Jerry (Jack Black), el mecánico del barrio, vive en una caravana cerca de una planta eléctrica que según él le derrite el cerebro. Un día, al intentar sabotearla, acaba magnetizado y sin querer consigue borrar todas las cintas del anticuado videoclub donde trabaja Mike (Mos Def), su mejor amigo.
Para mantener a la escasa clientela, Jerry y Mike deciden realizar un remake de una de las películas en la chatarrería de Jerry. Se quedan asombrados al descubrir que su versión de la película es un auténtico éxito.
Mike, Jerry y unos cuantos amigos del vecindario empiezan a dedicarse a la producción de remakes, desde Los cazafantasmas a King Kong. No sólo consiguen dar un nuevo impulso al videoclub, sino a toda la comunidad.

Audio: Inglés (V.O), castellano. Subtítulos: Castellano e inglés.
Extras:
-Dejando huella.
-Escena eliminada comentada por Michel Gondry.
-Conversación con Jack Black y Michel Gondry.
-Canción improvisada por Jack y Mos.
-Concierto en París.
Distribuidora: Universal Pictures.
Fecha de lanzamiento: 12 de noviembre 2008. Precio: 19,95€.
| Jack Black | Jerry |
| Mos Def | Mike |
| Danny Glover | Sr. Fletcher |
| Mia Farrow | Srta. Falewicz |
| Melonie Diaz | Alma |
| Sigourney Weaver | Sra. Lawson |
| Dirección y guión | Michel Gondry |
| Producción | Georges Bermann, Julie Fong |
| Coproducción | Ann Ruark |
| Fotografía | Ellen Kuras |
| Montaje | Jeff Buchanan |
| Música | Jean-Michel Bernard |

Desde que se apartó de la protectora sombra de Charlie Kaufman para tomar las riendas de proyectos más personales, Michel Gondry lleva realizadas dos películas que han desconcertado por igual a quien esto escribe.

Su primer esfuerzo en solitario, La ciencia del sueño (La science des rêves, 2006), parecía ser una mera excusa para dar rienda suelta a su innegable talento visual, pero terminó resultando algo así como el reverso tenebroso de Amélie (J.P. Jeunet, 2001). Si en la influyente película de Jeunet la fantasía era un vehículo para el amor entre dos inadaptados, en la visión de Gondry fantasía rima con patología: nada es más destructivo para las relaciones que un exceso de imaginación. La ciencia del sueño firmaba la carta de defunción del filón romántico-alucinado inaugurado por Amélie (quedando todo, para redondearlo, entre compatriotas).
Pero a pesar de sus virtudes, a La ciencia del sueño le faltaba un hervor, sin duda por el exceso de sentimientos sin digerir que el cineasta francés había volcado en ella. Rebobine, por favor no sufre este problema: su material de partida está tan y tan digerido que no se puede hacer otra cosa con él que regurgitarlo. Este gráfico símil no es gratuito, pues la premisa de la película es precisamente esa: tomar algunas de las películas emblemáticas de la era del videoclub como Robocop, El rey león, Los chicos del barrio o Paseando a Miss Daisy y pasarlas por el turmix visual tan cutre como sofisticado de Gondry.

El resultado es, por una parte, un merecido homenaje al VHS (que ha forjado a más cinéfilos que las filmotecas) y a los géneros llamados populares. Lo divertido del asunto es que las versiones domésticas que Jerry (Jack Black, sin sorpresas) y Mike (Mos Def, sin sorpresas) realizan para salir del paso tienen más éxito que las películas originales. A pesar de resultar cinematográficamente inaceptables, las "suecadas" (así las llaman) de Jerry y Mike causan sensación por su textura cercana y su inmediatez: el cine industrial es homenajeado y a la vez relevado por quienes se alimentaron de él. Al final, y perdón por reventarlo, Jerry y Mike terminan llevando su concepción de cine popular un paso más allá con la creación de una obra propia en la que todo el barrio colaborará. Esta especie de happening multitudinario vendría a ser el paradigma de lo popular: cine hecho por el pueblo para el pueblo, el cine como acontecimiento.
"Un merecido homenaje al VHS (que ha forjado a más cinéfilos que las filmotecas) y a los géneros llamados populares"

Como ven, el concepto de Rebobine, por favor es brillante, de esos que pueden hacer que un crítico con demasiado tiempo libre se pase horas divagando. Sin embargo, y paradójicamente, 90 minutos son demasiados: el concepto es genial, pero no se hace mucho con él. La idea aplasta a la historia, que sólo puede desarrollarse por senderos algo trillados. Los chistes son los que cabía esperar, los secundarios cumplen como cabía esperar, y contiene los tres o cuatro momentos memorables que también cabía esperar. Así son las cosas con Gondry.
Desconcierta, porque uno no sabe si el suyo es un cine personal y revolucionario, o si se trata de ingenioso videoarte con una mínima excusa narrativa. ¿Sería mejor que regresara a los géneros cortos, de donde nunca debió salir? ¿Es un genio, o un listo? ¿La película está bien, o está mal?
Quién sabe, Gondry es lo que tiene.
Xavi Fortino
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