Reyes Monforte lleva una década intentando hacer de la noche radiofónica algo diferente. Entrevistas, tertulias, actualidad; todo lo que integra un magazine normal, también puede funcionar en plena madrugada. De lunes a viernes, lo demuestra en Cinco lunas, el programa de Punto Radio para el horario nocturno más difícil de cubrir: de una y media a cuatro. La radio de madrugada ya no es sólo para noctámbulos, insomnes o seguratas.
Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer

—Reyes Monforte García (1971) siempre ha procurado dar a la noche un ritmo distinto, evitando el típico programa nocturno de llamadas.
—Es un tipo de programa que yo respeto mucho; mi amiga Mara Torres, sin ir más lejos, dirige Hablar por hablar y pienso que el resultado es magnífico. Pero yo no me veo, más que nada porque me aburriría un poco hacerlo, y eso hay que evitarlo a toda costa. Aun así, las llamadas también están presentes en Cinco lunas y todos los días abrimos el programa a los oyentes durante media hora o tres cuartos. Pero no para hablar por hablar, sino para opinar sobre un tema dado, generalmente de actualidad, que proponemos cada día.
—Existe una imagen tópica de la madrugada radiofónica y Cinco lunas no se ajusta a ella en absoluto.
—Sí, ciertamente; no es fácil encontrar en la madrugada un programa en el que haya tertulias y debates. Parece como si la noche sólo fuera para las confidencias, los llantos y los susurros. Y no: La noche es para vivirla; y puede vivirse de muchas maneras. Se puede hablar de política, de temas sociales, de espectáculos; se puede hablar de muchas cosas. Por eso hay dos palabras que yo repito mucho: contenidos y variedad. La audiencia nocturna está creciendo y diversificándose bastante. Hay cadenas consolidadas que superan el medio millón de oyentes, llegando casi al millón, en la madrugada; sin embargo, en determinadas horas de la tarde no llegan a esas cifras ni de lejos.
—Esa ampliación y diversificación de la audiencia de madrugada también contribuye a la ruptura del tópico de la radio nocturna.
—Desde luego; ya no son sólo los insomnes, los depresivos, los opositores, los taxistas o los vigilantes de seguridad los que escuchan la radio a altas horas. Lo sabemos por las llamadas que recibimos, pero también por pura lógica. Nuestros contenidos son amplios y variados, y funcionan magníficamente. Eso significa que no nos escuchan aulladores a la luna... O, al menos, no solamente.
—¿Cuáles son esos contenidos?
—Además de la media hora inicial abierta al público, tenemos casi todos los días una tertulia: De políticos los lunes, de periodistas de investigación los martes, de directores de periódicos los miércoles, de curas los viernes...
—Ésta es una idea cuando menos chocante. ¿Cómo nació la tertulia de curas?
—Es una historia fantástica. Fue una casualidad, nunca mejor dicho, providencial. La cosa surgió cuando falleció Juan Pablo II: Hicimos un programa especial y, en vez de invitar a autores de biografías del Papa o a analistas, se nos ocurrió hacerlo con curas. Trajimos a siete u ocho esa noche y vimos que había cinco que eran un auténtico filón. Así que cuando, a la temporada siguiente nos aumentaron el horario e introdujimos las tertulias, la de curas nos pareció casi obligada. En general, son sacerdotes mayores —el padre Garralda creo que tiene 83 años, aunque es el más joven de espíritu de todo el programa— y esto es magnífico porque, además de la experiencia, ya no les asusta nada, no tienen pelos en la lengua y critican todo lo que haya criticar, incluso a la Iglesia misma si se tercia. Por cierto, que al padre Jony, el párroco rockero, le acaban de dar en Cuba el premio Con dos huevos por cantar el Padre Nuestro en versión rock.

