A punto de finalizar su contrato como director de Radio Nacional, Pedro Piqueras nos ofrece un panorama general de sus dos años de gestión profesional al frente de la emisora pública. Un camino que, como periodista convencido, ha querido recorrer lo más alejado posible de las influencias políticas que marcaron etapas anteriores.
Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer

-Aunque más conocido como presentador televisivo, Pedro María Piqueras Gómez (Albacete, 1955) comenzó su andadura profesional en la radio de la que ahora es director: Radio Nacional de España (RNE).
-Pues sí, pero antes que la radio estuvo la prensa, que es algo con lo que se me relaciona aun menos. Empecé en mi provincia natal, en diarios como Pueblo y La voz de Albacete; también trabajé en varias revistas hoy borradas por el olvido. Y después entré de prácticas aquí, en Radio Nacional, en lo que entonces se llamaba "servicio para el exterior" y que hoy es Radio Exterior de España. Desde entonces, siempre he estado bastante vinculado a los informativos: aquí dirigí los informativos de fin de semana, 24 horas e Informativo 2. Pero sí, mis comienzos están en la radio y soy consciente de que ese inicio en Radio Nacional marcó toda mi vida profesional.
-Hasta llegar al momento presente ¿Cómo surgió el regreso a RNE?
-El encargo me llegó a Antena 3 ―donde estaba haciendo La respuesta, por la mañana y el programa semanal Siete días, siete noches― y fue un encargo muy concreto: hacerme cargo de la dirección para desgubernamentalizar la radio, para volver a hacer una radio pública equilibrada y veraz. Ese proyecto realmente me encantó y puse una excedencia de dos años en Antena 3 porque pensé que era el tiempo justo para realizar esa labor.
-¿Y lo ha logrado?
-Yo creo que, desde hace meses, RNE está fuera de la polémica de acercamiento a un lado u otro del espectro político. Hoy día, cuando se habla de polarización política, de RNE no se habla y eso es un orgullo para los que trabajamos en esta casa. Y, es más, pienso que esta es una situación que va a ser definitiva, sin marcha atrás.
-Pero ¿porque realmente no esta polarizada o porque hay otras que lo están mucho más?
-No, creo que realmente no lo está, afortunadamente; basta con escuchar las tertulias, por ejemplo, o los informativos. Hoy por hoy, en RNE tiene cabida cualquier idea o mensaje siempre que esté expresado con respeto hacia las ideas o mensajes de los demás.

"Los periodistas de RNE son profesionales con un gran sentido de lo que es el servicio público y ellos han sido los primeros interesados en informar de un modo equilibrado y veraz"
-Un proceso de desgubernamentalización parece que debe pasar por la elaboración de listas negras, tanto de temas como de personas ¿Ha sido así en este caso?
-No, en absoluto; en este caso, el proceso ha sido realmente sencillo: no ha habido que hacer listas negras. Al principio, cuando las tertulias de actualidad se suspendieron temporalmente, se me acusó de estar preparando purgas de este tipo... hasta que se dio vía libre a la nueva programación: entonces los directores de los programas con tertulia pusieron en marcha las suyas en total libertad. Yo sólo marqué una línea: que cada una tuviese el mayor número posible de contertulios, para conseguir mayor y mejor pluralidad. En nuestras tertulias participan miembros de toda la prensa nacional y hay una buena representación de la autonómica. Y ése es el modo de hacer una buena desgubernamentalización en el campo de la opinión, que es el que más se resiente de cualquier tipo de cambios.
-¿Y en el de la información?
-Fue aún más fácil: Bastó con poner en práctica lo que los propios profesionales estaban ya pidiendo desde dentro. Los periodistas de RNE son profesionales con un gran sentido de lo que es el servicio público y ellos han sido los primeros interesados en informar de un modo equilibrado y veraz.
-¿Y las presiones políticas?
-No ha habido, ni por parte del Gobierno ni, todo hay que decirlo, por parte de la oposición: no hemos tenido críticas políticas a los cambios que hemos hecho, lo cual creo que es bastante significativo. No tengo queja por ninguna parte.
-¿Y si a este proceso de desgubernamentalización hubiera de seguirle, por los designios que fueran, uno de gubernamentalización en otra dirección?
-Yo jamás me embarcaría en algo así, ni con un partido ni con otro. No soy, en absoluto, un gestor político, ni siquiera soy un buen diplomático; soy periodista ante todo y no tengo la más mínima intención de adoptar colores políticos de ningún signo. También por eso firmé por tan sólo dos años: el tiempo justo de llevar a cabo la reforma de la radio sin apoltronarme en un cargo que pudiera convertirse en político. Para mí, haber sido director de RNE ha sido un reto profesional, no un grado del escalafón.
-La televisión, que es una de sus grandes pasiones, sigue presente en su actividad, conduciendo el debate semanal Enfoque en Televisión Española.
-Sí, es un programa que ha funcionado mejor de lo que se esperaba. Tampoco es que sea un programa de culto pero ha acabado confirmándose como un debate serio y muy plural. Creo que, gracias al excelente plantel de invitados que tenemos cada semana, el equipo ha conseguido su objetivo con Enfoque: que al final de la hora de programa la gente tenga la sensación de que se le han ofrecido todas las ideas posibles acerca de un problema determinado.
-Da la impresión de que Enfoque también le viene bien para no desaparecer de la pantalla televisiva.
-Tú lo has dicho: "también"; no sólo, pero también. Cuando acepté ser director de RNE tuve bien claro que iba a ser para realizar una tarea concreta durante un periodo muy limitado, ése que ya está tocando a su fin... y también tuve muy claro que, después, yo tendría que continuar ganándome la vida como siempre: con el periodismo activo. Yo sé que, después de dos años de no aparecer en televisión, la gente se olvida de uno; es duro, pero es así. Por eso no he querido perder la imagen mediática que me ha costado prácticamente toda mi carrera conseguir: Es algo que hay que conservar. Pero también está la necesidad de seguir en contacto con el periodismo activo más allá de la dirección de un medio, que es algo demasiado genérico, más de despacho que de redacción. En definitiva, no he querido dejar de aparecen en televisión porque no he querido dejar de ser profesional en el más estricto sentido de la palabra: activo en la profesión.

