WALL•E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class) es un robot que los humanos han dejado en la Tierra y que está programado para limpiar el planeta, llenando cubos y cubos de basura. Sin embargo, tras 700 años de soledad el robot sufre una pequeña avería en su sistema: ha desarrollado su propia personalidad.
Además, se enamora de otra robot, la estilosa EVE, a la que seguirá por la galaxia en un viaje en el que conoceremos a divertidos personajes como una cucaracha mascota y un equipo de robots inadaptados que no funcionan bien.
Novena película de animación generada por ordenador de Disney-Pixar Animation Studios, dirigida por el oscarizado Andrew Stanton (Buscando a Nemo, 2003).

Audio: Inglés (V.O), castellano y catalán. Subtítulos: Castellano, inglés e inglés codificado para sordos.
EXTRAS DISCO 1: Burn-e. Nuevo cortometraje animado. La luz llega a la galaxia... Ojalá!!! / Presto: Corto de cine / Escenas eliminadas / Los sonidos de la animación: construyendo nuevos mundos desde el sonido / Ben Burtt comparte los secretos de la creación de los sonidos de Wall-e / Cine Explore: comentarios de audio con el director Andrew Stanton.
EXTRAS DISCO 2: La Historia de Pixar por Leslie Iwerks / Escenas eliminadas adicionales / Los tesoros y cacharros de Wall-e / Cortos de BnL- Una mirada rápida dentro de la increíble corporación Buy and Large / Libro interactivo Muchos Robots / Cómo se hizo.
Distribuidora: Walt Disney. Fecha de lanzamiento: 4 de diciembre 2008. Precio: 25,95€.
| Ben Burtt | WALL•E, M-O |
| Elissa Knight | EVE |
| Jeff Garlin | Capitán |
| Fred Willard | Shelby Forthright, BnL CEO |
| Macintalk | Auto |
| Dirección | Andrew Stanton |
| Guión (basado en una historia original de Andrew Stanton y Pete Docter) | Andrew Stanton, Jim Reardon |
| Producción | Jim Morris |
| Producción ejecutiva | Pete Docter, John Lasseter |
| Fotografía | Jeremy Lasky, Danielle Feinberg |
| Montaje | Stephen Schaffer |
| Música | Thomas Newman |

Manuel Barrero
Las películas del sello Pixar poseen una extraordinaria virtud. En realidad, atesoran tantas, que sería tarea imposible enumerarlas todas, aquí y ahora. Pero sí me gustaría detenerme en una de ellas. Se trata de la asombrosa capacidad de hacer cine infantil para adultos. O cine adulto para niños, como prefieran. Una empresa nada fácil, que ellos llevan ejecutando con maestría, desde la fundacional Toy Story (John Lasseter, 1995). Todo lo contrario que su más directo competidor, la división animada de Dreamworks. Sus filmes se postulan como paradigma de la transgresión, y toman pose de cine para mayores. Ni una cosa, ni la otra. Al final, sólo queda el infantilismo y la poca madurez de sus ogros verdes y demás.

Pero no nos desviemos. Hablábamos de Lasseter y compañía, que se convirtieron en los herederos de Walt Disney, hace ya más de una década. El objetivo siempre ha sido hacer cine familiar, pero de calidad. Pixar recogió (y modernizó) el testigo, llevando esta máxima hasta el extremo. Y es que no resulta sencillo satisfacer las necesidades de un infante preescolar, a la vez que las del más exquisito de los críticos. ¿Cómo se consigue llegar al alma de públicos tan dispares? Con grandes dosis de juventud espiritual, y con el inmenso talento de un equipo capaz de regalarnos auténticas joyas. Adultas lecciones de cine, que jamás se quitan el traje de producto familiar.
"Siempre a la vanguardia, una vez más se vuelven a superar a sí mismos, con una creación portentosa. Un fantasmagórico mundo cuidado hasta el más mínimo detalle: un espectacular diseño de producción, un deslumbrante poderío visual, esa lúgubre textura, o la magistral música de Newman"
Todo esto viene a colación porque WALL.E va un paso más allá, convirtiéndose en la película más adulta de Pixar (que ya es decir). Al menos, en su planteamiento. Se hablará, y mucho, de esos primorosos 40 minutos iniciales. Y no es para menos. Trascendental, arriesgado y valiente; Stanton se atreve a sostener toda esa primera parte sin apenas diálogos. El director de Buscando a Nemo construye un devastador relato de ciencia-ficción, en el que ofrece una desoladora visión de La Tierra futura; convertida en un descomunal vertedero, de cuya faz ha desaparecido casi cualquier atisbo de vida.

