Iker Jiménez es el director y presentador de Milenio 3, en la madrugada de sábados y domingos en la Cadena Ser, y de Cuarto Milenio en Cuatro los domingos por la noche. Dos programas en dos medios distintos con un denominador en común: el misterio, lo oculto. Hemos querido evitar en nuestra conversación los tópicos del género: las caras de Bélmez, el magisterio de Jiménez del Oso o los ovnis. Iker es un profesional de la radio desde hace muchos años y con él hablamos sobre la manera de comunicar el misterio a través de las ondas.
Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer

―Iker Jiménez Elizari (Vitoria, 1973) hizo su primer despliegue periodístico a los 10 años: salió grabadora en mano a entrevistar a los testigos de un suceso extraño cerca de su ciudad... ¿Ya antes había tenido interés por el periodismo o por el mundo de lo oculto?
―Pues resulta que en el colegio, con ocho o nueve años, yo confeccionaba pequeños periódicos, algo que había olvidado por completo. Hace poco mi madre los recuperó milagrosamente y, al volverlos a leer, cuál no sería mi sorpresa al ver que ya incluía algunas noticias de ovnis, de crímenes, de cosas que se salían de lo normal. Así que un germen anterior sí había.
―¿Cómo se consolidó esta afición?
―La sensación de hablar con gente que creía haber visto algo excepcional era algo tan emocionante, tan fuerte, que no sólo seguí haciéndolo siempre que pude, sino que empecé a tener la convicción, la fe, de que era a eso a lo que yo me iba a dedicar.

―¿ Esa emoción sigue existiendo o se pierde con el tiempo?
―Claro que sigue existiendo: ése es el auténtico motor. Te aseguro que nada, nada se puede comparar a esa sensación que tienes cuando una llamada a deshoras te avisa, por ejemplo, de que en un pueblo de Extremadura "ha pasado algo". La sensación que vives en esos momentos en que vas en tu coche con el cuaderno y la grabadora camino de lo desconocido... ¡Es una sensación impagable! Al final, lo que realmente importa es la ilusión, la vocación y la fe en conseguir tus propios sueños. Es entonces cuando eres capaz de tirar adelante a pesar de todo y de hacer sacrificios. La clave es sentir la misma emoción que yo sentía a los 10 años cuando iba en la bicicleta a entrevistar a los primeros testigos; seguir teniendo un auténtico apego a lo desconocido, a lo excitante; seguir sintiendo la magia de contar y transmitir algo. Cuando dejes de sentir esto y lo que importe sea el dato de audiencia... que también importa... pero como esté por encima, en mi opinión, estás muerto.
―Ése es, entonces, el secreto de haber perseverado en un camino de aprendizaje bastante largo que la gente no conoce... Porque parece que Iker Jiménez ha llegado al momento de éxito que actualmente vive, así, de sopetón.
―Anda que no ha habido aprendizaje. He llegado a pasar por 11 emisoras de barrio, de colegios, emisoras piratas y municipales. Y es que en ellas vives experiencias que te hacen aprender aunque no quieras. Fíjate, una estaba en los subterráneos de la UVA de Hortaleza, cerca de un descampado en el que por entonces todavía había droga. Y, además, a la emisora propiamente dicha había que acceder levantando una trampilla de chapa del suelo del local.
"Lo que realmente importa es la ilusión, la vocación y la fe en conseguir tus propios sueños. Es entonces cuando eres capaz de tirar adelante a pesar de todo y de hacer sacrificios"
―¡Pero es posible!
―Como lo cuento; y claro, entre una cosa y otra, a ese programa era imposible de todo punto llevar invitados. Así que te veías obligado a mover todo tipo de resortes radiofónicos para darle vida: testimonios grabados, narraciones, música, mucha ambientación... Y así aprendía a la fuerza. Y aprendía en cada sitio en que caía: Radio Enlace, Onda Verde, RKR, Onda Mini... han sido muchas.