-En RNE se conserva bastante la división clásica entre informativos y programas ¿Ha sido Pedro Piqueras un director más de informativos que de programas?
-Yo procuro ser un director integrado. Y para eso tengo dos grandes virtudes que me capacitan totalmente: Javier Arenas, director de informativos y Pedro Meyer, de programas. Son excelentes profesionales, muy veteranos, que me hacen muy fácil el trabajo de coordinar y fusionar ambas áreas; blanco, que es lo que, en última instancia, debe hacer un director.
-Pero usted es un hombre más de informativos...
-Sí y eso es lo que ha hecho que, precisamente, le dedique más tiempo y más atención a los programas. Eran algo más desconocido para mí y he tenido que aprender más. Casi todos los cambios de parrilla que hice al entrar en esta radio fueron en el área de programas.
-¿Cuáles fueron esos cambios y con qué criterios se hicieron?
-El primer criterio fue el de recuperar información: resucitamos ese tren informativo tan característico de Radio 1 que era la terna de informativos España a las seis, España a las siete y España a las ocho, que estaban insertos en el magazine matinal Buenos días. Las tardes se las confiamos a Olga Viza, que ha sabido darle en este tiempo un tono realmente personal ―y es que, a mí, Olga me ha gustado siempre en radio, más aún que en televisión― y, por las noches, decidimos eliminar los deportes.
-Decisión contra corriente ¿por qué se tomó?
-Precisamente por eso: a partir de las 12 todas las emisoras generalistas tienen deportes, sin apenas excepciones. Como radio pública que es, creímos que RNE tenía la obligación de ofrecer una alternativa a un panorama tan homogeneizado. Así surgió El ombligo de la luna, un magazine nocturno, muy abierto a temas que en las emisiones diurnas no se tratan: de la literatura al crimen, pasando por el sexo, el ocultismo o la misma música.
-Pero RNE no es una emisora, sino seis: además de Radio 1, están Radio Exterior, Radio 4 (en catalán), Radio 5 (Todo noticias) y las dos emisoras musicales: Radio Clásica y Radio 3. Éstas últimas se quejan desde hace años de estar a la cola de unos presupuestos que no les llegan.
-Ni les llegarán, desgraciadamente. Es así; no podemos obviar el hecho de que tenemos un solo presupuesto para esas seis emisoras y ni estirando al máximo llegamos a cubrirlas a todas. Pero en absoluto han sido descuidadas, ni yo he querido dar la impresión de "pasar" de ellas; de hecho, yo siempre he estado interesado por la música e incluso me dediqué a ella durante un tiempo y en estos dos años, he estado siempre al tanto de todo lo que se ha hecho en las emisoras musicales, que ―presupuestos aparte― siempre han sido muy independientes.

-En Radio 5, una de las emisiones más apreciadas de RNE, se produjeron en su día algunos cambios polémicos.
-Incorporamos al hilo informativo varios debates sobre temas sociales ―a las 11 de la noche― que se han ido convirtiendo en uno de los elementos más característicos y más premiados de la programación de Radio 5. Así, uno de ellos, Entiendas o no entiendas está dedicado al mundo gay, Tolerancia cero al asunto de los malos tratos, La tierra prometida sobre inmigración, Jóvenes punto com sobre juventud... Es decir: los grandes temas de la sociedad en estos últimos años que han encontrado su espacio propio en una emisión que, ahora, es algo más que un flujo de información.
-Sin embargo, estos debates han sido criticados como concesiones a determinados lobbies sociales.
-Ésta es una crítica que se ha hecho hace relativamente poco sobre el Entiendas o no entiendas, acusando a este espacio de ser parte de una cruzada pro gay del Gobierno a raíz de la aprobación de la ley de matrimonios homosexuales; llegó incluso a decirse que había sido una petición directa del Gobierno. Y, sin embargo, el programa nació mucho antes de que se pensara en poner en marcha la ley, con lo cual queda bien claro que son críticas sin mayor fundamento. Éste, como otros espacios de RNE recientemente surgidos, se puso en marcha para llenar huecos en la oferta radiofónica española y de modo experimental. Ha tenido, como otros, éxito y, después del éxito, ha tenido también críticas y acusaciones de ser "concesiones". Si hubieran pasado sin pena ni gloria a nadie se le hubiera ocurrido hacer tales críticas. En cualquier caso, han sido muy escasas, al menos, en comparación con la aceptación que ha tenido este tipo de programas.
-Queda poco tiempo para que finalice su contrato como director de RNE y ya se sabe que, tras estos dos años de excedencia, va a reincorporarse a Antena 3 Televisión.
-Me encuentro y me he encontrado realmente bien como director de RNE; además, satisfecho de haber cumplido los objetivos marcados en el momento de mi nombramiento. Pero debo admitir que echo de menos el contacto diario con los medios; mi intención es incorporarme de nuevo al periodismo activo, que es donde me siento a gusto. De planes concretos no puedo hablar aún, pero espero emprender una actividad que sirva de contrapeso a estos dos años "directivos".
Entrevista realizada en diciembre de 2005 y publicada en el número 5 de KANE 3 (febrero de 2006)
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