados.

Cuando se habla de viajes en el tiempo, uno suele pensar en yanquis en la corte del Rey Arturo, dinosaurios, civilizaciones remotas o futuros aún más remotos. Los Cronocrímenes se marca su primer tanto al proponer un viaje en el tiempo de sólo una hora. No hace falta más para construir una película más que interesante. Y barata, que no es poco: al igual que los geranios de M. Night Shyamalan, con quienes comparte cartelera, Los Cronocrímenes demuestra que el cine fantástico no necesita tanto presupuesto como talento.
Vigalondo lo tiene, y lleva años dando muestras de él en sus cortometrajes y sketches de televisión. Su querencia por lo absurdo, su particular sentido del humor, su manía de traspasar las barreras de los géneros y difuminar la línea que separa a lo fantástico de lo cotidiano son algunas de las señas de identidad de un director que se estrena en el largo con una mezcla entre tebeo cincuentero de la E.C. y Philip K. Dick... con regusto a carajillo.
"Hábil contador de historias, y sabedor de que el público siempre tratará de adelantarse a la historia, Vigalondo emplea las convenciones del género a su favor para darles la vuelta y pillar desprevenida a la audiencia"

Unos prismáticos, una chica desnudándose en el bosque y una momia rosa con gabardina. Así comienza la bizarra aventura de Héctor (Karra Elejalde), un protagonista no necesariamente simpático que se ve zarandeado por acontecimientos en los que no se puede distinguir (ni él, ni nosotros) la causa del efecto. Sería injusto para el espectador decir una palabra más sobre el argumento de la película y privarle de desentrañar por sí mismo las claves de un guión hábil e inteligente, sin lugar a dudas el punto fuerte de la cinta.
Carga Elejalde con el peso de la historia, y uno no sabría decir si su interpretación, fría y distante, es intencionada o fortuita, acertada o discutible. Es un actor que se me hace extraño. Pero sea como sea funciona, al igual que funcionan la enigmática Bárbara Goenaga y el científico de bolsillo interpretado por el propio director.

Hábil contador de historias, y sabedor de que el público siempre tratará de adelantarse a la historia, Vigalondo emplea las convenciones del género a su favor para darles la vuelta y pillar desprevenida a la audiencia. El espectador de Los Cronocrímenes es como un niño al que acaban de quitar los ruedines de la bicicleta y de pronto descubre, con horror y demasiado tarde, que la carretera es cuesta abajo y su padre le ha soltado hace veinte metros. La historia zigzaguea, se pliega y se retuerce, planteando situaciones tan inesperadas como, bien mirado, lógicas.
Desde Acción Mutante (Álex de la Iglesia, 1993) no veíamos por aquí un debut tan prometedor, entretenido y rabiosamente personal. A medio camino entre el cine de autor, la ciencia-ficción dura y la serie B más desenfadada, Los Cronocrímenes ha visto premiada su valentía y buen oficio en numerosos festivales internacionales, remake americano incluido. Pero a pesar de su éxito, la película ha tardado demasiado en estrenarse en su país de origen. No es este el lugar donde criticar la miopía de la industria (¿industria?) patria, pero... ¿alguien ha dicho paradoja?
La simple llegada de Los Cronocrímenes a nuestras pantallas ya debería ser motivo suficiente de alegría. Pero es que además es buena, la condenada.
15/06/2008
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