El arte radiofónico - radio | Kane 3

El arte radiofónico

El primer libro que se publicó en España sobre la radio tras la guerra civil se llamó El arte radiofónico. Fue en 1945 y lo había escrito un ciudadano norteamericano llamado Robert S. Kieve, que alternaba su trabajo en la Embajada de Estados Unidos con la poderosa afición radiofónica que desarrolló en los estudios de Radio Madrid donde se estaban construyendo los fundamentos de la radio que estaba a punto de llegar para quedarse. Esta frase última me ha surgido sin pensarla, por sorpresa, pero me remite a La radio está aquí para quedarse, en el original, Seems Radio is Here to Stay, que es, por otra parte, un título clásico de la literatura radiofónica. Su autor fue Norman Corwin, también estadounidense, y tanto él como su libro, escrito para espantar los malos augurios que se cernían sobre el futuro del medio ante la inminente implantación de la televisión, son aún citados y explicados en las aulas donde se enseña este oficio nuestro.

Por Juana Ginzo

A Bob Kieve le conocí hace 60 años. Me hizo la prueba que resultó ser el primer impulso que recibí para comenzar un largo camino ante el micrófono. Acababa de publicar su obra y le recuerdo como un forofo de Corwin. Le llamo Bob porque tuve confianza para ello y porque la renové hace poco tiempo cuando contacté de nuevo con él en su soleada e hispana California donde reside para pedirle datos fundamentales de aquella época con destino a mi libro Mis días de radio. Le llamo Bob y él, a cambio, me llama Juanita. En El arte radiofónico, un texto dedicado a principiantes con interés por seguir una carrera que se consideraba que iba a gozar de un gran futuro, Kieve no se planteaba si la radio era o no un arte. Y es que eso se daba por hecho. Era una expresión utilizada en todas partes, también a esta orilla del Atlántico, por los teóricos de la radiodifusión. ¿Lo es realmente?

El loco del pelo rojo (Vicente Minnelli, 1956)
El loco del pelo rojo (Vicente Minnelli, 1956)

La radio ha tenido siempre una estrechísima relación con las artes. Sobre todo con la literatura. Es obvio que de ella proceden las adaptaciones de obras maestras que se han hecho en todos los tiempos y en todas las emisoras. Y se ha contado la vida de los más grandes autores. Pero la literatura no es radio. Más aún: lo que es literatura no es radio. ¿Y qué decir de la música? Está presente en la programación de las emisoras desde los primeros tiempos. Pero la música no es radio. Ni siquiera la emisión de un disco tras otro en las radiofórmulas lo es. Eso lo hace con la misma solvencia un tocadiscos o un moderno reproductor digital. En cuanto a la pintura, ya que lo propone en este número nuestra revista Kane 3, puedo asegurar que hemos narrado la tumultuosa vida de Van Gogh, como el cine hizo con la película de Minnelli, El loco del pelo rojo, en cuyos títulos de crédito aparece como guionista, ¡quién lo iba a decir!, el mismísimo Norman Corwin. Vidas de pintores con aristas dramáticas aprovechables, como hizo el filme Pollock, de Ed Harris, han servido para espacios radiofónicos memorables. No hablemos de los clásicos: Miguel Ángel, Leonardo, Goya, han sido personajes protagonistas en series y dramas radiofónicos. Y la ficción también cuenta: aunque no puedo recordar nombres ni títulos, tengo en la memoria una historia con personaje pintor, extravagante y loco genial que, para entendernos, guardaba cierto paralelismo con aquel otro pintor cinematográfico, interpretado por Alec Guiness en la película Un genio anda suelto.

Y, sin embargo, todo lo anterior no avala que estemos ante un hecho artístico. ¿Qué es entonces lo que puede conferir a la radio la categoría de arte? La clave está en las posibilidades expresivas del lenguaje radiofónico. La radio es un medio de expresión, como la definió Antonio Calderón, el más grande de cuantos se han preocupado por estudiar la naturaleza del medio. Hubo una época en que fue evidente, y no necesitaba explicación, el poder de creación de la radio, un potente instrumento para construir ambientes, historias, personajes, para disparar sentimientos o poner en marcha el mecanismo de la razón. Tal y como hace la literatura, la música, la pintura, es cierto, pero sin ser una de esas artes. Sin colores, sin imágenes, sin letra impresa, sin partitura, utilizando un lenguaje propio y exclusivo: el lenguaje radiofónico. El producto no es un cuadro, un libro, una función teatral, un concierto. El resultado es, por el contrario, una serie de imágenes tan reales como intangibles y fugaces creadas en la mente de los oyentes a través de estímulos que se expanden mediante impulsos radioeléctricos.

