Durante una conferencia sobre parapsicología, Helga Hullmann (Macha Meril), una vidente alemana, advierte una presencia inquietante en la sala.
Alguien, oculto entre los espectadores, planea un delito sanguinario. Esa misma noche, Helga vuelve a su casa y es brutalmente asesinada.
Marcus Daly (David Hemmings), un joven pianista inglés, asiste por azar a los hechos sin poder intervenir y salvar a la mujer, ni reconocer al asesino. Decidido a encontrar al autor del delito, Marcus empieza a investigar.

Audio: Inglés y castellano.
Subtítulos: Castellano.
Extras:
-Filmografías.
-Ficha técnica.
-Biografía.
Distribuidora: Suevia Films.
Fecha de lanzamiento: 3 de junio 2008.
Precio: 11,95€.
| David Hemmings | Marcus Daly |
| Daria Nicolodi | Gianna Brezzi |
| Gabriele Lavia | Carlo |
| Macha Meril | Helga Ulmann |
| Giuliana Calandra | Amanda Righetti |
| Clara Calamai | Martha |
| Dirección | Dario Argento |
| Guión | Dario Argento y Bernardino Zapponi |
| Producción | Salvatore Argento |
| Producción Ejecutiva | Claudio Argento |
| Fotografía | Luigi Kuveiller |
| Montaje | Franco Fraticelli |
| Música | Giorgo Gaslini y The Goblins |

Con más de veinte películas a sus espaldas, Dario Argento ha conseguido algo ciertamente difícil, filmar, matiz arriba, matiz abajo, siempre, la misma película. A saber; asesino enmascarado, generalmente mostrado desde un punto de vista subjetivo, muertes truculentas, tramas descabelladamente hilarantes, investigación del asesinato y resolución sorpresa. Y eso es, una vez más, Rojo oscuro (1975), un giallo en estado puro que además, nos ofrece a un Dario Argento en plena forma, antes de acusar preocupantes síntomas de agotamiento con películas como Trauma (1993), El fantasma de la ópera (1998) o Non ho sonno (2001). Y es que, buena razón de esa progresiva pérdida de interés de la que ha hecho gala el cine de Argento desde la década de los ochenta, se debe en gran medida a que el denominado giallo italiano es un subgénero hijo de un contexto sociocultural muy específico y que fuera de ese entorno, no deja de resultar un tanto anacrónico.

Como es bien sabido, el giallo es una variante del cine de terror de los setenta que tuvo su cuna y auge en Italia y del que cineastas como Dario Argento o Mario Bava son, sino los únicos, sí sus dos representantes más aplaudidos y reconocidos. El giallo (que significa amarillo, debido al color amarillento que tenían las hojas de los libros de segunda en los que se basaban las películas), tuvo no pocos imitadores y de hecho, impulsó lo que después se ha venido a llamar el slather en Estados Unidos con películas tan exitosas como La noche de Halloween o Viernes 13.
Pero el giallo italiano y por extensión Rojo oscuro, que es giallo en estado puro, resulta un cine algo más costumbrista que las posteriores producciones norteamericanas. Argento por ejemplo, no obvia en Rojo oscuro filmar Roma con cierto naturalismo, mostrando a gente normal de la calle, y que contrasta poderosamente con esa Roma más siniestra y amenazante que Argento filma cuando es de asesinos psicópatas de lo que debemos hablar. Esto pone de relieve algo importante, y es que Dario Argento es un buen director. Sabe, o al menos, sabía, cómo imprimir a sus películas ese aire casi irrespirable que empapa buena parte de su filmografía y que en esta cinta alcanza probablemente una de sus cotas más altas.
"La atención que la cámara del director italiano presta a los cadáveres recién asesinados, cómo mima a sus muertos casi, como verdaderas obras de arte gracias a ese gusto por la sangre escarlata, la gota que cae al suelo y los ojos desorbitados de un cuerpo inerte. En suma, cierta poesía de la truculencia"

Aunque pueda parecer lo contrario, y pese a cierta tosqueda de la que en ocasiones, hace gala el montaje de las películas de Argento incluida Rojo oscuro, el director de Phenomena siempre fue y ha sido un cineasta que ha rodado con la cabeza puesta en el montaje. Lo bueno de todo esto, es que pese a la precisión de sus planos, Dario Argento consigue imprimir en sus películas cierta sensación de espontaneidad, que a su vez, le dan al conjunto un tono mucho más naturalista, menos forzado, todo lo contrario que sus enmarañadas tramas detectivescas. Y es que, en el fondo, el cine de Agento tiene mucho que ver con los contrases.
Buena prueba de esa precisión formal de la que hablábamos antes es sin duda las escenas de los asesinatos, verdaderas set pieces de los largometrajes de Argento impregnadas en un particular barroquismo marca de la casa. También nos dice mucho, acerca del cuidado que el cineasta tiene al filmar sus películas, la atención que la cámara del director italiano presta a los cadáveres recién asesinados, cómo mima a sus muertos casi, como verdaderas obras de arte gracias a ese gusto por la sangre escarlata, la gota que cae al suelo y los ojos desorbitados de un cuerpo inerte. En suma, cierta poesía de la truculencia, que en manos de Argento, linda con lo exacerbado y que gracias a ese naturalismo que mencionábamos antes, contrasta si cabe con más fuerza dentro del conjunto.

También nos dice mucho de la cuidada puesta en escena de Argento la marcada atención que el director de Tenebre tiene por los detalles. Y es que, la cámara de Dario Argento es una cámara ávida por recoger hasta el último detalle que aporte, eso si, un significativo matiz a la trama. La cámara de Argento, no tiene ningún complejo en abandonar una conversación para prestar toda su atención a una mirada ajena a la escena, a una puerta y muy especialmente, a un objeto inanimado.
Los objetos, recogidos por la siniestra cámara de Argento cobran una inquietante vida en Rojo oscuro. Como si de pronto se fueran a mover, o nos fueran a indicar algo horrible. En este sentido, mención especial merece el horrible muñeco que avanza con inquietante rapidez hacia el profesor Giordani (Glauco Mauri) justo antes de ser asesinado. Mientras Giordani muere a golpe de psicosianas cuchilladas, Argento tiene el acierto de fijar la atención en el rostro partido del siniestro muñeco que sonríe ante semejante barbaridad.

Rojo oscuro tiene todo esto y mucho más y lo mejor, es que los consabidos defectos del cine de Argento no logran eclipsar las virtudes del film. Y todo, pese a la machacona presencia de uno de sus defectos/característica más irritantes y que en este film, vuelve a incordiar. Por más que en su día fuera una opción moderna, la música de las películas de Argento suelen ser más un estorbo que una ayuda y como digo, en este sentido, Rojo oscuro no es una excepción.
Por obra y gracia del conocido grupo de cinco integrantes Goblin -que además supuso con Rojo oscuro su primera toma de contacto con la música de cine y su primera colaboración con Argento que se extendería hasta Non ho sonno en el año 2001- Dario Argento está a punto de cargarse en varias ocasiones la atmósfera que con tanto cuidado se ha encargado de elaborar. Un defecto que por si fuera poco se ha convertido en una particularidad tan propia del cine de Argento que sin los chirriantes ritmos que envuelven sus películas, un film de Dario Argento ya no sería un film de Dario Argento. En cualquier caso, un defecto menor si se quiere, para una película ciertamente ejemplar del giallo italiano.
Ramón Monedero
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