Una palabra tuya es el retrato de dos amigas, Rosario (Malena Alterio) y Milagros (Esperanza Pedreño), dos chicas jóvenes que trabajan como barrenderas. Llevan dos vidas corrientes que, tras años de tropiezos, ilusión, miedo y realidades, han dado forma al temor de no merecer ser felices.
Un día, tras un encuentro inesperado, sus vidas cambian. En compañía de Morsa (Antonio de la Torre), las dos amigas recorren dos trayectorias vitales: una hacia la nada más cruel, desde una actitud alegre y vitalista, y la otra hacia un futuro expectante desde una vida redimida.
Y en medio el perdón...
Ángeles González-Sinde (La suerte dormida, 2003) escribe y dirige la adaptación de la novela homónima de Elvira Lindo.

Audio: Castellano.
Subtítulos: Inglés y castellano para sordos.
Extras:
-Tráiler y Making Of.
-Filmografías.
-Escenas eliminadas.
Distribuidora: Twentieth Century Fox.
Fecha de lanzamiento: 4 de marzo 2009.
Precio: 14,95€.
| Malena Alterio | Rosario |
| Esperanza Pedreño | Milagros |
| Antonio de la Torre | Morsa |
| Mª Alfonsa Rosso | Madre Rosario |
| Luis Bermejo | Padre Lorenzo |
| Chiqui Fernández | Palmira |
| Juan Sanz | Padre Rosario |
| Dirección y guión (basado en la novela homónima de Elvira Lindo) | Ángeles González-Sinde |
| Producción | José Antonio Félez, Antón Reixa |
| Producción ejecutiva | Jorge Iglesias |
| Fotografía | David Omedes |
| Montaje | Fernando Pardo |
| Música | Julio de la Rosa |

Manuel Barrero
Para explicar la llamada crisis del cine español, podemos encontrar una y mil teorías. Cada sector defiende sus argumentos, convencidos de tener la razón absoluta. Unos denuncian la falta de apoyo y protección frente al gigante americano, y otros hablan de lo alejado que viven los cineastas españoles de su público. Quizás todos tengan su parte de razón, pero sí podemos observar cómo nuestros autores buscan fórmulas para atraer espectadores (otro tema a discutir sería la idoneidad o no de esas estrategias).

Entre ellas, una tendencia muy recurrente es la de reflejarse en la ficción televisiva de éxito, para llevar a los jóvenes a las pantallas de nuestros cines. Por poner algunos ejemplos, ahí están Mataharis (Icíar Bollaín, 2007), en las que muchos vieron más un episodio piloto que un largometraje. O La torre de Suso (Tom Fernández, 2007), obviamente televisiva, teniendo en cuenta los orígenes del director. Incluso podríamos incluir Siete mesas de billar francés (Gracia Querejeta, 2007) en este grupo. Películas de cierto prestigio; que asimilan parte de los códigos, los temas, las formas, o las estrellas televisivas. Todo ello, suponemos, como forma de recuperar esa cuota de pantalla que tanto se resiste en los últimos años.
En el caso de Una palabra tuya, encontramos ciertos rasgos que nos obligan volver sobre esta reflexión. El más evidente, la elección de las dos actrices protagonistas. Tanto Rosario como Milagros, parecen continuaciones de los personajes que más fama le han dado a sus intérpretes, la Belén de Aquí no hay quien viva y la Cañizares de Camera Café. Así, el público puede sentir una cómoda sensación de continuidad. Y, ojo, no quiero desmerecer con esto las interpretaciones de ellas. Para nada. Es impresionante la naturalidad con la que Malena Alterio aborda su primer protagonista. Mientras, Esperanza Pedreño consigue dar credibilidad a un personaje en el límite de la verosimilitud.

El problema, pues, no es la calidad de sus trabajos. Más bien es la falta de riesgo de unos responsables que buscan con avidez el factor tv. Y no solo en la elección de las actrices, hay algunas otras características que acercan esta película a las maneras de la pequeña pantalla. Desde la funcionalidad de la puesta en escena, hasta el tono tragicómico. Por suerte, existe material previo, y la novela homónima escrita por Elvira Lindo en 2005, reduce la posibilidad de introducir aún más vicios procedentes de la televisión.
"Es impresionante la naturalidad con la que Malena Alterio aborda su primer protagonista. Mientras, Esperanza Pedreño consigue dar credibilidad a un personaje en el límite de la verosimilitud"
Volviendo al casting, es muy significativa la elección de Pedreño como Milagros. El personaje que escribió Lindo, tenía la particularidad de ser una mujer muy voluminosa. Si quieren, sólo es un rasgo físico, pero no dejaba de ser fundamental. A eso nos referimos con la falta de riesgo. Entre elegir a una actriz con esa característica concreta, y la posibilidad de tener un bello rostro televisivo de moda, la balanza se inclina por el lado que puede llevar más gente al cine. Por supuesto, los cambios en una adaptación son totalmente lícitos. Pero éste es, cuanto menos, sospechoso.

Aunque ya hemos dicho que Pedreño defiende el personaje con gran desparpajo. Es el personaje estrella de la función, a pesar de no ser la protagonista. Mujer en los límites de la locura, no es más que una niña atrapada en cuerpo de adulta. Una especie de ángel capaz de cambiar la vida de una amiga que la desprecia. Inmune al desaliento, viviendo la vida de manera intensa, ella representa el lado infantil que todos necesitamos, y que muchos han perdido por el camino.
Es el caso de Rosario, que encarna todo lo contrario. La amargura y el inconformismo mal entendido. Ese quejarse de todo, pero no hacer nada para cambiar. Uno de los grandes males de la sociedad de nuestros días, repletas de series insatisfechos, incapaces de tomar las riendas de su vida, para llevarlas al lugar que desean.
De eso, y de muchos otros temas vitales, habla la película. Mujeres que se mueven en esa clase media (tirando a baja) que tanto gusta retratar a Elvira Lindo. A través de estas dos barrenderas, se tratan temas como la soledad, las relaciones familiares, el amor, la maternidad... pero, por encima de todo, se trata de la amistad. Desde luego, es el aspecto que se desarrolla con mayor lucidez.

La amistad entregada de Milagros, salvadora de su amiga, en un final agridulce. Profundamente triste la antesala, para acabar con un discutible (y engañoso) final feliz. Discutible porque una película que abandera cierto realismo, acaba al estilo happy end de Hollywood. Y engañoso, porque pareciera que ese instante fuera a ser el primero del resto de su vida. Pero realmente, ¿ha cambiado algo? La llegada de la madurez se limita a aceptar aquello que siempre detestó. El efecto Pollyanna (la novela de Eleanor H. Potter que tan mencionada en el texto de Elvira Lindo) puede con Rosario, la cual parece que se resigna y conforma con lo menos malo. Pero, si pudiéramos verla en un futuro (no muy lejano), ¿de verdad sería tan feliz como vaticina ese último plano?
20/08/2008
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