Uno de los grandes vicios de la mayoría de los espectadores de cine es el de desear que alguna película que nos ha producido placer tuviera su continuación, o quizá cambiar el final de aquella cuyo final no nos gusta, entonces nos imaginamos y recreamos otro final acorde a nuestro pensamiento, sentimiento, estado de ánimo.

Rafael Arias Carrión
A mí, en particular, me gusta imaginar continuaciones de películas, más que modificar lo ya visto. Así, más de una vez he soñado en cómo sería la boda y la relación matrimonial entre Jerry/Daphne (Jack Lemmon) y Osgood Fielding III (Joe E. Brown) en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959), también cómo sería la amistad entre Rick (Humphrey Bogart) y el capitán Renault (Claude Rains) en Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

Más de una vez he pensado en Rachel (Sean Young), siempre eterna y joven, mirando a un ya envejecido Rick Deckard (Harrison Ford) en la primera y mejor versión de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Aquí había dos opciones, una obedecía a un estado de ánimo sentimental, y entonces recreaba a Rachel mirando con tristeza melancólica a Rick, siempre en la cama; el segundo era un final más activo, y en ella Rachel pegaba el portazo que da Rick en el plano final de la director´s cut, y huía sola (o junto a algún otro hombre o mujer, nunca lo tuve claro), dejando a un anciano Rick en esa misma cama, esperando la muerte. Cosas de la diferencia de edad, cosas de que Rachel fuera una replicante sin fecha de caducidad.
"Manuel Hidalgo realiza una jocosa diatriba sobre Bienvenido Mr. Marshall, en la que los pobladores de Villar del Río se quejan de que sus sueños no han sido completamente cumplidos, devolviendo los regalos."

Las películas que he citado son tres de las que aparecen en este glosario de relatos que recrean emociones, sensaciones, recuerdos, referidos a alguna película. En Otro final escribe José Ovejero, retocando el final de El gabinete del doctor Caligari; Lourdes Ventura se acerca a los amores de Cumbres borrascosas; Amparo Serrano de Haro epiloga, ubicándola en Estados Unidos y en 1945, Casablanca, con hijo incluido; Andrés Trapiello, relata pormenores y desavenencias entre el novelista Luigi Bartolini, el guionista Cesare Zavattini y el director Vittorio de Sica, a propósito del final de Ladrón de bicicletas; Felipe Vega se interna en El tercer hombre, retratando un futuro encuentro entre el escritor de la novela Graham Greene y Holly Martins, escritor en la película.
Manuel Hidalgo realiza una jocosa diatriba sobre Bienvenido Mr. Marshall, en la que los pobladores de Villar del Río se quejan de que sus sueños no han sido completamente cumplidos, devolviendo los regalos; Augusto M. Torres recrea recuerdos personales cuando durante su infancia vio la versión censurada de Mogambo; Eduardo Chamorro se acerca al universo de Peter Pan; Álvaro del Amo escribe un amoroso final de Calle Mayor; Eduardo Mendicutti muestra pormenores del matrimonio entre Daphne y Osgood en Con faldas y a lo loco; Vicente Molina Foix busca en Psicosis la complacencia de un retrato de pareja en el que Norman aparece... vestida como mujer.

Javier Maqua en Viridiana busca esos pormenores que llevaron a la censura eclesiástica a mejorar el final previsto; Pedro Sorela imagina en Doctor Zhivago, un final en el que Zhivago no sólo no muere sino que, junto a Lara, acaba por pedir asilo político en la España franquista en la que se rodó la película; Luis Antonio de Villena idea otro final en donde el profesor no muere, en Muerte en Venecia y Pedro Zarraluki en Blade Runner, recrea con lógica aplastante cómo otros blade runners persiguen a los fugados replicantes Rick y Rachel.
En fin, ¡cómo no querer cambiar el final de Calle Mayor!
16/02/2010
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