Mark (Daniel London) y Kurt (Will Oldham) son amigos desde siempre. Un fin de semana deciden irse de acampada en las montañas de Oregón. Kurt va por libre, no ha sentado la cabeza ni echado raíces ni está cansado de explorar. Mark empezó con una chica que ha llegado a novia y a un embarazo.
Pasan las horas, el paisaje cambia, mucho silencio y uno frente al otro empiezan a desconocerse. Lo que hubo está ahí pero ya no es, ya no son los chiquillos que se ataron a fuerza de idealismo, ya no comparten casi nada.
Nunca recuperarán lo perdido, pero mientras recorren las montañas en busca de un manantial de aguas termales, intentan reemplazarlo.

Audio: Inglés (V.O).
Subtítulos: Español.
Colección Pack Gijón que incluye: A Time For Drunken Horses (Bahman Ghobadi, 2000), Benjamin Smoke (Jem Cohen y Peter Sillen, 2000), Dog Days (Ulrich Seidl, 2001) y Adam & Paul (Leonard Abrahamson, 2004).
Distribuidora: Avalon.
Fecha de lanzamiento: 24 de diciembre 2008.
Precio: 39,95€.
| Dirección | Kelly Reichardt |
| Guión | Jonathan Raymond y Kelly Reichardt |
| Producción | Lars Knudsen, Neil Kopp, Anish Savjani y Jay Van Hoy |
| Montaje | Kelly Reichardt |
| Fotografía | Peter Sillen |
| Música | Yo la tengo |

Francisco Algarín Navarro
Con los ojos cerrados, descalzo, en medio de su pequeño jardín, Mark trata de relajarse. Apenas quedan unas cuantas horas de luz. El plano es interrumpido súbitamente: un molinillo acaba con el silencio, mientras la mujer de Mark prueba el batido y escucha la voz de Kurt en el contestador. En lugar de coger el teléfono, avisa a Mark y escuchamos su voz desplazándose por los cables con el cielo como fondo. Kurt le propone acampar el fin de semana en un balneario campestre y comienzan los preparativos. ¿Qué clase de velocidad adquieren estos acontecimientos donde lo postergado se revela como fundamental? Lo esencial de estos primeros minutos es ejercer la interrupción del placer solitario para que, cuando luego se alcance su consumación, la diferencia se vuelva especialmente notable.

Decíamos en las crónicas de Gijón a propósito de Wendy and Lucy (2008) que Kelly Reichardt es una cineasta de gestos mínimos. También hablábamos de las dualidades que, a lo largo de su filmografía, han estado siempre presentes adquiriendo formas múltiples. Pero sobre todo, es una cineasta fundamental en su condición de topógrafa. Así, en el trayecto que separa la casa de Mark de la de Kurt, atisbaremos pequeños frescos líquidos que, en su suma, concluyen por formar un crisol viviente del estado de Oregón. Estas imágenes, filmadas de forma lateral, donde el paisaje siempre termina por desvanecerse a un lado del encuadre, son punteadas por las emisiones de un programa de radio: una voz superpuesta al rostro de un Mark pensativo.
Old joy (2006), el viejo gozo de dos amigos. Cuando llega Kurt, su voz sustituye a la radiofónica para avivar una y otra vez viejos recuerdos que compartir con Mark. Hasta este momento, Reichardt filma las pequeñas edificaciones recurriendo siempre a encuadres muy cerrados, que bien podrían recordarnos al comienzo de Buenos días (Ohayô, 1959) de Ozu. En su discurrir temporal, combinando dilataciones con contracciones abruptas (la espera en la terraza de la casa de Kurt), también encontramos una misma sintonía, pero con el comienzo del viaje algo cambia rápidamente. Kurt trae un nuevo tiempo bajo el brazo que termina por imponerse, un estado de stand by que impedirá que las cosas avancen a la misma velocidad para Mark y que, sin embargo, con él, despega el trayecto.
"Cuando la noche llegue, Mark y Kurt se separarán hasta que quizá no quede un solo disco en las tiendas de Oregón. Kurt vuelve en la ciudad a formar parte de las sombras, de los fantasmas de esa generación errática, atrapada, que forma parte de las raíces de la América que siempre amamos"

Despega y no cesa de avanzar. Las bifurcaciones de los caminos se suceden, las pausas solo responden a una llamada telefónica, a la consulta de un mapa, al desayuno en un bar de carretera o a la caída de la noche. Piden el mismo menú, pero Kurt prefiere mantequilla, no atiende del mismo modo al sonido del móvil y deja que el tiempo pase. Aunque El Dorado les espera y ambos ansían llegar a él, postergar el momento, más que un inconveniente, se vuelve una esperanza. ¿De qué? De alargar el tiempo. Con la llegada de la noche la amargura invade el cuerpo y la voz de Kurt, como la de Will Oldham cuando ve la oscuridad, se vuelve inestable. ¿Cómo filmar una voz inestable? Aprovechando que hay una hoguera por medio, Reichardt interpone el fuego entre los cuerpos y su objetivo, de tal modo que, ante todo, se trata de luchar para que la llama no se apague. Las imágenes se tambalean.
¿De dónde proviene ese dolor? Seguramente de una ralentización pasada y de un desajuste de ritmos, donde la brecha que separa la vida de Kurt y de Mark se ha hecho demasiado grande. Que haya llegado la noche significa que apenas quedan unas horas para que vuelvan a separarse, quién sabe hasta cuándo, ahora que Mark deberá asumir sus nuevas obligaciones como padre. Kurt no vive exactamente en un tiempo susceptible de ser compartido con Mark más que en un lugar como aquel. Sabe que, de haberse encontrado en un entorno urbano, jamás habrían podido recuperar nada. ¿Existe el balneario? Poco importa llegados a este punto y, sin embargo, el clímax de Old joy aún está por llegar.

Finalmente, en esta dualidad, algo cambia. Cuando Mark llegue al balneario, se desnude, deje que el agua recorra su cuerpo, deberá asumir que Kurt tenía razón: ¿qué es lo que lamenta? La tensión que recorre su cuerpo, la espera atenta de una llamada telefónica, la necesidad constante de planear los días que siguen, los meses, los años. "La tristeza no es más que dicha agotada", dirá en algún momento Kurt. ¿Cómo filmar esa tristeza? ¿Cómo filmar algo tan íntimo? Basta con dejar que el agua corra, primero en pequeños canales, luego en un torrente furioso. Al fin y al cabo, los dos hombres tendrán que cruzan un estrecho tronco para volver al coche.
Cuando la noche llegue, Mark y Kurt se separarán hasta que quizá no quede un solo disco en las tiendas de Oregón. Kurt vuelve en la ciudad a formar parte de las sombras, de los fantasmas de esa generación errática, atrapada, que forma parte de las raíces de la América que siempre amamos.
13/01/2009
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