Federico Jiménez Losantos: "El hombre propone y Dios dispone... y en la COPE, más" - radio | Kane 3

Federico Jiménez Losantos: "El hombre propone y Dios dispone... y en la COPE, más"

Entre dirigir y presentar La Mañana de la Cadena COPE, las colaboraciones con Libertad Digital y El Mundo, la puesta en marcha de Libertad Digital Televisión, escribir libros propios y presentar libros ajenos, conseguir un hueco en la agenda de Federico Jiménez Losantos es una tarea difícil. Pero merece la pena, para poder hablar con él de todas estas actividades y comentar algunos aspectos de la actualidad social y política española.

Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer.

—Cuando, en cualquier conversación pillada al vuelo en la calle, oímos hablar de Federico sin más, sabemos no están hablando de García Lorca, de Chueca ni de ningún otro Federico que no sea Jiménez Losantos (Teruel, 1951) ¿Qué se siente siendo Federico de España?

—Es un peñazo bastante insoportable: sólo hay una cosa peor que tener muchos enemigos, que es tener muchos fans. Pero bueno, cuando estás en los medios, si te va bien ése es el precio que hay que pagar, tampoco nos vamos a quejar.

—¿Y el hecho de que "lo que dice Federico va a misa", cómo pesa en la responsabilidad profesional que se siente ante el micrófono?

—Esto yo lo tomo con mucha distancia, porque lo que está clarísimo es que nadie es imprescindible; antes que yo, ocuparon este micrófono gente de la talla de Antonio Herrero y Luis Herrero, y el día que no esté yo, a otro escucharán igual que a mí.

—Federico Jiménez Losantos está en su quinta temporada al frente de La mañana de COPE, el magazine matinal que va de seis de la mañana a doce del mediodía ¿Cómo ha cambiado el programa a lo largo de estos cinco años?

—Cuando lo dejó Luis Herrero y entré yo, Cadena COPE estaba en una situación delicada por un receso en la audiencia y, lógicamente, en la publicidad; así que lo primero que hicimos, para revitalizar esa franja horaria -que es la fundamental en cualquier radio-, fue aplicar un tratamiento de choque e introducir muchas novedades; tantas, que el segundo año hubo que cambiar algunas de ellas. Pero ya por entonces, lo principal, que era invertir la tendencia de la audiencia y de la contratación publicitaria, estaba conseguido; logrado eso, lo demás fue bastante sencillo.

—Es de suponer que dejar La Linterna, un programa muy asentado y en pleno éxito con el que comienza la noche en la COPE, para pasar a La Mañana no fue fácil, porque se corría el riesgo de hacer caer la audiencia nocturna -que de hecho cayó- al perder a su presentador de tantos años, y no conseguir hacer remontar la audiencia matinal.

—Pues sí, y eso que yo sigo sin creer en las mediciones de audiencia del Estudio General de Medios, que me parece una basura, aunque me den incremento de oyentes, porque sé que la medición está mal hecha... y ellos también. Pero bueno, el caso es que sí, fue un momento crítico con todos estos cambios y costó poner en marcha la idea que yo tenía: una Linterna que fuese al unísono con La Mañana y que, entre ambas, hiciesen de locomotora de la programación, y que a través de los informativos, se diese cohesión al resto de los vagones de ese tren en el que se ha convertido la COPE y que es, ahora mismo, un tren imparable.

—Dicho así, parece que la línea editorial de la emisora -que es impecablemente homogénea- viene pautada por estos dos programas.

—No, no: la línea editorial de la casa, la línea COPE, es la que marca la Sección de Programas Socio-Religiosos de la emisora. Luego, cada programa tiene su propio ámbito y cada director es responsable de su programa y de sus horas de contenido mientras siga teniendo contrato. Pero esta manera de funcionar, basada en la independencia responsable está en marcha en esta emisora desde que yo llegué en 1992, siempre ha sido así.

"La línea informativa de COPE es mucho más honesta que la de aquellos que editorializan subliminalmente, de aquellos que sólo dan información, pero que la sesgan, que sólo dan noticias, pero no todas las noticias"

—¿Como está La Mañana actualmente?

—Pues francamente bien; casi el único problema es que muramos de éxito, como dijo una vez Felipe González (de las pocas cosas inteligentes que dijo en 13 años). No tengo queja ninguna, al contrario. Si acaso, pesan las excesivas expectativas que despierta el programa: los oyentes esperan demasiado de lo que simplemente es un programa de radio, igual que esperan demasiado de la COPE, que es simplemente una cadena radiofónica; pero para mucha gente se ha convertido en algo más, en el clavo ardiendo al que se agarran para ver que se defienden muchos de sus valores, de su forma de entender la vida, lo que es bueno y lo que es malo. Pero no es nuevo, ya pasó en la Transición: hay momentos en la vida de un país en que a los medios de comunicación, al fallar otras instituciones, les toca desempeñar un papel que, en principio, no les corresponde, pero que tienen la obligación moral de desarrollar por respeto al ciudadano.

