Quiz shows, game shows, dating shows, reality shows... las denominaciones anglosajonas para concurso son tan numerosas como las múltiples posibilidades que ofrece este formato. Los concursos forman parte de la historia de la televisión desde sus inicios. Algunos de ellos han llegado hasta nuestros días después de décadas de emisión. Otros son el resultado de muchos años de evolución televisiva y de las demandas de una audiencia que ha crecido con el televisor y está deseosa de consumir nuevos formatos.
Por Patricia Puentes

El concurso es uno de los géneros televisivos por excelencia, pese a todo lo que le debe a la radio. Su presencia en televisión se remonta a los inicios de la historia del medio audiovisual: hacia 1946 las principales cadenas estadounidenses empezaron a emitir con cierta regularidad. Ello supuso la necesidad de nuevos contenidos y la adaptación de concursos radiofónicos al formato televisivo. Algunos de ellos, como Information Please, primaron la figura de los expertos. Los espectadores llamaban desde casa para hacerles preguntas, el premio que conseguían era mayor si los expertos desconocían la respuesta.
Pero enseguida empezó a utilizarse a los espectadores como concursantes interrogados. Fue el caso de los tempranos Break the Bank, Winner Take All o You Bet your Life. Este último con el mismísimo Groucho Marx de presentador. Colocaron al ciudadano corriente en el lugar de protagonista televisivo por uno o varios días. Y es que ésta fue y sigue siendo una de las principales bazas del género. Además, los concursos de entonces eran programas de producción barata, reparto reducido y decorados sencillos. Un género rápido de producir y muy rentable, características que se han conservado hasta nuestros días.

En 1955 un productor de la CBS, junto al patrocinio de la marca de cosméticos Revlon, hizo posible la puesta en marcha de un nuevo concepto televisivo. The $64.000 Question era un quiz show - programa basado en preguntas y respuestas - con decorado sofisticado y preguntas difíciles. El programa valoraba los conocimientos académicos y la alta cultura ofreciendo premios muy suculentos a los concursantes suficientemente preparados. A raíz de su enorme éxito - 47 millones de espectadores en la décima semana de emisión - los quiz shows se sucedieron. Fue el caso, entre otros, de The Big Surprise y Twenty-One. Este último, también patrocinado por una marca comercial, consiguió un éxito abrumador. Los concursantes de Twenty-one respondían desde el interior de una cabina. Para acentuar la tensión se cortaba el aire acondicionado antes de que lo hicieran. Los espectadores desde sus casas veían primerísimos planos de sus ídolos televisivos sudando antes de dar la respuesta correcta.
Charles Van Doren fue uno de estos ídolos. Los increíbles conocimientos mostrados en Twenty-one, así como su carisma personal, le consiguieron un espacio en el magazine de la NBC Today, donde leía poesía. El auge de los quiz show y de sus concursantes más populares llevó a una revalorización absoluta de la cultura que lamentablemente quedó olvidada ante el llamado escándalo quiz show. Robert Redford lo retrata, tomándose alguna licencia completamente justificada, en su filme homónimo de 1994. En él muestra cómo se desata todo un escándalo a raíz del chivatazo de uno de los concursantes de Twenty-one que debía perder en favor de Van Doren. Se demostró además que algunos jugadores de Twenty-one o The $64.000 Question habían sido entrenados para actuar delante de la cámara y habían recibido las respuestas a preguntas que les harían posteriormente.

El escándalo supuso un terrible golpe y una decepción para la audiencia estadounidense. Las cadenas y los grandes productores televisivos se vieron obligados a reformular sus propuestas de contenidos audiovisuales. El término quiz show quedó completamente denostado. A partir de entonces los concursos pasaron a llamarse game shows, un término que hasta el momento sólo se había utilizado para aquellos espacios que incluían pruebas físicas en su guión, apuestas, o preguntas genéricas. Uno de los ejemplos de game shows que también acusó la crisis provocada por el escándalo fue The Price is Right (El precio justo). El programa vio su presupuesto recortado y se simplificó el nivel de sus preguntas. Pese a esto, acabó siendo un referente para la creación de concursos en décadas posteriores.
Jeopardy, que empezó a emitirse en 1964, fue el único programa significativo que se desarrolló en la década que sucedió al escándalo. Reintrodujo el concepto de conocimiento académico en un contexto serio y con decorado lujoso, pero los premios que ofrecía eran bastante moderados. Jeopardy tenía la particularidad de dar la respuesta a los concursantes, ellos debían formular la pregunta correcta. El juego integraba a los espectadores y les daba tiempo para resolver los enigmas desde casa. El concurso tuvo un éxito enorme y en los inicios de la década de los setenta el género se revitalizó. La televisión se llenó de concursos, esta vez en color y con decorados chillones.

