Vicky Cristina Barcelona

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Sinopsis

Dos amigas americanas, Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson), llegan a Barcelona para pasar sus vacaciones de verano en casa de unos parientes lejanos de Vicky, Judy (Patricia Clarkson) y Mark (Kevin Dunn). Vicky, fascinada por Gaudí quiere ocupar su tiempo en investigar la cultura catalana para su máster, además, está prometida y no quiere saber nada de ligues, pero Cristina está abierta a cualquier tipo de aventura .

Un día, en una galería de arte, Cristina se fija en Juan Antonio (Jarvier Bardem), un carismático y atractivo pintor. Esa misma noche coinciden en un restaurante y Juan Antonio les hace una propuesta: pasar el fin de semana en Oviedo para conocer la ciudad, beber buen vino y hacer el amor juntos. Y aceptan...

Características del DVD

Audio: Inglés (V.O), castellano y catalán.

Subtítulos: Castellano y castellano para sordos.

Extras:

-Tráiler en V.O. con subtítulos en castellano, en castellano y en catalán.

-Galería fotográfica.

-Filmografías.

-También en edición especial con la Banda Sonora Original.

Distribuidora: Warner Home Video.

Fecha de lanzamiento: 17 de febrero 2009. Precio: 18,00€.

Intérpretes

Juan Antonio Javier Bardem
Cristina Scarlett Johansson
María Elena Penélope Cruz
Rebecca Hall Vicky
Patricia Clarkson Judy Nash
Chris Messina Doug

Ficha Técnica

Dirección y guión Woody Allen
Producción Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Gareth Wiley
Coproducción Helena Robin
Producción Ejecutiva Jaume Roures
Coproducción Ejecutiva Jack Rollins, Charles H. Joffe y Javier Méndez
Fotografía Javier Aguirresarobe
Montaje Alisa Lepselter
Dirección de Arte Alain Bainée

Crítica

Las múltiples caras del amor

Manuel Barrero

Hay varias particularidades que han propiciado el hecho de que Woody Allen lleve cuatro películas consecutivas fuera de Estados Unidos. Y aunque su cine tiene una profunda raigambre en los clásicos de su país, siempre se ha dicho que es el más europeo de los directores USA. Es evidente la influencia que han ejercido en sus películas los grandes cineastas del viejo continente, un lugar que suele acoger sus obras con auténtica fascinación.

Esta bonita relación, repleta de profunda admiración mutua, se ha consumado con la simbiosis que está permitiendo al neoyorquino mantener la absoluta libertad creativa de la que ha disfrutado durante toda su carrera. Después del tridente londinense (aunque sea otro país, sigue perteneciendo al mundo anglosajón), Allen se atreve con un salto cultural mayor aún. Precisamente, ha sido España el marco escogido para el desarrollo de esta historia. Y, desde luego, no es una cuestión fútil el entorno en el que se mueven los personajes.

Allen habla del "exotismo" (según sus propias palabras) de Barcelona, y su aproximación a la ciudad es la del turista embelesado. La visión de los espacios y texturas devienen en un ejercicio de propaganda turística (y hasta geopolítica) especialmente presente en los primeros minutos. Por fortuna, esto se va diluyendo a medida que transcurre la acción. Lo que no desaparece en ningún momento es el abusivo uso de música typical spanish, de tal forma que la omnipresente guitarra flamenca asfixia, en ocasiones, las imágenes a las que solo debería acompañar.

"Y mientras Cruz se mueve en el límite entre lo sublime y lo ridículo; Bardem emerge arrollador, con su seductor erótico y elegante. A veces salvaje, y otras delicado. Tan pronto se muestra fuerte, como en otros momentos lo hace vulnerable. El actor español domina con maestría cada uno de los registros de su Juan Antonio"

Sin embargo, Allen acierta de pleno con el juego idiomático que propone. Visceral interpretación de una histérica Penélope Cruz, como si de una hiperbólica ampliación de su trabajo en Todo es mentira (Álvaro Fernández Armero, 1994) se tratara. Desde luego, su desquiciada creación desatará pasiones enfrentadas. Lo que no admite discusión es que el uso del idioma es un elemento clave en su María Elena. Así que háganse un favor, y vean la película en su versión original. Hay quien se pierde en absurdas polémicas nacionalistas sobre el idioma en el que se debe doblar o no, cuando el verdadero problema es que una película así jamás debería ser doblada. En realidad, ninguna debería serlo. Pero especialmente sangrantes resultan casos como estos, en los que se cambia el sentido de la obra.