—A propósito de los informativos como enganche de la programación de COPE ¿qué opina de la progresiva editorialización de la información en la emisora, que es algo que se le critica mucho a la cadena?

—No es exactamente editorialización. Podríamos decir, incluso, que en informativos, COPE es más completa, porque no sólo da información, sino también opinión. Igual que en los periódicos: hay una página de información parlamentaria y, a su lado, una columna de opinión política; hay una página de información cultural, y otra de crítica de espectáculos... De hecho, la línea informativa de COPE es mucho más honesta que la de aquellos que editorializan subliminalmente, de aquellos que sólo dan información, pero que la sesgan, que sólo dan noticias, pero no todas las noticias.

—¿Qué destacaría, entonces, de los informativos de COPE, que dirige Ignacio Villa?

—Pues que tienen una línea coherente con una determinada visión de la vida, con la que se puede estar o no de acuerdo, pero que es manifiesta, clara, palpable. Transparente, ésta es la palabra clave; es una palabra fundamental en cualquier democracia, imprescindible. En Estados Unidos todo el mundo sabe a qué partido apoyan o con cuál se identifican los grandes diarios y las grandes cadenas audiovisuales, y a ninguno se le critica esto como se hace aquí con la COPE; a contrario, se ve natural y se defiende, porque ahí es donde se ve la pluralidad y la libertad de una sociedad en democracia.

—¿Y aquello que nos enseñaban en la Facultad de Periodismo de que "la información a un lado y la opinión a otro"?

—Una de tantas bobadas que nadie se ha creído nunca, de las muchas que se dicen en la Facultad por parte de profesores que nunca han conseguido tener una columna de opinión en ningún periódico. En la sociedad actual hay un despiste informativo total y no es por falta de información, sino de opinión; porque hay dos maneras de desinformar: dando poca información y dando demasiada. Lo que se necesita es una opinión que encauce esa información y, de hecho, lo que diferencia a una dictadura de una democracia no es que haya o no haya información, es que en una dictadura no se tolera la opinión.

—Su particular estilo de hacer radio ha hecho de Federico Jiménez Losantos uno de los comunicadores más parodiados y criticados en programas de entretenimiento ¿Cómo lo lleva?

—Ah, no, no: ni los veo ni los oigo; no quiero saber nada. Porque me conozco y, si me entero, contesto... ¡que es lo que ellos quieren! Así que yo ni veo la televisión, ni oigo la radio ni leo los periódicos cuando hablan de mí.

"Después de que me echaran de ABC yo ya estaba viendo que, a los de la corriente crítica, Aznar iba a conseguir que nos echaran de todas partes; así que, aunque fuese en internet, tuvimos que crear un refugio para poder expresarnos"

—Pero, además de su participación en la programación de COPE, Jiménez Losantos es socio fundador de dos medios más; uno ya consolidado en su sector -Libertad Digital, periódico en Internet- y otro recién nacido: Libertad Digital Televisión. ¿Estamos ante un posible Imperio Federico en el mundo multimedia?

—No, no; yo no soy el dueño de la empresa, ni mucho menos; de Libertad Digital, por ejemplo, sólo tengo el 10% o algo así. Ojalá tuviera mucho más, pero no me llega el dinero más que para lo que hay.

—Centrémonos en el periódico digital.

—Estoy muy contento de haber creado de la nada un auténtico diario digital. Después de que me echaran de ABC yo ya estaba viendo que, a los de la corriente crítica, Aznar iba a conseguir que nos echaran de todas partes; así que, aunque fuese en internet, tuvimos que crear un refugio para poder expresarnos. Y dio la casualidad de que coincidimos con toda una generación que estaba hasta las narices de nacionalismo y de socialismo por un lado, y de intervencionismo por otro -por parte de la derecha-; y se produjo un fenómeno que yo jamás hubiera sospechado: el éxito total de Libertad Digital.

—¿Y cómo saltó Libertad Digital a la televisión?