Una fecha que precisamente coincide con la emisión española del mítico Un, dos, tres... responda otra vez. Los espectadores americanos vieron también por primera vez The Wheel of Fortune (La ruleta de la fortuna), considerado el concurso más exitoso de la historia de la televisión. Se vivieron los años dorados del game show. Y el público no dejó de soñar con ellos. Seguramente, eso sí, no tan obsesivamente como lo hace la Sara Goldfarb de Requiem for a Dream, una adicta a la televisión que se empeña enfermizamente en perder peso para su aparición en un concurso de la tele. Toda una metáfora de lo que alguno de estos espacios pueden llegar a significar para un ciudadano corriente.
También entonces irrumpieron en antena los dating shows - donde los premios no son sólo de carácter monetario y los concursantes pueden volver a casa con pareja nueva -. The Dating Game, que se emitió por primera vez en 1965, propuso la clásica fórmula de mujer soltera que puede escoger entre tres hombres y viceversa. Lamentablemente un género tan temprano y que ha sido tan explotado como éste, no vio su primera versión gay hasta prácticamente 40 años después de su creación. En 2003 la cadena británica ITV emitió Boy Meets Boy, en el que un chico debía encontrar pareja entre 15 chicos más. La gracia del tema es que 7 de ellos eran heterosexuales y podían ganar mucho dinero si eran escogidos.

En la década de los noventa surgen programas de gran presupuesto: American Gladiators se gravó, en sus primeras temporadas, en los Universal Studios de Hollywood. En él, dos hombres y dos mujeres se emparejaban para competir contra los gladiadores del programa en una serie de pruebas. Planteado a modo de olimpiada televisiva, es uno de los ejemplos más significativos de game show físico. Podríamos decir que después de estos concursos físicos hay un retorno sofisticado a los inicios: Who wants to be a Millionaire (50x15) o The Weakest Link (El rival más débil) marcan el renacimiento de los quiz shows, medio siglo después de su aparición y pone de nuevo grandes sumas de dinero al alcance de cualquiera que sepa dar suficientes respuestas correctas.
Desde The Wheel of Fortune hasta Who wants to be a Millionaire, muchos formatos han llegado prácticamente intactos hasta nuestros días. El know how se ha vendido en el mercado internacional a decenas de países. Un mismo decorado, unas mismas normas de juego, incluso una misma sintonía ayudan a vestir la adaptación de un producto que los espectadores no podrán evitar ver como autóctono.

Si Estados Unidos ha sido durante años el gran creativo y vendedor de formatos audiovisuales, ahora debemos tener también muy en cuenta la industria europea. La productora holandesa Endemol hizo en 1999 la primera edición de su popular Big Brother (Gran Hermano). Este programa concurso basa su atractivo en la convivencia vigilada por cámaras, durante 100 días, de un grupo de adultos desconocidos. Ha sabido combinar a partes iguales: innovación y provocación. Desde entonces ha sido vendido y reformulado en casi 70 países: Holanda buscó mujeres embarazadas dispuestas a dar a luz delante de las cámaras; Arabia Saudí vio como la primera edición asiática del programa era suspendida por indecencia; los griegos hicieron un Big Mother donde los concursantes debían convivir, además de con los otros concursantes, con sus propias madres. Casi todo está permitido en Big Brother¸ para conseguir enganchar a los espectadores en el quehacer diario de "los habitantes de la casa".
El mismo concepto de reality show -programa de entretenimiento que contiene elementos de realidad - fue aplicado incluso antes por la productora nórdica Strix, que en 1997 produjo para Suecia Expedition Robinson (Supervivientes). Esta metáfora televisiva de Robinson Crusoe traslada a 16 concursantes a un entorno natural donde deben convivir y sobrevivir.

Los dos formatos han conseguido dar la vuelta al mundo y triunfar prácticamente en todas partes. Además de provocar una secuencia interminable de spin-offs y marcar un antes y un después en la historia de la televisión. Los reality shows llenan las parrillas televisivas, donde pueden consumirse directa o indirectamente, en esa forma de retroalimentación televisiva que hace que unos programas se llenen de contenidos gracias a otros.
Operación triunfo ha sido una de las grandes aportaciones españolas al género de los concursos. Ideado por la productora Gestmusic, este reality show se basa en la formación de un grupo de amateurs que quieren convertirse en músicos profesionales, para ello cuentan con el asesoramiento y la instrucción de expertos. Operación triunfo es tal vez uno de los programas de nueva hornada que mejor muestra la evolución que han sufrido los concursos: empezaron centrándose en figuras conocidas que respondían todas las preguntas; rindieron homenaje a la cultura con aquellos semi-dioses de los quiz show que todo lo sabían; y echaron mano de los ciudadanos corrientes con los game shows; los reallity shows han servido para demostrar que, precisamente, un ciudadano corriente puede convertirse en una estrella.
Artículo publicado en el número 4 de KANE 3 (enero 2006)
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