La notoria dependencia del cine sobre si es un arte (o no) menor, siempre detrás de otros (hasta hace menos de lo que pensamos), ha producido muchas veces que el cine haya sido relacionado con otras artes, más allá de la literatura y la consabida retahíla de "me ha gustado (es mejor) el libro", como una esponja, como un fagocitador, pero no un creador. Por poner un ejemplo, son ineludibles las relaciones del cine con la pintura, muchos planos de películas remiten a figuras y cuadros, más o menos conocidos. Pero hasta hace poco no se ha planteado la relación contraria, cómo el cine es generador de opciones, en este caso, refiriéndonos ya al libro que reseñamos, espacios inéditos para la arquitectura.

Rafael Arias Carrión
Jorge Gorostiza ha trabajado las relaciones entre el cine y la arquitectura. En esta recopilación de artículos, que abarcan 14 años de investigación y divulgación (1992-2006), ha ahondado en esa inabordable contradicción de mostrar la profunda relación entre un arte -el cine- bidimensional, y otro -la arquitectura- necesariamente tridimensional. Esa simbiosis es la que ejercen dos actores: la cámara de cine y el espectador. De esta forma, lo que eran, en el génesis del cine, telas pintadas en donde la tercera dimensión nadie se la imaginaba, a través de la puesta en escena y del montaje, la imperfección técnica de una reproducción en dos dimensiones, produce la ilusión de que "estamos ahí, ahora mismo con el/la protagonista".

En este libro -sugerente siempre para todos los que se acercan vírgenes a esta relación, pues la fácil prosa de Gorostiza produce que este descubrimiento sea todavía más cercano- el autor busca condensar en un único texto las inquietudes que ha producido un siglo de cine, un siglo de espacios.
Para ello, cuatro bloques delimitan las fronteras, e inciden, por su disposición, en una especie de pequeño curso sobre cine y arquitectura. El primer bloque "Cineastas-Arquitectos" recorre las inquietudes espaciales de cinco directores: Ernst Lubitsch y sus escaleras, Edgar Neville y las calles y sus casas, Luis Buñuel y los interiores, Jacques Tati y la modernidad, y Wim Wenders y el espacio. Especialmente los interiores cobran aquí su mayor importancia, aquellos que tan bien supo recrear como un sueño de ilusión la edad dorada de Hollywood, perfectamente retratado en otro excelente libro La arquitectura en el cine de Hollywood, de Juan Antonio Ramírez. Cada artículo viene primorosamente detallado con fotos y dibujos que hacen todavía más comprensible la lectura.
El segundo bloque se adentra en las texturas que ofrece cada género. El film noir es el fácil ejemplo. Todos sabemos distinguir, aunque nos peleemos por definirlo, por acotarlo, una película de cine negro de una comedia, de una película fantástica. Pero no es el único género, el musical también tiene sus formas, ¡como no!, si cada número musical es una ensoñación, la máxima expresión artística en tres dimensiones, en donde como en todo sueño, no hay reglas; también sucede con el cine fantástico, que recrea espacios difícilmente imaginables. Más leídos, menos originales, resultan los trabajos sobre el expresionismo y sobre Fritz Lang y su Metrópolis (1927).
"La lectura completa del libro produce la alegre sensación de haber entrado en un mundo todavía poco habitado, el cine y la arquitectura, un libro que, sin pretenderlo, resulta ser una intensa introducción a la materia"

Un breve tercer bloque deriva su mirada hacia los nombres que están detrás de esas impresionantes construcciones (desde las maquetas hasta las megalomaníacas construcciones, todo al servicio de que "parezca real" desde el patio de butacas), diferenciando y explicando las diferencias entre arquitecto y un escenógrafo: "La Escenografía tiene sus leyes y sus reglas propias y diferentes a las de la Arquitectura, no tiene sentido copiar formas, hay que emplear los materiales con sus virtudes y defectos intrínsecos, con sus propias leyes." Es el trabajo del director artístico.
El último bloque es el más sugerente, pues da la vuelta a la tortilla al plantear las influencias del cine en la arquitectura, un trabajo en el que la revista de cine y arquitectura La ventana indiscreta ha trabajado con fluidez y aplomo. También hay una mirada hacia esa "no ciudad" que crea el cine a través de los efectos especiales y cómo afectan esos espacios a los personajes que las habitan.

La lectura completa del libro produce la alegre sensación de haber entrado en un mundo todavía poco habitado, el cine y la arquitectura, un libro que, sin pretenderlo, resulta ser una intensa introducción a la materia. Sí se echa en falta, quizá algún texto inédito (la mayoría proceden de las revistas de cine Nosferatu y Nickelodeon), o un amplio texto introductorio que hiciera un recorrido sobre el estado de la materia en estos 14 años que abarcan los textos de Jorge Gorostiza.
Cien años de imágenes han producido que conozcamos ciudades sin haberlas visitado físicamente. Pasearse por la filmografía de Woody Allen, Martin Scorsese, Spike Lee y Abel Ferrara es conocer de primera mano Nueva York. ¿Y que decir de Fellini-Cinecittà y Roma, máxima expresión de que una figuración es capaz de sustituir a la realidad, hasta el punto de que el propio Fellini (y muchos más) preferían la Roma de Cinecittà a la Roma real?
GOROSTIZA, Jorge. La profundidad de la pantalla. Arquitectura + cine. 1ª edición, Demarcación de Tenerife, la Gomera y el Hierro del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias y la editorial 8 1/2. 2008, 316 pág, ISBN: 978-84-96582-34-7. Precio: 18€.17/04/2009
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