―Y en todas con lo misterioso por bandera...
―Pues no en todas; incluso en alguna estaba mal visto ese tema. Así que llegué a hacer en una emisora hasta un informativo de toros porque era lo único que quedaba libre en la programación: y allá que me iba yo, a Las Ventas, a ver la corrida y a hacer la crónica. Porque, en definitiva, no soy ni ufólogo, ni parapsicólogo; yo soy, por encima de todo, periodista.
―Investigar el misterio es acabar con él. ¿Es por eso que Iker Jiménez se complace en presentarnos gran cantidad de ellos sin ofrecer conclusiones, ni siquiera opiniones?
―Lo que la gente realmente agradece es que le acerques a campos diferentes e interesantes... y luego ya que cada cual saque sus conclusiones. Yo desconfío mucho de los maestros que están en posesión de la verdad. En Milenio 3 y Cuarto Milenio, no tenemos ninguna verdad irrefutable: sólo somos un grupo de curiosos. Pero nos interesan temas que conseguimos que interesen a muchos más.
―Eso es ser más divulgador que investigador.
―Pues sí, pero es que para eso están los medios: para divulgar; y, cuando estoy en la radio o en la tele es justo eso lo que tengo que hacer. Eso no quiere decir que sea lo único que hago: ahí están todos los libros que tengo publicados, sobre asuntos diversos: de la ufología a El Bosco. De hecho, la investigación es lo que más me gusta, pero también es lo que más tiempo requiere y ahora, con dos programas en antena, me resulta imposible. Una de las críticas a las que más me tengo que enfrentar, sobre todo por parte de los entendidos, es que soy muy divulgador y poco investigador, insinuando incluso que ambos términos sean excluyentes. La erudición está muy bien para grupos específicos, pero los medios se dirigen al mayor número posible de personas y tienen que atrapar. La radio y la televisión tienen que ser fascinación y aventura, tienen que ser un paréntesis en la vida bastante tensa que llevamos hoy: que alguien que nunca haya viajado a Egipto conozca sus rincones más misteriosos contigo, que viaje en el tiempo para saber algo más sobre los templarios, que se sienta detective investigando a tu lado. Eso requiere, si hablamos de radio, más que datos de investigación, todo un despliegue de medios estrictamente radiofónicos: ambientación, música, dramatizaciones.

―Pero eso puede convertirse en una coartada para aligerar contenidos.
―Sí, pero lo contrario puede convertirse también en una coartada para hacer mala radio. Y ahora se hace mucha. Y yo la haría si, para hablar de cualquier tema, me trajese a un especialista y le estuviese entrevistando durante toda la hora a palo seco: cuántos datos, cuánta investigación, cuánto rigor científico; y cómo me felicitarían por la profundidad del programa los que ahora me critican; y, sobre todo, qué fácil sería para mí y para el equipo. Pero yo creo que eso es, literalmente, una castaña.
―¿Cómo elaborar entonces un programa que tenga el resultado de audiencia que tiene Milenio 3?
―Pues trabajándolo. Aunque el programa es en directo y no dura más de dos horas, nos pasamos el doble de tiempo preparando sólo la presentación de los contenidos: grabando insertos, fragmentos de películas, sonidos de ambientación. La producción, los temas, los invitados, ése es trabajo hecho durante la semana; aquí, en el estudio y durante todas esas horas, lo que hacemos, y lo hacemos en equipo, es convertir todo eso en radio.
―Alguna vez le habrán criticado que, con tanto atrezzo, resulta demasiado espectacular o sensacionalista.
―Un término, este de sensacionalista, que a mí nunca me ha parecido del todo peyorativo; si sensacionalista es el que genera, el que despierta sensaciones —y la radio, para eso, es un medio único— entonces hay que serlo. Si los que estamos en los medios no somos capaces de generar sensaciones, mal asunto. Conviven en mí el investigador, que puede pasarse tres años siguiendo un tema, recopilando datos y entrevistando testigos, con el comunicador, que tiene muy claro que esa investigación tiene que estar elaborada con muchas más cosas para conseguir un programa digno del medio que te difunde y de la gente que te escucha.

―¿Cómo ha sido el paso a la televisión con Cuarto Milenio en Cuatro?
―Yo ya había hecho televisión en Tele 5, Antena 3 y TVE, pero siempre como colaborador. Y previamente había rechazado ofertas de participar en programas en los que se trataba el mundo del misterio y las fuerzas ocultas como una feria lamentable, insultando la inteligencia del espectador. Montar Cuarto Milenio ha sido complejo, pero ha tenido buen resultado; de hecho, y a pesar de emitirse los domingos por la noche —que no es, a priori, la mejor hora de la semana—, tiene la mayor audiencia del canal.
―El programa parece seguir las líneas maestras de Milenio 3.
―Sí, y me gustaría, aunque esto a los que hacen televisión les parezca una herejía, acercarlo más aún a la manera de la radio. Me gustaría conseguir, con los recursos propios del medio, que es mucho más frío, la ambientación envolvente y sugerente que tenemos en la radio. Acabamos de terminar la grabación de los 13 primeros programas y para la siguiente serie, que ya está comprometida, quiero investigar más la posibilidad de seguir siendo yo -sin guiones, sin autocue— delante de las cámaras igual que lo soy delante de los micrófonos.
Entrevista publicada en el número 6 de KANE 3 (marzo 2006)
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