Desde hace varias temporadas, el programa semanal Milenio 3, de la Cadena Ser, se ha convertido en un auténtico fenómeno en la historia de la radio española. Desde "el otro lado", multitudes de oyentes contienen el aliento, echan miradas de soslayo a su alrededor, y siguen sin pestañear los reportajes de Iker Jiménez, Carmen Porter, Santiago Camacho, Juanje Vallejo y, por supuesto, de Alberto Granados, periodista todoterreno cuya curiosidad resultó providencial en la gestación de "la nave del misterio". El presentador y conductor del espacio radiofónico Gran Vía, también de la Cadena Ser, ha publicado recientemente Leyendas Urbanas. Entre la realidad y la superstición, una recopilación de esas historias que se propagan y se instalan en el imaginario colectivo sin que tengan una existencia real, suprema manifestación de la capacidad narrativa del ser humano ante sus prejuicios y miedos más profundos.
Por José Antonio Planes Pedreño. Fotografía: Miguel Balbuena.

―¿Cómo te interesaste por el mundo de las leyendas urbanas?
―Como sabes, trabajo en Milenio 3 con Iker Jiménez y en uno de los programas hablamos de la famosa leyenda de La Pandilla Sangre. Se suponía que era una pandilla que iba en el coche con las luces apagadas y que, cuando te los encontrabas de frente y les dabas las largas para avisarles de que las tenían apagadas, daban la vuelta, conseguían detener tu vehículo y mataban a todos los ocupantes. Se suponía que era un rito de iniciación de una pandilla de suramericanos, y la información la habíamos recibido a través de un fax que había sido lanzado a muchas direcciones de correo electrónico con el sello de la policía local de Almería; pero cuándo estuve investigando un poco y llamé a la policía local de Almería, me dijeron que era falso y que todo era mentira. A partir de ahí me surgió la pregunta de por qué existen tantas historias que pensamos que son reales cuando no lo son y, así, empecé a seguirlas y familiarizarme con ellas.

―Ante la cantidad de historias similares que circulan y se difunden por la Red, ¿consideras que la leyenda urbana está viviendo una época dorada?
―Yo creo que sí. Antiguamente, cuando existían leyendas urbanas y pasaban de generación en generación, bien de manera oral, bien publicadas en algún periódico, yo creo que no tenían ningún interés. Ahora sí. Ahora las leyendas urbanas que van a través de Internet sí que lo tienen, principalmente, a través de los cloaks, una nueva versión de las leyendas urbanas, es decir, los mensajes que llegan a nuestro correo electrónico alertándote de la existencia de un peligro y en los que, además, te insisten en que debes enviarlo a cuantas más direcciones posibles. Y claro, nosotros lo primero que hacemos cuando tenemos alguna noticia de este tipo es mandársela enseguida a nuestros amigos y familiares. El objetivo es acumular todas esas direcciones de correo para que luego nos sigan enviando correos basura. Por tanto, yo creo sí que estamos viviendo un periodo increíble de leyendas urbanas y, de hecho, nosotros estamos recibiendo dos o tres cada semana.
―En tu libro, la gran mayoría de los relatos que recopilas finalizan con una pequeña moraleja, con una pequeña lección moral, ¿por qué?
―Cuando me preguntan de dónde provienen las leyendas urbanas, suelo responder que son nuestros padres y nuestras madres quienes nos inician en ellas. Yo creo que las primeras leyendas urbanas las escuchamos de su voz. ¿Quién no ha salido cuando tenía 10 o 12 años a dar una vuelta con unos amigos y sus padres le han alertado del peligro que corría si le ofrecían droga? O simplemente nos decían que lleváramos cuidado con no aceptar droga a la salida del colegio, que no había que ir a ningún lado con desconocidos, o que si salías por la noche te podría raptar el hombre del saco. Me parece que son nuestros padres quienes nos descubren las primeras leyendas urbanas que escuchamos. En cuanto al estilo didáctico, yo creo que ha surgido sin premeditación. Soy periodista y cuando escribo intento llegar a las personas, comunicar de la mejor manera posible. Me dedico al mundo de la radio, que tiene un lenguaje muy particular, y al final es evidente que se ha visto reflejado.
"En España estamos muy castigados por el terrorismo, por eso muchas leyendas urbanas tienen que ver con historias relacionadas con ese tema"

―Una de las cuestiones más interesantes de lo relacionado con las leyendas urbanas estriba en la cantidad de prejuicios y miedos "atávicos" (como le gusta decir a tu compañero Iker Jiménez) del ser humano. Supongo que esta cuestión surgió conforme fuiste profundizando en el tema.
―Desde luego. Una de las cualidades imprescindibles de las leyendas urbanas es que preexista algo que provenga desde lo más profundo de nosotros. Para que una leyenda urbana tenga éxito, tiene que insertar el miedo; pero el miedo hacia algo conocido.

