Un nuevo estudio de la colección "Signo e imagen", en su sección "Cineastas", llega a los escaparates desde el catálogo de la Editorial Cátedra. Nunca es tarde cuando el estudio se concentra en los grandes maestros, de los que si bien el caudal de publicaciones no acostumbra a ser escaso, aunque haya que buscarlo a veces en muy diferentes lenguas, no menos cierto es que el tema (en este caso la obra de un Grande como Tarkovski) da para bastante y nunca termina de agotarse, debido en parte a su extraordinaria complejidad. Así, esta nueva revisión, trabajada desde el rigor de quien la escribe, se aborda con algunos puntos de vista novedosos.

Pedro Gómez
Carlos Tejeda (Arte en fotogramas: cine realizado por artistas; Cátedra, Madrid, 2008), el autor del estudio, repasa con escrúpulo la filmografía de Tarkovski rastreando entre sus referentes más inmediatos y destacando con gran acierto algunos de ellos, como los pictóricos (V. gr. la obra de Caspar David Friedrich, que encuentra su equivalencia tarkowskiana en la fijación del cineasta ruso por contextualizar al personaje, sintetizándolo con su entorno físico). "Un mundo destartalado" como lo define Tejeda (p. 88) en el que abundan el elemento vegetal y la arquitectura de espacios deshabitados.

Tarkovski, aludido inevitable cuando hablamos de cine del Este, altamente simbolista, con aspiraciones culturales y una retórica imaginativa, sobrecargada a veces pero que nunca deja indiferente, pasa por ser un pos-romántico en muchos casos postergado a la sombra de un cine mucho más convencional, aún cuando algunas de sus obras (La infancia de Iván -1961-, Andrei Rubliev -1966-, Solaris -1972-, Stalker -1979-, Nostalgia -1983-, Sacrificio -1986-...) constituyen ya un repertorio de clásicos indiscutible, que ha sabido fascinar a autores mucho más que discutidos (a la vez que conocidos del gran público) como es el caso de Soderbergh.
Destacamos entre algunas de las reflexiones más lúcidas del estudio, la escasa presencia del ámbito profesional que Tejeda detecta en los personajes de Tarkovski, lo que supone una clara heterodoxia cuando desde las escuelas, manuales de guión, etc... se tiene por receta consabida la recomendación de utilizar precisamente ese ámbito (junto al familiar o privado) para describir con hondura al individuo. El hábitat profesional que tanto ha sustituido al familiar en el cine y la teleficción más contemporáneos, tal vez por la crisis de la institución, es reivindicado por Tarkovski, gran evocador de la estirpe, con valentía ciertamente inusual. Y es que quizá una de las aportaciones del cineasta ruso sea la de contravenir ciertas modas y tendencias, algo que sólo los muy grandes consiguen sin aburrir, aunque siempre levantando ampollas y recelos.
"Un acercamiento serio para el que nada conoce de Tarkovski, pero a la vez, un elaborado compromiso de búsqueda para que el que se lo sabe, encuentre nuevos ángulos con los que completar sus propias estimaciones".

En una línea parecida, el trabajo nos habla implícitamente de la relación inexplicable entre sufrimiento y Arte, un asunto ciertamente tratado desde siempre, pero más en especial desde que la psicología freudiana se empeñara en el esfuerzo de explicar la obra como el resultado de un proceso de sublimación del individuo, donde las más oscuras fuerzas del inconsciente generan belleza por la sola necesidad de existir y lograr alguna clase de aceptación que de otro modo jamás conseguirían. Algo que como también el libro aporta, termina relacionando Arte con sentimiento religioso porque cuando la necesidad interior mueve hacia las esferas de lo prohibido sólo cabe la consumación, la prohibición o esa sublimación de la que hablaba el psicoanálisis.
Y a destacar otra curiosidad muy en relación con la anterior. Se extrae algún breve fragmento de un diálogo de Stalker en el que si algo llama la atención es precisamente la forma en la que dicho diálogo se construye. Otra licencia del maestro ruso, pues transgrede una de las reglas básicas, la de fomentar el conflicto favoreciendo la disparidad en el punto de vista de los personajes que intervienen. En el fragmento reproducido observamos que esto no es así, los personajes hablan defendiendo una misma idea y sin embargo, la grandeza de lo que se dice, la carga intrínseca en el contenido, mantiene la tensión de un modo inexplicable, hasta el final. Lo que no hace si no refrendar un nivel de maestría que supera cánones y convenciones.

En definitiva, un acercamiento serio para el que nada conoce de Tarkovski, pero a la vez, un elaborado compromiso de búsqueda para que el que se lo sabe, encuentre nuevos ángulos con los que completar sus propias estimaciones. Muy recomendable.
21/08/2010
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