—A partir del accionariado del periódico, hicimos una ampliación de capital en la que, en un principio y con suerte, pensábamos llegar a los dos o tres millones de euros, como mucho. Pero fue tal la demanda de inversión, que nos plantamos en los seis, y así pudimos concurrir a los concursos de licencias de televisión digital con un proyecto económicamente sólido. Ahora tenemos concesiones en Madrid, Valencia y Murcia. Además, hemos empezado en octubre a emitir a través de Ono Televisión -que nos permite llegar a dos millones de personas-, tenemos un acuerdo con una red de televisiones locales de capitales andaluzas -que llega a cuatro millones de personas- y el 1 de noviembre entramos en Imagenio, que supone un millón de personas más.

—¿Cual es su impresión sobre Libertad Digital Televisión?

—Pues ha sido otra sorpresa muy grata. Que ha sido posible, además del mérito de Javier Rubio -el jefe de personal- y de Dieter Brandau -el de informativos-, gracias al esfuerzo de todo el personal técnico, que ha hecho un canal con hechuras de televisión nacional cuando el presupuesto es de televisión local. Pero vamos, que mis impresiones sobre Libertad Digital son más las de un lector y espectador que las de un partícipe del proyecto: ni mandé en el periódico ni mando en la televisión.

—Pero en realidad sí es partícipe. Por ejemplo, en la televisión puede vérsele todos los martes en el informativo de noche que dirige Dieter Brandau y tuvo un programa semanal, La hora de Federico, que fue su primera experiencia en este medio. ¿Ha sido difícil cogerle el punto a la cámara?

—Todo en esta vida es cuestión de ponerse. Tampoco antes de hacer La Linterna había dirigido nunca un programa de radio. Así que no, no es difícil, sobre todo si tienes un buen equipo que te respalde, y yo lo tengo.

—La programación del canal da la impresión de no ser demasiado variada, de estar fundamentalmente centrada en la información y en el análisis político y social.

—Sí. Las televisiones generalistas tienen una audiencia menguante: en el futuro, la audiencia se va a fragmentar aún más, los canales van a ir a buscar un nicho determinado de audiencia que le permita un mantenimiento publicitario. No se puede intentar tocar todos los palos, porque siempre va a haber uno o más en la competencia especializados en cada palo que lo van a hacer mejor que tú. Nosotros conocemos y tratamos con un público de determinadas características con el que hemos conectado a través de la radio, que nos ha seguido en internet y que sabemos que nos responderá en televisión.

"En la sociedad actual hay un despiste informativo total y no es por falta de información, sino de opinión; porque hay dos maneras de desinformar: dando poca información y dando demasiada"

—¿Es, entonces, un proyecto viable y con futuro?

—Mejor futuro tendría si las grandes cadenas que actualmente emiten en analógico no estuviesen presionando para que el Gobierno retrase el apagón analógico, porque los que ya están en el negocio no quieren de ninguna manera perder el chollo. Así que presumimos que el primer par de años será malo, pero como el producto es bueno y hay una audiencia muy clara y muy fiel, resistiremos. Tenemos, además, anunciantes convencidos; el único problema es que no se arredren ante las amenazas del Gobierno. Porque, claro, entre los déspotas del PSOE y los déspotas nacionalistas se lo ponen difícil.

—¿Y cómo puede hacer presión el Gobierno sobre los anunciantes?

—Hay infinidad de métodos; pero el más sencillo es... diciéndoselo. Así, directamente.

—Pero si Federico Jiménez Losantos está últimamente de actualidad no es tanto por todas estas cuestiones profesionales, sino por sus críticas al Rey Juan Carlos I.

—Yo llevo ya bastante tiempo criticando al Rey. Lo que pasa que ha coincidido que, para tapar la campaña abiertamente separatista de los nacionalistas catalanes aliados de Zapatero, han revivo desde el Gobierno lo que supuestamente es una campaña paralela. Pero no lo es en absoluto: yo llevo diciendo las mismas cosas sobre el Rey desde hace lo menos tres años e, incluso, está publicado en mi último libro.

—¿Y qué pasa con la Monarquía?

—Que el Rey tiene muy malas compañías y muy malas costumbres. Sus malas compañías están algunas de ellas en la cárcel todavía. Lo que no es normal es que los amigos del Rey -al que la revista Forbes atribuye la novena fortuna de España- hayan pasado todos por la cárcel: Prado y Colón de Carvajal, Javier de la Rosa, Mario Conde y otros amigos de Su Majestad. Y, además, están los Albertos, que no han entrado en la cárcel, cuando deberían haber entrado, porque son amigos del Rey. Eso, en cuanto a las amistades; pero también tiene malas costumbres, como la de pensar que puede echar a la gente de los medios de comunicación.

—¿Por ejemplo?

—Pues a mí mismo. Pero ahí se ha confundido lamentablemente: se ha equivocado de iglesia, de radio y de siglo.

