Por Juana Ginzo

La radio es un medio de expresión. Como el cine. Decía Antonio Calderón que lo más parecido a la radio es el cine. Y Orson Welles afirmaba que la radio está mucho más cerca del cine que del teatro. Las coincidencias entre el español y el estadounidense no terminan aquí. Los dos destacaron la importancia del guión como síntesis de lenguajes propios y exclusivos (el lenguaje radiofónico en un caso, el lenguaje cinematográfico en otro) y en él deben confluir todos los elementos que reflejan las capacidades expresivas de ambos medios. El guión es la radio, remachaba Calderón. Y el montaje. Guión y montaje son las columnas que sostienen una buena película y un buen dramático radiofónico.
Y existen elementos técnicos que, aunque distintos, cumplen la misma función. Imprescindibles son, por razones evidentes, la cámara y el micrófono. Sustituyen al público, indispensable en el teatro, y recogen las palabras, las ideas, sentimientos y emociones que los actores extraen de un texto y trasladan a una audiencia sin rostro y, muy a menudo, masiva. En el cine completan la acción la imagen captada por la lente de la cámara y el sonido impreso en la banda sonora. En la radio es la imaginación del oyente la que pone en pie personajes y escenarios con la ayuda de los datos que le llegan a partir de la vibración que un electroimán provoca en un diafragma antes de convertirse en transmisión eléctrica y sonora. Eso es lo que ocurre en el interior de la carcasa metálica de este prodigio técnico: el micrófono.
Y no solo eso. El gran Orson Welles, grande en el cine (Ciudadano Kane, Sed de Mal) y en la radio (La Guerra de los Mundos), confesaba al director cinematográfico Peter Bogdanovich, con el que conversó para el libro Ciudadano Welles, que con el micrófono como con la cámara, se puede elegir el lugar de emplazamiento y no quedarse quieto en la oscuridad. Hay que moverse de un lado a otro, cambiar los ángulos -dice. El primero que movió la cámara fue el pionero D.W. Griffith. Y el primero que en España movió el micrófono fue el genial Antonio Calderón (Pasos, Viajes y Narraciones), el más grande creador de su generación: lo acercó y alejó de los actores conduciéndolo con la mano para producir planos de sonido, hizo travellings con él, lo sacó del estudio, lo colocó en pasillos, en exteriores, en lugares insospechados, en el hueco de un ascensor, allí donde le convenía, buscando siempre el ángulo nuevo del que hablaba Welles, un efecto, una sonoridad tan difícil de obtener en aquella radio primitiva lejana aún de las emisiones digitales e informatizadas de hoy.
En la radio como en el cine, la expresión caracteriza al medio. Antes y ahora. Se cuente una historia de ficción o se ofrezcan datos que expliquen la realidad más inmediata. Primos hermanos.
25/07/07
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