Nora es una mujer de una psicología compleja, llena de recovecos, obcecada en superar los pasajes traumáticos que marcaron su corta existencia y obligada a enfrentar en el presente la muerte de su padre, gravemente enfermo.
Ismaël, que había sido su pareja, ingresa en un centro psiquiátrico. Éste había ejercido como padre adoptivo de su hijo, fruto de una relación juvenil con un hombre que se quitó la vida. La historia bascula entre estos dos planos diferenciados hasta que Nora siente la necesidad de reencontrarse con Ismaël...
El paso del tiempo y la muerte que acecha, los fantasmas del pasado que buscan una reconciliación en el presente, la frágil materia de la que están hechos los recuerdos, el deseo de libertad y la constatación de lo difícil que es vivir son algunos de los temas que Desplechin aborda.

Audio: Francés (V.O), castellano, inglés y alemán.
Subtítulos: Castellano.
EXTRAS:
-Tráiler.
-Ficha técnica y artística.
-Biofilmografía del director.
Distribuidora: Cameo. B-Side Collection: obras inéditas en España.
Fecha de lanzamiento: 12 de noviembre 2008.
Precio: 12,95€.
| Emmanuelle Devos | Nora Cotterelle |
| Mathieu Amalric | Ismaël Vuillard |
| Catherine Deneuve | Madame Vasset |
| Maurice Garrel | Louis Jenssens |
| Nathalie Boutefeu | Chloé Jenssens |
| Jean-Paul Roussillon | Abel Vuillard |
| Noémie Lvovsky | Elizabeth |
| Dirección | Arnaud Desplechin |
| Guión | Roger Bohbot y Arnaud Desplechin |
| Producción | Pascal Caucheteux |
| Fotografía | Eric Gautier |
| Montaje | Laurence Briaud |
| Música | Grégoire Hetzel |
| Diseño de producción | Dan Bevan |

Francisco Algarín Navarro
Algo cambió hace tiempo en el cine de Desplechin, concretamente después de Esther Kahn (2000). Desde ese momento, sus películas han llegado en pareja, primero Léo (2003) y unos meses después Reyes y reinas (2004). El año pasado L´aimée (2007) y al poco Un conte de Noël (2008). Hay algo más que una fuente compartida que une estos dobles, una especie de fisura suturada por una fuerza invisible que produce la mixtura. Esa disolución líquida, en el caso de Léo y Reyes y reina, se reconoce como una relación íntima y oculta por debajo de lo asible (una palabra, una temática, una forma) así como de los niveles más abstractos, sustancia incorpórea que Desplechin convoca obsesivamente.

La primera relación forma parte del rol del cineasta-discjockey, desarrollándose en el proceso de la escritura, ya sea en papel o en imágenes. La segunda, sería más bien la misión de un ser capaz de controlar los astros, atrayéndolos o alejándolos en dos realidades paralelas. Entonces, como en Animales de circo, el poema de Yeats que reinterpreta Ismaël, recobrar la imaginación es "descansar en un lugar maravilloso donde todas las escaleras del espíritu tienen su comienzo". Aquí comienza la puesta en (des)orden del juego de cajas gemelas, ficción, y documental de la ficción en Léo; éxito o fracaso, contención o furor partiendo de una parecida fuerza motriz, la voluntad, en Reyes y reina.
Demasiado fácil asociar a Nora con Ibsen y a Ismaël con Kafka. Siendo cierto, la disolución altera la composición de ambas partes. Cuando uno de ellos mueve ficha, la vida del otro se ve sometida a un nuevo giro. Los hilos de la sutura que cierran el capítulo de Ismaël y Nora son tan inestables como esos puntos en el papel blanco que, una vez unidos, forman una fisonomía. La diferencia es que aquí, cada punto es un tiempo cuya definición viene marcada por la potencia de la evocación, si bien al no formar parte de una sucesión numérica, y al no ser puntos estáticos, no pueden quedar enlazados linealmente.
"En la emulsión, que sería la raíz común de las palabras del título, resuenan el teatro y la poesía, Mancini y DJ Mehdi, Bergman y Truffaut al mismo nivel que Roth, Apollinaire o Joyce"

Como muestra la sucesión de reflejos enmarcados de Nora, no se documenta tanto un cambio de cuerpo, pues para eso está la obra completa, como de estadio, donde pasamos de imágenes acuosas a las imágenes cristal. Es la doble condición del cineasta escritor, cuando la palabra se desplaza en una imagen que va ganando nitidez; también la del cineasta astrólogo, superponiendo las fuerzas de los cuerpos luminosos hasta que el calor de los recuerdos estalla el cristal. Pero ni Nora ni Ismaël son Icaro, por eso tenemos un pie en el presente y otro en el pasado, pues son ellos los que parecen decidir parar a tiempo antes de proseguir.
En la emulsión, que sería la raíz común de las palabras del título, resuenan el teatro y la poesía, Mancini y DJ Mehdi, Bergman y Truffaut al mismo nivel que Roth, Apollinaire o Joyce. Ismaël es la culminación del Paul Dedalus de Comment je me suis disputé... (1996), de una transposición del propio cineasta que se ha venido alargando con cada película hasta obtener unas imágenes que aprietan por salir de los cuerpos de los personajes y los actores, mostrándolos en todas y cada una de sus formas y estados.

Si Moon River abre el juego del lado americano y el fantasma de Pierre la filiación bergmaniana, es en Ismaël donde, a través de sus desplazamientos hacia lo bufonesco, en su faceta paródica, se produce la historización del cine francés y su puesta en conflicto. Es grande la osadía de esos pequeños episodios que anulan y desubican un terreno definido por el que avanzar donde, frente a cualquier atisbo de interiorización, de la otra parte se responde con una declamación cuya libertad ridiculiza las reglas que impone la figura paternal.
El torbellino arrastra su lado oscuro con dudosos asesinatos, revelando el manuscrito, además la dosis de desprecio que viene a tambalear ese equilibrio que Nora ha encontrando a base del paso de los años, cara aparentemente opuesta al desenfreno de Ismaël, que encuentra su mesura no sólo en la complicidad con el padre en el episodio del supermercado, sino en la historia maternal ramificada desde Léo del hijo adoptivo, motivo que a su vez se desplaza hasta Elías. Nora empieza a pedir ayuda, lo cual da pie al último sprint de Ismaël, en el que tratará de poner cada cosa en su lugar para Elías, desde una única escala temporal, en la cual los puntos del árbol genealógico se podrían unir sin líneas rectas, rechazando la paternidad en pos de la fraternidad y la humanidad o, lo que es lo mismo, la apertura de un camino hacia la prosperidad.
30/11/2008
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