Dos amigos, Kerry y Justin, fanáticos del cine de terror, con ganas de diversíón y emociones se cuelan en la funeraria de Collinswood con la intención de poder ver, al fin, un cadáver real. Para su sorpresa, allí encontrarán tanto a los muertos como a un no-muerto: en mitad de su aventura se toparán con un vampiro que se está merendando furiosamente uno de los cadáveres. Aterrorizados, huyen del edificio pero sólo Justin consigue escapar. Más tarde, esa misma noche, éste oye golpear la puerta de su casa. Es Kerry, cubierto de sangre y con el cuello desollado...
Episodio III dirigido por Ernest R. Dickerson de la colección Master of Horror, Temporada Segunda. Este Volumen I incluye además dos episodios más: Family (John Landis) y La cosa maldita (Tobe Hooper).

Master of Horror. Temporada 2. Volumen 1.
Audio: Inglés (V.O), castellano. Subtítulos: Castellano.
EXTRAS:
-Disco 1: Ficha artística y técnica. Filmografías selectas.
-Disco 2. La cosa maldita: Creando el monstruo de aceite, tráiler. Family: Carne y huesos: El making of, Música aterradora: Componiendo la banda sonora de Family, tráiler. V de vampiro: Tráiler.
Distribuidora: Manga Films.
Fecha de lanzamiento: 26 de febrero 2008. Precio: 21,99€.
| Michael Ironside | Mr. Chaney |
| Arjay Smith | Kerry |
| Branden Nadon | Justin |
| Lynda Boyd | Carolyn |
| Jodelle Ferland | Lisa |
| Dirección | Ernest R. Dickerson |
| Guión | Mick Garris |
| Producción | Lisa Richardson y Tom Rowe |
| Fotografía | Jon Joffin |
| Montaje | Marshall Harvey |

El relato corto nunca ha sido ajeno a la literatura de terror, algunas de cuyas obras fundamentales están realizadas en este formato, y por ello iniciativas como la de la serie Masters of horror son siempre de agradecer. Además, muchos directores y guionistas tienen la oportunidad de escapar por una vez de la obligación industrial de realizar largometrajes y batir armas a escalas más reducidas que les permitan lucir su capacidad de concisión.

Pero, obviamente, ser conciso no es ser bueno. El guionista de V de vampiro, Mick Garris, construye un guión habilidoso que en poco tiempo desarrolla lo que habitualmente lleva como mínimo 90 minutos, y Ernest Dickerson, director, sale a salvo logrando que el relato no resulte en absoluto atropellado. Pero los logros, lamentablemente, no pasan apenas de aquí.
En la literatura de terror clásica, el descubrimiento de la fuente del horror, caso de haberla, o no se descubría nunca, o se presentaba solo parcialmente o, si lo hacía del todo, entonces el grado de pavor que se alcanzaba era mucho peor que el que se daba hasta el momento. Pero, ¿qué sucede habitualmente en el cine de terror? Que la explicitación de la fuente del horror es habitualmente su final: la zozobra, la vacilación, la duda, el desasosiego, se acaban y se instala en su lugar lo concreto, lo determinado, devienen lo conocido. Es ésa la verdadera razón de que las figuras clásicas del género (vampiros, zombies, hombres lobos, psicópatas, etc.) se nieguen a desaparecer. Nos ofrecen la posibilidad de instalarnos cómodamente en aquello que a pesar de todo seguimos llamando "terror". Nadie siente tal sensación, pero existe la autorización de seguir llamándolo así.

Viene esto a tenor de la primera parte de V de vampiro. El título original es The "V" Word, "la palabra V", de modo que al comienzo uno no debiera saber que la película "va" de vampiros. Los dos amigos protagonistas van a una funeraria. Mientras, de cuando en cuando van hablando de esos pueriles dramas con los que el guionista intenta construir un subtexto para la película, asistimos a una tensa escena de unos 15 minutos en los que claramente alguien juega con los protagonistas, no sabemos por qué, ni para qué, y éstos se mueven como dos peleles muy asustados por el tenebroso escenario del que ni saben ni pueden escapar.
Toda esta secuencia está bien construida, se basa en el miedo creciente de los protagonistas ante ninguno sabe muy bien qué. Puede ser hasta que no pase nada, pero el miedo está ahí, como están los ataúdes, la oscuridad, los pasillos, la casa vacía... Progresivamente las señales de que realmente sucede algo son más obvias, pero lo más turbador recae sobre lo que no entraña amenaza: el cadáver de la anciana a medio maquillar, o el del adolescente muerto cosido tras la autopsia.
"El guionista de V de vampiro, Mick Garris, construye un guión habilidoso que en poco tiempo desarrolla lo que habitualmente lleva como mínimo 90 minutos, y Ernest Dickerson, director, sale a salvo logrando que el relato no resulte en absoluto atropellado"

Pero a los 20 minutos la amenaza se concreta. La aparición del vampiro resulta al inicio atractiva, la sombra de su mano arrastrándose por la pared del pasillo hasta golpear a uno de los chicos y lanzarlo por la escalera, o la brutalidad con que arranca la mitad de su cuello y se abalanza sobre él a beber su sangre. Pero el otro chico escapa, va a su casa, se mete en la cama... y ya sabemos todo lo que viene después.
No puede decirse que la operación posterior resulte mala, pero es todo demasiado conocido: regreso del amigo, vampirización, sed... El subtexto citado da la motivación para que el protagonista no ceda a la sed de sangre (no quiere ser como su padre), el único detalle poco habitual en la historia. Dickerson echa mano de manual en efectos sonoros y si acaso crea una visión del vampiro donde todo se ve con el color de la sangre y la textura de las vísceras (pero uno se pregunta para qué sirve eso en la película) o unos fuertes contrapicados para dar fe de la desestabilización del vampirizado protagonista. Acaso se sienta orgulloso de estos detalles y hasta los considere un detalle personal, lo ignoro, pero sólo son un signo más de una posibilidad perdida: la de una atmósfera y una historia que empezó en una inestable tierra de nadie y terminó en tópica repetición.
Rubén García
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