—O sea, que ni en la Iglesia católica, ni en la COPE, ni en el siglo XXI, puede un rey con Federico, aunque lo intente...

—Yo esto ya lo contaba en el libro, que el peor enemigo que yo he tenido para poner en marcha mis nuevos proyectos en la COPE ha sido La Zarzuela. Con un tío como Alberto Aza al frente de la Casa Real, es imposible que La Zarzuela se comporte adecuadamente. Lo de pasar de Sabino Fernández Campo -incluso de Almansa- a éste es como pasar de la luz a las tinieblas, es una calamidad.

Del rey abajo, ninguno se salva, en la vida política española, de la piqueta crítica de Jiménez Losantos, sea del partido que sea. La oposición moderada de Mariano Rajoy ha sido habitualmente su blanco, pero ¿qué valoraría positivamente de su labor, porque algo habrá...?

—Hombre, ha conseguido algo que yo he considerado que era fundamental desde el 14-M, después de tres días infames de manipulación mediática totalitaria: mantener unido al PP. Y lo ha hecho aferrándose a la idea de España; porque si hay algo que una al centro-derecha en este país, católicos y no católicos, conservadores y liberales, es la idea de España. Esto, y la posición siempre firme contra el pacto de Zapatero con ETA, son dos cosas que podríamos destacar de esta legislatura.

—Aunque, a lo largo de su carrera, las críticas más enconadas han ido dirigidas al hombre más poderoso de los medios en este país: el recientemente fallecido de Polanco ¿Cómo ve España sin Polanco?

—La veo mejor, pero ha quedado casi como dicen en el Tenorio: "Imposible la habéis dejado / para vos y para mí".

—¿Va a haber guerra mediática entre el Grupo Prisa y los nuevos amigos de Zapatero (Público, La Sexta, etc)?

—Ah, por supuesto, porque si hay algo más fuerte que el sectarismo es la codicia.

"Yo llevo diciendo las mismas cosas sobre el Rey desde hace lo menos tres años e, incluso, está publicado en mi último libro"

—¿Y el Imperio Polanco se desmembrará?

—Yo creo que sí. Es inevitable, porque abarca demasiadas cosas: no se puede estar metido en justicia, en economía, en política... y, además, ganar dinero. Yo creo que lo lógico es que eso se parta, se reparta y entre en un periodo de caos.

—La radio, la televisión, el periódico de internet, colaboraciones con otros medios, algún que otro libro... ¿queda tiempo para dormir?

—Poco, poco. Pero cuando acepté dirigir La Mañana ya sabía en dónde me metía: seis horas, empezando prácticamente de madrugada y muy fuerte, cualquiera puede imaginarse que es un reto muy duro. Pero más que en lo anímico, que ahí me sentía fuerte y dispuesto, en lo físico; lo realmente difícil de estas maratones de trabajo -que encima hay que hacer con campañas en contra que te salen todos los días- es que el cuerpo aguante. Pero, si la salud funciona, no hay problema; todo es cuestión de ponerse a ello. Y si no funciona, pues nada: se deja y ya está; a ver, más no se puede hacer.

—La última novedad en la vida profesional de Federico Jiménez Losantos sobre su etapa en Barcelona, que aparecerá próximamente.

—Pues sí, está ya terminado y aparecerá enseguida; lo edita Temas de Hoy, pero no me dejan que diga todavía el título. Y surgió de un modo curioso, porque lo que la editorial quería era reeditar mi primer libro, Lo que queda de España (1979); pero ha pasado tanto tiempo que había que revisarlo y actualizarlo. Y conforme iba revisando, me di cuenta de que estaba saliendo un libro nuevo centrado en la Barcelona de los años 70, una época estupenda. Y el libro va a quedar, precisamente, muy de época, con muchas fotos y muy bien.

—¿Hay más planes profesionales para el futuro?

—No tengo ni la más remota idea. En el mundo de los medios no se pueden hacer planes de futuro. Taxativamente te lo digo. Ya he vivido que la persona que yo consideraba absolutamente invulnerable, casi inmortal, que era Antonio Herrero, se nos murió de la noche a la mañana. De manera que no hago planes; si acaso, de un año para otro, y ya es demasiado. El año que viene, en marzo, serán las elecciones generales y episcopales, en junio termina mi contrato anual en la COPE; y, dependiendo de cuál sea el resultado en las elecciones generales y episcopales, seguiremos o no seguiremos. Así que... para qué vamos a hacer planes si el hombre propone y Dios dispone... y en la COPE, más.

18/10/2007

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