Clay (Jared Padalecki) se dirige al espeluznante bosque del legendario Crystal Lake donde busca a su hermana desaparecida sin escuchar los consejos de la policía y las advertencias de los habitantes de la zona.
Clay continúa con su exploración, ayudado por una chica que ha conocido entre un grupo de jóvenes estudiantes preparados para pasar un emocionante fin de semana. Sin embargo, ellos están a punto de encontrar algo más que no habían tenido en cuenta. Lo que menos se imaginan es que han entrado en el dominio del infame asesino, armado con una sierra eléctrica, Jason Voorhees (Derek Mears).
Nueva revisión del clásico de terror de Sean S. Cunningham.

Audio: Inglés (V.O) y castellano.
Subtítulos: Castellano e inglés.
Extras:
-El Renacimiento de Jason Voorhess.
-Hachazos Antes / Cuchilladas en Adelante.
-Escenas alternativas.
Distribuidora: Paramount.
Fecha de lanzamiento: 2 de septiembre 2009.
Precio: 19,95€.
| Jared Padalecki | Clay Miller |
| Danielle Panabaker | Jenna |
| Amanda Righetti | Whitney Miller |
| Travis Van Winkle | Trent |
| Aaron Yoo | Chewie |
| Derek Mears | Jason Voorhees |
| Dirección | Marcus Nispel |
| Guión (basado en los personajes creados por Victor Miller) | Damian Shannon, Mark Swift |
| Producción | Michael Bay, Andrew Form, Bradley Fuller |
| Producción ejecutiva | Sean S. Cunningham, Toby Emmerich, Brian Witten |
| Fotografía | Daniel Pearl |
| Montaje | Ken Blackwell |
| Música | Steve Jablonsky |

Rubén García López
En 1978, dejó de ser necesario ser un monstruo, zombie o algún tipo de criatura sobrenatural para no morir: Michael Myers, el asesino de La noche de Halloween (John Carpenter, 1978) era incomprensiblemente imposible de matar. Habiendo nacido, no podía sin embargo morir. Algo había cambiado y el horror absoluto podía encarnarse en un simple niño, y crecer con él, y gestar un asesino imposible de exterminar. El cine de terror dio por un lado con un acceso nuevo a la abstracción que siempre le fue tan querida y, por otro, con un nuevo filón para establecer series longevas, crear nuevas franquicias.

Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) surgió de la estela de la obra de Carpenter, con mucha menos exquisitez en la puesta en escena y sugerencias, pero mucha mayor contundencia en las escenas violentas. El programa era igual, si bien más reducido: un simple exterminio sistemático de víctimas, donde el suspense consiste en saber cuándo y por dónde aparecerá el asesino.
Esta única fuente de suspense establece el núcleo fundamental del interés de por lo menos las tres primeras partes de la serie. Por un lado, ese suspense es articulado jugando con planos de entidad ambigua, principalmente posibles subjetivos luego descubiertos no como tales. Pero sucede algo curioso cuando se descubre que el subjetivo no lo era, una pregunta: ¿el movimiento de quién representaba el movimiento de la cámara? La respuesta se hizo evidente en la 3ª parte: se mueve la puesta en escena misma, la intención de producir una tensión luego liberada para atacar inmediatamente después por el flanco contrario. La de Viernes 13 fue una serie que comenzó pues a ser algo más que películas destinadas a contar una historia: un puro happening, un espectáculo circense donde todos son conscientes de la falsedad e irrealidad de lo mostrado pero aún así deciden jugar, a ver si el director consigue de verdad asustarles, a ver si adivinan antes que nadie el lugar por donde aparecerá el machete, si un plano subjetivo va a ser también falso o no...
En las series todo es cuestión de variaciones, y Viernes 13 enseguida cerró mucho su campo, de modo que la 3ª parte supone una cumbre, en el sentido señalado, levemente mantenida por la 4ª, pero que solo logrará escapar a la rutina, y nunca del todo, en las partes 6ª y 10ª, una en la que se introduce el humor y otra donde el slasher se transplanta a la ciencia-ficción. Artilugios inter-genéricos para salir -solo aparentemente- de la serialización industrial.
"Verles morir supone un gran placer, pero las persecuciones, pasadizos, secuestros, etc., hacen que la franquicia renazca vieja: las imitaciones del original acabaron devorándola, y todas se hunden en el mismo fango de planos detalle confusos y arbitrariedad en el manejo de lo arbitrario"

Un remake en principio podría escapar a ésta, pero es obvio que era imposible hacerse ilusiones: el cine de terror comercial se encuentra en un estado en que, por poner un ejemplo, los diseñadores de sonido son los únicos que mantienen las ideas de espacio, volumen, textura, tiempo y movimiento, los que intentan aportar algo de materialidad a lo que no es más que puro código, desprovisto de horror, terror o incluso de sentido del juego. Lo que no es buena cosa.
Este remake descubre, por si a alguien se le había pasado, que hubo en aquella serie un juego que comportaba cierta apuesta formal, un trabajo bien determinado sobre los planos (duración, ángulos, desplazamientos, puntos de vista...). El tiempo ha oficiado de borrado de lo que la imagen construía y subrayado de lo que la mitología decidió elevar a sus altares. Se trata del tuneado de un viejo producto para volverlo a vender. Pero funciona peor: recuerda a las peores secuelas de la serie, a su desinterés por intentar articular las muertes de forma interesante, más allá de pensar dónde se clavará el machete o cuánto tardará en morir el de ahora. Olvida que el par tensión / susto precisaba también de una articulación fílmica.

Solo se mantiene el mito: Jason asesinando de nuevo y los universitarios follando y bebiendo y drogándose, satisfechos de su juventud en ignorancia de la proximidad de la muerte. Verles morir supone, por tanto, un gran placer, pero las persecuciones, pasadizos, secuestros, etc., hacen que la franquicia renazca vieja: las imitaciones del original acabaron devorándola, y todas se hunden en el mismo fango de planos detalle confusos y arbitrariedad en el manejo de lo arbitrario. Como ya dije en otro lugar, el de la montaña rusa no tiene por qué ser un arte fácil.
15/02/2009
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