La radio es el arte que sugiere imágenes en la mente del receptor, del oyente, dice otra definición. Imágenes en la mente, imaginación. Creación pura, sin soporte visible. Invisible. Es curioso: la mayoría de la gente, incluso los no estudiosos del asunto, identifican el medio con la imaginación. ¿Arte? Seguro que algunas de sus manifestaciones deben ser consideradas como tal.

Pollock (Ed Harris, 2000)
Pollock (Ed Harris, 2000)

Hubo un tiempo en que la necesidad de crear sonidos llevó directamente a la elaboración de artilugios (palabra que lleva arte en su interior) y cachivaches para expresar las más variadas sensaciones. El rumor del mar, el batir de las olas contra los acantilados, el viento en calma, la tormenta, el trueno, el latigazo del rayo, el fuego, el ímpetu de un combate a espada, el deslizamiento de la cuchilla en la guillotina, la lluvia, un disparo, el galope de un caballo, pasos, el chirrido de una puerta, el tétrico cerrojazo de una mazmorra, el girar de las aspas de un helicóptero, el motor de un automóvil, todos los ruidos imaginables surgían de artefactos (de nuevo arte) construidos y manejados por auténticos artistas de los efectos especiales, también llamados ruideros en nuestro argot. Con la decadencia de los dramáticos y la utilización de efectos grabados en disco, se fue destruyendo esta capacidad creativa.

Hubo un tiempo en que la necesidad de crear sonidos, ruido y música se ordenaron en textos llamados guiones que, es preciso repetirlo, nada tienen que ver con la literatura. Textos surgidos del caletre de un autor que además incorporaban diálogos y descripciones, palabras, para que, con las más variadas entonaciones, fueran dichas por actores que atesoraban técnicas de interpretación propias, distintas a otras, apoyadas únicamente en la voz pasada por el micrófono y lanzada al aire por otros mecanismos. Y con la voz viajan las ideas, las sensaciones, los sentimientos, las historias. ¿Arte? Yo tengo la firme impresión de haber participado en alguna de estas acciones que se merecían tal nombre. Arte de masas, por otra parte. Como el cine. Porque es cierto: si a otra manifestación artística se parece la radio es al cine, donde la cámara funciona como un micrófono (una y otro son mediadores entre lo que se cuenta y un público invisible) donde las posibilidades expresivas están plasmadas en un guión previo y donde, finalmente, todo se concluye en una sala de montaje. Guión y montaje, dos elementos imprescindibles de creación comunes a ambos medios.

Hubo un tiempo en que pasaba todo eso. ¿Y qué ocurre ahora? La radio es un ser mutante y se adapta y se transforma con el paso de los días y da paso a nuevas exigencias. La radio información de hoy parece distinta pero no lo es en esencia. Cierto que ya no es necesario poner el acento en los aspectos artísticos tan cuidados en mi época y lo más probable es que sea ocioso hablar de ellos si de un espacio informativo se trata, sobre todo si está realizado con descuido. Pero aún hoy, en algún raro momento, he sentido la emoción que desprenden las obras de arte. Seguramente ha sido un reportaje que he adivinado bien estructurado en un guión, con sonidos y voces recogidos esta vez de la realidad, no de la imaginación, y contando con una intensidad que he reconocido inmediatamente. No puedo saber si los que hacen estas actuales maravillas conocen el truco. Yo se lo diré: están utilizando el mismo lenguaje que utilizábamos nosotros, el que ha permanecido, el que está en la naturaleza, en los genes de la radio. El lenguaje radiofónico. ¿Será eso arte?

Artículo publicado en el número 8 de KANE 3 (mayo 2006) / Sección: Historias de la radio

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