A partir de ahí ha surgido un miedo, por ejemplo, hacia el terrorismo, como ha ocurrido en el pueblo americano y, en particular, el pueblo neoyorquino; ahora se sienten muy vulnerables hacia cualquier el atentado terrorista. Hasta no hace mucho, vivían en un mundo en el que nunca había ocurrido nada de estas características; pero a partir del 11-S es como si hubiesen entrado en una especie de infierno. Sin embargo, yo creo que eso también lo hemos vivido nosotros. En España estamos muy castigados por el terrorismo, y por eso muchas leyendas tienen que ver con historias relacionadas con ello, como cuando te advierten que en determinados teléfonos móvil han colocado detonadores o como cuando te alertan de que no se te ocurra ir a determinado centro comercial porque va a haber un atentado terrorista. Todo lo que tiene que ver con el miedo insertado en el cuerpo, funciona. Algunas veces me han preguntado qué leyenda podría inventarme y, sin ninguna duda, te diría que seguramente de aquí a nada estará funcionando alguna leyenda relacionada con las palizas que te pueden dar y con los teléfonos móvil que las graban. Son noticias que nos están llegando últimamente, sucesos similares que han ocurrido en nuestro país. No es de extrañar que dentro de muy poco llegue a nuestro correo alguna leyenda urbana con esa historia; que tengas cuidado con hacer tal cosa porque una pandilla te pegará una paliza y la grabará con un móvil. Por ese camino va el fenómeno de las leyendas urbanas.

―Todas las leyendas urbanas que abordas en tu libro están tipificadas, pero hay algunas que son muy difíciles de clasificar, como la del cuidador de elefantes que muere ahogado por los excrementos de su paquidermo, impregnada de un humor muy negro.
―Existe una fina línea que separa los chistes o las historias inventadas, y las leyendas urbanas. Yo sabía que alguna de ellas, como la que mencionas, estaban en el límite de las historias surrealistas, pero he creído necesario incluirlas para desengrasar un poco, para que no todas fueran terribles, extrañas o que infundieran miedo, como la del elefante o la de aquél que se conecta a un ordenador y resulta que en los discos de Windows hay una serie de códigos que te proporcionan un mensaje muy parecido al que aparece en El señor de los anillos: "un sistema para analizarlos a todos, un sistema para gobernarlos..." Como ves, hay una línea muy fina entre el chiste o el relato que contiene buen humor y las leyendas urbanas.
"La sección Mente Positiva no dejaba de ser un contrapunto, deseábamos acabar con una historia positiva tras haber hablado, de por ejemplo, prácticas satánicas con sacrificios humanos"
―Que existan leyendas urbanas antiquísimas que han ido resistiendo el paso del tiempo, ¿podría deberse a un efecto imitación? El simple hecho de hablar de una leyenda urbana, ¿induce a su propagación o a que haya quienes intenten ponerlas en práctica?
―Sin ninguna duda. Cuando nosotros investigamos la leyenda de la Pandilla Sangre, nos dimos cuenta a través de los cuerpos de seguridad del estado que sí que había habido alguna detención o alguna multa a gente que había conducido con las luces apagadas de su vehículo para asustar al resto de conductores. Está claro que cuando alguien lee una leyenda urbana, no tiene nada mejor que hacer, y encima le apetece asustar a la gente, puede llegar a querer imitarla. Por tanto, sí que existe un efecto imitación, pero como todo. Cuando escuchamos en una noticia que un perro ha mordido a una niña, automáticamente en las próximas dos semanas una gran cantidad de informaciones están relacionadas con ese tema.

―Las leyendas urbanas fueron objeto de un amplio programa en Milenio 3, pero entrando ya un poco más en tu actividad profesional dentro del mismo, ¿cómo te enrolaste en la "nave del misterio"?
―Yo llevaba mucho tiempo haciendo un programa semanal llamado Ser Curiosos, en el que Iker (Jiménez) había colaborado conmigo en muchas ocasiones. Me gustaba el mundo del misterio y, cuando comenzó Milenio 3, Iker necesitó a alguien cercano al programa que controlara los temas, que tuviera una función de apoyo a lo que él quería hacer, de ahí que nos hayamos abierto hacia otro tipo de campos, más científicos y menos "misteriosos". Éramos el complemento ideal; nos llevábamos muy bien, éramos casi como hermanos y siempre nos había apetecido trabajar juntos. Hasta ese momento no habíamos coincidido, pero en cuanto surgió la oportunidad, no lo dudé y empezamos a colaborar.
―Milenio 3 empezó como un espacio que atendía asuntos de índole paranormal, siempre como forma de periodismo de sucesos, pero como has dicho, ha ido pasando el tiempo el programa y os habéis abierto temáticamente hacia otras disciplinas: historia, criminología, arqueología... ¿Este deslizamiento estaba programado o ha surgido espontáneamente?
―Nos hemos planteado otros temas porque somos muy inquietos, tanto Iker como el resto de los componentes de Milenio 3. Advertíamos también que los oyentes del programa necesitaban algo más; es una audiencia muy curiosa la que tenemos y notábamos que querían conocer cosas diferentes. Y así ha sido. Luego ha habido cosas que han funcionado muy bien y que nos han sorprendido mucho. En Cuarto Milenio, por ejemplo, han ido muy bien reportajes que no estaban ligados al misterio, como el tema del feng shui, el de los mensajes del agua o el de los meteoritos. Hay muchos temas que a nuestra audiencia le interesan, y que no tienen que ver con el misterio. Cualquiera que sea un poco curioso y que quiera estar informado seguro que también disfruta con ellos.
"Cuando alguien lee una leyenda urbana, no tienen nada mejor que hacer, y le apetece asustar a la gente, puede llegar a querer imitarla"