En este tramo, prácticamente mudo, el aspecto visual cobra aun mayor relevancia, si cabe. Siempre a la vanguardia, una vez más se vuelven a superar a sí mismos, con una creación portentosa. Un fantasmagórico mundo cuidado hasta el más mínimo detalle: un espectacular diseño de producción, un deslumbrante poderío visual, esa lúgubre textura, o la magistral música de Newman; todos los elementos se encuentran perfectamente conjuntados para dejarnos esa deprimente sensación apocalíptica.
Pero, una vez más, surge la paradoja. Sin dejar ni un momento el poso amargo, esta primera mitad resulta irresistiblemente dulce y amable. Ello, gracias a un protagonista que quedará grabado en las retinas de los espectadores, como otro de los hitos de la factoría. Tierno, adorable y lleno de amor, él es el más humano de todos los seres del filme. De hecho, simboliza la parte positiva de lo que nuestras manos son capaces de crear. El reverso de toda la basura que fabricamos, se encuentra en este pequeño robot...y en el cine, al que Stanton se permite el lujo de homenajear como uno de los símbolos de la grandeza de nuestra especie.

Lo que sí resulta una novedad en el universo Pixar es la presencia de una historia de amor, algo de lo que habían huido siempre, con tan buen criterio. Hasta ahora, sólo el filme más flojo y simplón de la factoría, había introducido (de forma bastante torpe) una trama amorosa de peso. Hablamos de Cars (John Lasseter, 2006), el único trabajo que no está a la altura del resto. Pero en WALL.E, el romance es parte fundamental del discurso. Una divertida y hermosa relación en la que la bíblica llegada de EVA despierta todos los sentimientos que el mecanizado Adán lleva dentro. De nuevo, se busca el contraste. Dos seres artificiales capaces de sentir a flor de piel, frente a la robotización de los seres humanos.
Unos humanos que no aparecen hasta bien entrado el filme. Cuando éste ya se vuelve más aventuresco, y donde las referencias se vuelven más obvias: del universo Star Wars hasta 2001: una odisea del espacio, pasando por Un mundo feliz. Aunque aún queda espacio para la feroz crítica, a través de un grotesco retrato de la humanidad superviviente, convertida en una especie de homogénea y obesa reunión de bebés gigantes. Una espeluznante profecía de seres consumistas y sedentarios, llevando al extremo unos hábitos que cada vez se adueñan más de nuestras vidas.
"Se hablará, y mucho, de esos primorosos 40 minutos iniciales. Y no es para menos. Trascendental, arriesgado y valiente; Stanton se atreve a sostener toda esa primera parte sin apenas diálogos"

Sí, estamos ante una película ecológica, pero sin caer en tópicos facilones. Se aboga por el consumo responsable, se advierte sobre el peligro de la deshumanización y el exceso industrial. Una película que se rebela contra la idiotización humana; llena de sensibilidad, pero sin sensiblerías. De gran capacidad crítica, pero sin perder nunca el espíritu infantil. Sin piedad con la forma de vida actual, y las posibles (y nefastas) consecuencias que pueden traernos esos hábitos.
El contraste entre desazón y esperanza que recorre toda la película, está llevado de manera impecable por el director, hasta que llega el final. Hacer películas para niños es algo muy loable (diría que hasta necesario), pero impone un corsé del que es difícil salir. Efectivamente, los códigos obligan, y fuerzan un final feliz. La pronta y muy positiva reacción de los humanos, y su brusco cambio de mentalidad ponen el toque de esperanza en el futuro, pero resultan un tanto incoherentes con el resto de la apuesta. Una apuesta que merecía un final más arriesgado, claro que sí. Pero no queda otro remedio que perdonar esa licencia, después de la exhibición de talento a la que hemos asistido durante casi dos horas.
04/08/2008
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