Es larga y fructífera la alianza entre Santos Zunzunegui y la editorial Cátedra: Robert Bresson, Orson Welles, Metamorfosis de la mirada. Museo y semiótica, Historia General del Cine (vol. I y II), Paisajes de la forma, Pensar en la imagen, Contracampo. Ensayos sobre teoría e historia del cine. Solo, o de la mano de Jenaro Talens, como coordinador o como autor total del volumen, poco a poco Zunzunegui ha ido construyendo una destacable amalgama de pensamientos sobre el cinematógrafo a partir de muy diferentes formatos que culminan en este magnífico ejemplar, La mirada plural, por el que ha recibido el I Premio Internacional de Comunicación Audiovisual Francisco Ayala.

Francisco Algarín Navarro
Los textos que conforman este volumen proceden de muy diversas publicaciones y épocas y, como su propio nombre indica, es a través de la disparidad, la digresión, la mixtura, el bricolaje, de donde nace la posibilidad de reflexionar sobre el estado del cine en su relación con el fluir de la Historia, entendiéndolo como un constante terreno de indefinición. Por ello, tras esos sublimes capítulos introductorios en los que se habla de la presente fagocitación del cine por el audiovisual, una vez se intenta establecer unas coordenadas más o menos precisas en las que el cinematógrafo encuentra el lugar propio que le pertenece, nos hallamos en disposición de entrar en un recorrido que va y viene del cine clásico al moderno y viceversa, sin solución de continuidad.

Así, bajo el título de la primera parte, Nuevas visiones de viejos maestros, Zunzunegui se permite hablar de la obra de cineastas que, a pesar de pertenecer al contexto del cine clásico, fueron, son y seguirán siendo hoy sencillamente modernos. Gregory La Cava servirá para hablar de las cuestiones de estilo para, a través de sus filmes, establecerlo como paradigma del cineasta "casi clásico". Pronto nos daremos cuenta de hasta qué punto llega el margen de indefinición de obras que creíamos bien asentadas cuando estas se someten a nuevas lecturas presentes, como sucede con el tándem formado por Val Lewton y Jacques Tourneur. El estudio bajo el prisma deleuziano de obras como Yo anduve con un zombie sirven a Zunzunegui para elaborar un exhaustivo estudio de los llamados "pasajes espectrales", espacios en los cuales se mueven los no-vivos / no-muertos.
En este camino hacia la modernidad, destacan dos viejos maestros fundamentales: primero Jean Renoir, con su La carrosse d´or, abriendo las puertas al teatro, cuestionando los límites de la representación, y relacionando el filme con la Commedia dell´Arte. Más tarde, partiendo nuevamente de Deleuze, a través de los conceptos "mundos originarios - pulsiones elementales", Zunzunegui parte del supuesto de la existencia de una mirada filosófica en Buñuel, para ponerlo en relación con Nietzsche y Magritte y llegar a una cuestión elemental: ¿Qué nos revela Buñuel del mundo más allá de la realidad?
La segunda parte, Utopías y desgarros, se centra en la relación del cine con los años inmediatamente anteriores y posteriores a Mayo del 68: Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga Vertov (sinfonía en tres actos) y Prima della rivoluzione de Bernardo Bertolucci, obra capital en su constante diálogo de "citas y alusiones", vía Stendhal- Verdi - Visconti - Godard.
"Sublimes capítulos introductorios en los que se habla de la presente fagocitación del cine por el audiovisual. Una vez se intenta establecer unas coordenadas más o menos precisas en las que el cinematógrafo encuentra el lugar propio que le pertenece, nos hallamos en disposición de entrar en un recorrido que va y viene del cine clásico al moderno y viceversa, sin solución de continuidad"

Extraterritoriales es el título de la tercera parte, formada por tres textos, el primero de ellos dedicado al cine de Aki Kaurismaki, repasando la totalidad de sus obras, centrándose en alguna de ellas (Toma tu pañuelo, Tatiana), y entroncándolo con cineastas (Bresson) o pintores (Hopper). Siguen tres textos sobre la relación cine-memoria: Lanzmann, quien otorga todo el poder al registro de la palabra frente a lo irrepresentable; Marker y su exposición virtual Immemory, auténtico bricoleur al modo de Lévi-Strauss, en el encuentro del cineasta con la materia en forma de hallazgo y, por último, el binomio formado por Straub-Huillet y Oliveira. Duración, lucha imagen-sonido, restitución de la palabra, importancia del mito: en definitiva, el deseo de estos cineastas de hacer ver y de dar a escuchar el arte, de Castelo Branco a Kafka, de Cézanne a Schönberg, de Claudel a Bach.
La cuarta parte, Un observador lejano, traza un recorrido que va de Kurosawa a Ozu y de Ozu a Mizoguchi. Confrontación con lo real, variaciones formales, representación y ruptura, Zunzunegui aborda en estos tres capítulos un sinfín de nociones fundamentales a través de la obra de los tres cineastas nipones, en un estudio detallado, minucioso, exhaustivo, a lo largo y ancho de toda su obra.

La última parte, Cuestiones de teoría, se revela fundamental para entender los diferentes modos de pensar el cine a través de la segunda mitad del siglo XX: de las dos imprescindibles nociones acuñadas por los Cahiers, la de la "política de los autores" (Truffaut) y la de la "puesta en escena" (Astruc), a la reivindicación de un nuevo realismo por parte de los cineastas del Free. Después, el Festival de Pesaro y la "nueva crítica": Pasolini, Metz, Boulez, Barthes, es decir, la apertura del cine al estructuralismo, al marxismo (Althusser), al psicoanálisis (Freud por Lacan), hasta la culminación del célebre Cine, ¿lengua o lenguaje? (Metz), el cine como "lengua escrita de la realidad" (Pasolini) y la apertura a la semiótica.
13/06/2009
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