―Precisamente, dentro de estas líneas temáticas que están fuera del misterio, resulta muy curiosa la sección de "Mente positiva" y que, desde luego, ha supuesto un auténtico oasis entre reportajes y temas tan duros y escalofriantes, ¿cómo se te ocurrió la idea?
―Pues la verdad es que íbamos en un viaje, en la furgoneta en la que viajamos cuando vamos a grabar algún programa en directo en alguna ciudad española. Iker y yo veníamos charlando y, bueno, a mí de siempre me han gustado los temas relacionados con el crecimiento personal y, de hecho, he estudiado mucho sobre el tema. Le iba contando historias acerca de los cursos que había realizado, de lo que había hecho, y como la verdad es que a Iker le apasionaba me dijo que por qué no hacíamos algo parecido, una sección en la que le pudiera contar ese tipo de cosas. En un principio yo no sabía muy bien por dónde ir, pero decidimos contar esa noche un cuento con el que Iker quedó muy impactado. La verdad es que ha habido noches bastante difíciles, porque en alguna ocasión se le han saltado las lágrimas con los cuentos y relatos que contábamos. Y luego no sé muy bien por qué caló con tanta fuerza en la audiencia, ya que no pensábamos que iba a funcionar como los temas del misterio. La sección de "Mente positiva" no dejaba de ser un contrapunto; deseábamos acabar con "buen rollo", con una historia positiva, después de lo que habíamos tratado, tras hablar de, por ejemplo, prácticas satánicas con sacrificios humanos. Lo que sucede es que ahora estoy metido de lleno en otros proyectos, como el programa Gran Vía los fines de semana; no puedo estar en directo con ellos en el programa y la sección perdía fuerza si la dejábamos grababa. Por eso, hemos decidido esperar un poco para volverla a reactivar, pero sí que es cierto que todavía recibo muchos correos electrónicos de muchos milenarios que echan de menos la sección. Por lo tanto, está parada, pero no muerta. Seguro que resurgirá.

―Supongo que os habréis tratado de explicar, tú y el resto de miembros de Milenio 3 y Cuarto Milenio, las razones del éxito que estáis logrando, porque es impresionante la cantidad de gente que os sigue con tanta fidelidad.
―La verdad es que sí que lo comentamos y siempre es alucinante ver, por ejemplo cuando estuvimos haciendo el programa en directo desde Vitoria, a 7.000 personas en un pabellón para escuchar un programa de radio, en el que no llevamos ningún espectáculo. Normalmente en los programas de radio hay números musicales o actuaciones en directo, pero nosotros no tenemos nada eso, sólo somos nosotros, salvo cuando llevamos a algún colaborador. Y, sin embargo, conseguimos mantener en silencio a esas 7.000 personas escuchando apasionados las historias que les contamos. Yo creo que en la radio es todo un fenómeno, y no todo el mundo lo está valorando como merece; para la radio en general, y también para la televisión, es un fenómeno increíble si tenemos en cuenta que nuestro público es gente joven. Antes de hacer el programa en Teruel, que iba a tener lugar en mitad de sus fiestas, nos enteramos que desde Valencia había 27 autobuses con personas que iban a acudir a escucharnos. Son números y cifras que nos desbordan, y lo más importante es que cualquiera del equipo puede notar el cariño de la gente y la verdad es que es alucinante; es un público muy especial, muy seguidor y creo que siempre le tendremos ahí a no ser que le traicionemos. Pero, insisto, es gente muy especial que nos quiere mucho, y nosotros también a ellos.
El programa A vivir que son dos días Madrid se emite los sábados y domingos de 12.00 a 14.00h. en la Cadena Ser de Madrid.29/02/2008
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