Cuando Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) descubren que están a punto de tener un niño, sufren una crisis de pánico. No soportan el pueblo donde viven, y ahora que los padres de Burt se mudan de allí, pierden el sistema de apoyo con el que contaban. Deciden emprender un viaje en busca del sitio ideal para echar raíces y criar un niño.
De paso, visitan a una serie de parientes y amigos. Algunos son absolutos excéntricos, otros son conmovedores, pero todos ayudarán a Burt y a Verona a encontrar su destino. Acabarán por descubrir que para crear un hogar, sólo se necesitan el uno al otro.

Audio: Inglés y castellano.
Subtítulos: Castellano e inglés.
Extras:
-Así se hizo Away We Go.
-Rodaje Ecológico.
-Comentarios con el director Sam Mendes y los guionistas Dave Eggers y Vandela Vida.
Distribuidora: Universal.
Fecha de lanzamiento: 25 de marzo 2010.
Precio: 14,95€.
| John Krasinski | Burt Farlander |
| Maya Rudolph | Verona De Tessant |
| Carmen Ejogo | Grace De Tessant |
| Jeff Daniels | Jerry Farlander |
| Catherine O´Hara | Gloria Farlander |
| Allison Janney | Lily |
| Jim Gaffigan | Lowell |
| Dirección | Sam Mendes |
| Guión | Dave Eggers y Vendela Vida |
| Producción | Sam Mendes, Peter Saraf, Edward Saxon y Marc Turtletaub |
| Producción Ejecutiva | Pippa Harris y Mari-Jo Winkler |
| Fotografía | Ellen Kuras |
| Montaje | Sarah Flack |
| Música | Alexi Murdoch |
| Diseño de Producción | Jess Gonchor |

Nuria Dufour
Burt y Verona esperan su primer hijo. Expectación normal ante los cambios que se presentan. Pero la imprevisible decisión de los padres de él, un matrimonio atolondrado, de instalarse en Europa durante un tiempo, desbarata lo planificado. Ante la necesidad de vivir cerca de alguien conocido, cuyo estilo de vida pueda ayudarles a desenmarañar el mar de dudas en el que flotan, Burt y Verona inician entonces un viaje por la geografía norteamericana.

Un detonante manido, la maternidad, sirve a Sam Mendes para desarrollar, en formato de road movie, un relato a ratos armonioso, de estética indie, impregnado de cierta originalidad, aun pasando por lugares comunes. También, por personalidades estereotipadas, sobre todo en la galería de secundarios, quienes, sin llegar a malograr la historia, le hacen perder la audacia que prometían las primeras secuencias. Y aunque el exceso de ternura en alguno de sus momentos (el Tamboury Man de Bob Dylan en la voz de Verona y el abuso del folk en la banda sonora, por ejemplo) rebaje la altura lograda en otros, el texto no tontea con moralinas.
Vacilantes, los futuros padres acometen la búsqueda del modelo familiar junto al que echar raíces. Persiguen respuestas imposibles a preguntas de difusos enunciados. De Colorado a Phoenix. De Tucson a Madison. De Montreal a Miami. Un periplo precipitado a bordo de coches, trenes y aviones, que les sirva de brújula y les ayude a optar por el entorno menos malo en el que podrían establecerse. Todo ello, en la recta final de un embarazo, estado que propicia situaciones divertidas.
"Lo que mantiene en ruta a la película es el trabajo de Rudolph y Krasinsky, cuya comicidad evita los varios pinchazos que está a punto de sufrir mientras circula."

Las cinco ciudades que Burt y Verona visitan dividen esta interesante huida en cinco capítulos sinópticos, de contenido irregular. Entre ellos, un prólogo, gracioso, y un epílogo, intuible, pero bien anclado como punto y aparte de la trama. El guión de Dave Eggers (Donde viven los monstruos) y Vendela Vila, conjuga el absurdo y el humor con un romanticismo nada sentimental. Un juego malabar logrado gracias a la química que la pareja protagonista proyecta (Maya Rudolph, John Krasinsky) y a los sarcásticos diálogos que interpretan. Dos personajes-espectadores de una sociedad que les resulta tan extraña como conocida. "No sé qué estamos haciendo", se pregunta él nada más empezar el recorrido, "¿no has mirado el itinerario?", le contesta ella, y empieza la partida.
A lo largo del camino, van apareciendo personajes presuntamente ubicados, pero igual de desorientados que ellos. La vida misma. En la primera parada, una excompañera de trabajo de Verona, extravagante y hastiada, casada y madre de dos hijos, no despeja ninguna de sus incógnitas, muy al contrario, amplifica sus inseguridades. El posterior encuentro con Grace, la hermana de Verona, clarificará algo la todavía desdibujada imagen familiar de la pareja. Serán las particulares visiones sobre la crianza de los hijos de una prima de Burt y de unos amigos de la universidad con prole multiétnica (excéntrica la fobia a los carritos de bebé en la primera, e hilarante la reprobación a la intriga nazi de Sonrisas y lágrimas en la segunda) las que les ayuden a enfrentarse a la realidad, la suya, la que hasta ahora habían sorteado. El colofón lo pone el hermano de Burt, última e imprevista parada del peculiar peregrinaje. Dispares instantáneas familiares con un denominador común. En cuestiones del hogar, no existen las recetas. Burt y Verona tendrán que moldear las propias. Obvia, pero bien traída la metáfora de la aficción de Burt por la talla de la madera.

Si en American Beauty (1999) y Revolutionary Road (2008), el director británico diseccionaba a la clase media norteamericana a través de mordaces razonamientos, en Un lugar donde quedarse, las puyas, que las tiene, son superficiales. Las reflexiones que Mendes realiza del sueño americano en su quinto largometraje son menos incisivas, si acaso quedan apuntadas en la secuencia de la cena con los padres de él. (Espléndidas las interpretaciones de Jeff Daniels y Catherine O´Hara en papeles desmedidos). Lo que mantiene en ruta a la película es el trabajo de Rudolph y Krasinsky, cuya comicidad evita los varios pinchazos que está a punto de sufrir mientras circula.
21/11/2009
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