Y mientras Cruz se mueve en el límite entre lo sublime y lo ridículo; Bardem emerge arrollador, con su seductor erótico y elegante. A veces salvaje, y otras delicado. Tan pronto se muestra fuerte, como en otros momentos lo hace vulnerable. El actor español domina con maestría cada uno de los registros de su Juan Antonio. El trío de estrellas lo completa la nueva musa alleniana, una Scarlett Johansson que sólo con su forma de moverse, justifica ese privilegiado estatus. Cada plano en el que aparece, lo inunda con su natural sensualidad. Enamora a Allen, a la cámara, y a quien se le ponga por delante. Pero, con todo, el gran descubrimiento es la casi desconocida Rebecca Hall, otra deslumbrante secundaria robaplanos que apuntar en la larga lista del director de Manhattan.

Hacía varios años que Allen no trataba el amor como tema central de su obra. Tras la metalingüística Melinda y Melinda; consagró la trilogía británica a temas como la muerte o la culpa. Tenemos que remontarnos a Todo lo demás, una de sus películas más irregulares e imperfectas, pero también una de las más incomprendidas y arriesgadas. En aquel filme se encerraban un buen puñado de certeras y magníficas reflexiones, dignas de alguien que lleva toda una vida hablando (tanto y tan bien) sobre el tema.

Con Vicky Cristina Barcelona ocurre algo parecido. Película impulsiva e imperfecta, como los seres que la habitan. Pero al igual que ellos, su imperfección posee una irresistible belleza. Libre, sensual, natural y desprejuiciada, vuelve a dar en la diana del alma humana y sus relaciones. A través de cuatro arquetipos que se mueven y entremezclan, Allen construye un complejo entramado en el que hay sitio para las más diversas variaciones sobre el amor y la pasión. Cuatro seres a los que el autor admira y ensalza en su belleza, su fuerza y su vitalidad; pero de los que también conserva una mirada ácida y crítica. Con un humor mucho menos explosivo del que nos tiene acostumbrado, y utilizando sabia retranca, vuelve a ironizar sobre la clase alta con aspiraciones bohemias.

Pero aun tratando los temas de toda la vida, estamos ante uno de los filmes menos reconocibles del universo Allen. Para empezar, desaparece la figura del álter ego, de la que rara vez se desprende. Aunque él cada vez aparezca menos en sus películas, en los últimos años ha recurrido a varios actores más jovenes, que han sustituido al Allen actor/personaje. Al eliminar la figura del arquetipo alleniano, se esfuma el aroma autobiográfico que suele acompañar a sus obras.

"Libre, sensual, natural y desprejuiciada, vuelve a dar en la diana del alma humana y sus relaciones. A través de cuatro arquetipos que se mueven y entremezclan, Allen construye un complejo entramado en el que hay sitio para las más diversas variaciones sobre el amor y la pasión"

A borrar este rastro también contribuye la inclusión de un narrador clásico, ajeno a la acción. Hasta ahora, sólo había recurrido a esta figura en Toma el dinero y corre y Zelig, ambas contadas en forma de falso documental. En el resto de su filmografía, abunda el narrador subjetivo, la voz en off en primera persona, lo que realzaba el componente autobiográfico. En Vicky Cristina Barcelona, el narrador le confiere al relato un aspecto más literario, como de cuento (también hay mucho de Rohmer en esta película).

Pero hay más. Se confirma una tendencia ya presente en Cassandra´s Dream. Disminuye la importancia del diálogo, al mismo ritmo que aumenta la preocupación por lo visual. Existe un mayor interés por mostrar y experimentar desde la imagen (como el precioso plano/contraplano entre Bardem y Hall). Por todo ello, y quizás también por la diferencia cultural, el director intenta (y consigue) innovar dentro de un mundo tan cerrado como el suyo. Algo que siempre resulta muy estimulante para los que somos fans irredentos del genio neoyorquino, y que puede acercar a los reticentes.

Y como perfecto colofón, un muy lúcido desenlace. Sí, ha sido un verano de cambios, de nuevas experiencias, de crecimiento personal, de maduración; pero todo sigue como al principio. La evolución de los personajes no desemboca en el tópico cambio de actitud; tan apropiado para la ficción, como poco real en la vida. Allen deja ver que la experiencia provoca transformaciones en el ser humano, pero en lo fundamental, seguimos comportándonos de la misma manera, cayendo en los mismos errores. Es decir, cambiarlo todo para no cambiar nada.

19/09/2008

Tráiler


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