—¿Y el resto de contenidos?
—Tenemos entrevistas en profundidad, con diversos matices, tres días a la semana; una sección amplia de música los jueves; los miércoles, buscamos los testimonios de grupos sociales desfavorecidos, que critican o piden ayuda y que no encuentran nadie que les escuche, en muchas ocasiones. Y los viernes, hacemos también un resumen de la semana con el actor Juan Carlos Naya, que es uno de mis colaboradores más antiguos y un auténtico encanto como persona y como profesional.
—Supongo que lo difícil de realizar estos contenidos es tener que hacerlos en plena noche, sobre todo con tantos y tan destacados invitados como soléis tener. ¿Hay que grabar mucho?
—Un magazine a base de grabados no es un magazine, y nosotros apostamos por una madrugada viva. Aunque algunos piensen que es imposible tener a un ministro en directo a las tres de la madrugada y no lo intenten, nosotros insistimos y lo conseguimos: Carmen Calvo estuvo hace poco con nosotros y, además, encantada. Una entrevista en plena madrugada es algo que nunca había hecho y se encontraba como en un ambiente totalmente distinto del habitual y mucho más dispuesta a relajarse y a hablar. Esto pasa mucho con los invitados: Si conseguimos que vengan, salen encantados.
"No hay radio de día y radio de noche: Hay radio buena y radio mala, el horario es una cuestión adyacente"
—¿Y las tertulias? Porque, por ejemplo, los directores de periódicos, con lo que madrugan...
—Eso es justo lo que menos se puede grabar. Entre el cierre de una edición y las tres de la madrugada pueden pasar muchas cosas —y de hecho, suelen pasar— y no podemos dejar de comentarlas. Esto, por supuesto, lo hacemos en directo. Por eso, a nuestros directores-contertulios los tenemos muy bien amarrados para que no se nos vayan, porque son uno de nuestros mejores privilegios.
—Un contenido que no aparece en el programa es la información rosa, y tampoco ha estado demasiado presente en los programas que Reyes Monforte ha presentado a lo largo de su carrera.
—Es un tipo de información que, en nuestro país, ha alcanzado unos niveles lamentables, en gran medida por el intrusismo. Estoy segura de que los presuntos informadores del corazón no son periodistas prácticamente ninguno. A ver quién se mete —ojo, y no digo que no pueda hacerse— a dar cobertura a temas que, y a mí me ha pasado, sabes positivamente que son falsos.

—Precisamente, por su reciente enlace con una destacada figura del espectáculo, ¿ha tenido que sufrir mucho últimamente a la prensa rosa?
—No, la verdad es que, hasta ahora, no. En cualquier caso, y creo que esto es suficiente para no incluirla hoy por hoy en mi programa, creo que estamos ya totalmente saturados de ella. De hecho, nunca he dejado la radio porque las propuestas que me han hecho para televisión han sido siempre relacionadas con ese campo. Aunque sí que tengo intención de hacer televisión más adelante.
—¿Cuánto tiempo lleva haciendo radio nocturna?
—Llevo justo 10 años, desde 1996; son muchos años... y muchas satisfacciones. Empecé en Onda Cero con País de locos, que era un programa que tenía casi el mismo horario que tengo ahora, aunque era un programa más enfocado al humor, muy fresco, muy simpático, con público en directo: Algo a la vez difícil de hacer y fácil, por lo divertido. Dejó de hacerse hace ya seis años y la gente aún lo recuerda. Después pasé por Radio Zeta —también con País de locos— y por Radio Intercontinental —copresentando Caliente y frío — y, hombre, aunque me gustaría variar de horario, y espero hacerlo, lo cierto es que me encuentro cómoda de madrugada. Yo siempre digo que no hay radio de día y radio de noche: Hay radio buena y radio mala, y el horario es una cuestión adyacente.
—Y tras ese trayecto, ha acabado siendo compañera del profesional en cuyo equipo comenzó su andadura profesional: Luis del Olmo. ¿Ha influido esto en su llegada a Punto Radio?
—Pues puede ser: Luis y yo nos conocemos desde que comencé en su equipo y sé que a él le gusta mi manera de hacer radio; pero también estaba aquí Paco Temprano, que también venía de Onda Cero, y más gente que me conocía. Supongo que cuando en una emisora se tienen referencias directas de ti, es más fácil que acaben contando contigo. En cualquier caso, lo que sí tengo que decir de Luis del Olmo es que haber empezado con él, cuando tenía sólo 22 años, es algo que me ha marcado: Ese llegar a las seis de la mañana a la redacción con toda la energía del mundo, como si fuera el primer día; ese "Buenos días, España: les habla Luis del Olmo" con que comenzaba cada programa, el saber capear los imprevistos, el encajar con total soltura las noticias de última hora, el saber tirar de los invitados cuando empiezan a responder con monosílabos... Cada programa con él es una clase de cómo hacer radio viva, que es lo que, en definitiva, nos interesa a todos los que estamos en esta profesión.
Entrevista publicada en el número 11 de KANE 3 (septiembre - octubre, 2006).
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